POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Cuando uno, en la noche, repasa aquellas piezas inmortales que invitan al advenimiento del descanso, no por repetidas, dejan de provocar siempre sensaciones renovadas. Es el caso de “Nessun dorma”, de la ópera Turandot, de Giacomo Puccini. Porque más allá de la belleza de la música subyace una idea potente: ¡”Vinceró”! – ¡Venceré!
Esa composición tiene algo insolente; empieza en la intimidad y termina en una afirmación gigantesca de la voluntad humana.
Hay mañanas en las que uno necesita que alguien le recuerde que todavía puede vencer. No importa contra qué. Para algunos contra el miedo, otros contra la tristeza. Contra el cansancio o contra esa pequeña derrota que uno lleva escondida cuando sale de casa.
En 1926, Giacomo Puccini dejó inconclusa Turandot. Pero antes había escrito una de las páginas más extraordinarias de la historia de la ópera. Pero en el final de “Nessun dorma” expresó esa idea de que todo es posible de superar: ¡Venceré!
Existe, en cierta forma una relación con nuestra presentación de ayer, porque “Va, pensiero” de Verdi, dice: “Recuerdo lo que perdí.” Y hoy “Nessun dorma” responde: “Todavía puedo vencer.”
Y hay algo todavía mejor: Nessun dorma no es simplemente una pieza “épica”. Es una obra sobre la esperanza convertida en voluntad. Calaf no sabe cómo resolverá el enigma, pero sabe que lo resolverá. Y cuando llega:
No es solamente triunfo. Es afirmación de la voluntad frente a lo incierto.
La música tiene la posibilidad de que, durante tres minutos, alguien nos preste una certeza que nosotros todavía no tenemos. Hoy, Puccini nos presta la suya: “Vinceró”
