Un Cacho de Cultura: El Gran Pas de Deux de Don Quijote

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

El año sería aproximadamente el año de 1984, tal vez; cuando en Salta se presentaban los mejores momentos de la música y el ballet. En el antiguo Cine Victoria, se puso en escena “Don Quijote”, una historia de amor con sabor español. Vestuario, música, danza, y una respuesta del público que obligó a reponer la obra tres veces.

En el fragmento que ponemos hoy a consideración de Don Quijote, no hay en el escenario un hidalgo melancólico sino fiesta, vértigo y una España soñada que baila mejor de lo que vive.

Con música de Ludwig Minkus, la obra pertenece a esa rara categoría donde el amor no se explica: se exhibe. No hay psicología, no hay conflicto, no hay duda. Hay, en cambio, una celebración. Una afirmación casi insolente de la alegría.

El grand pas de deux -esa forma perfecta del ballet clásico- funciona aquí como una arquitectura del deseo. Primero, la presentación: los cuerpos se reconocen, se miden, se anuncian. Luego, la variación: cada uno despliega su arsenal, como si amar fuera también una forma de competir. Y finalmente, la coda: ese vértigo donde la técnica se vuelve espectáculo y el espectáculo, una especie de vértigo compartido.

Pero lo interesante no está sólo en la destreza -que es prodigiosa- y que es una de representaciones más excelsas que me ha tocado ver,  sino en el tono. A diferencia de otras grandes historias del ballet, aquí no hay tragedia acechando detrás del telón. No hay muerte, ni engaño, ni sacrificio. Kitri y Basilio no aman a pesar del mundo: aman dentro de él, casi burlándose de él.

Ella gira como si el suelo no terminara de convencerla. Él salta como si la gravedad fuera apenas una sugerencia.

Y en ese juego -que parece liviano pero exige una precisión despiadada- se cifra una idea antigua: el amor como exhibición pública, como ceremonia, como desafío físico incluso. Amar no es aquí un estado del alma, sino una coreografía que hay que sostener sin titubeos.

Tal vez por eso este pas de deux sigue fascinando. Porque en tiempos donde el amor se vuelve líquido, provisional, casi administrativo, esta danza propone lo contrario: una intensidad sin matices, una alegría sin ironía, una entrega sin cláusulas.

Es, en definitiva, un pequeño escándalo estético. Porque mientras el mundo duda, calcula y posterga

ellos bailan. Y los cuadros que veremos resultan conmovedores. –

© – Ernesto Bisceglia

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