Un Cacho de Cultura: Domingo Faustino Sarmiento, el prócer que promovió la ópera

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

Aunque les produzca urticaria a los “progres” y a los indigenistas, que poco y nada saben de nuestra historia, Sarmiento fue uno de los espíritus más lúcidos del siglo XIX, diría -y es mi opinión particular-, después y a distancia de Manuel Belgrano, claro está. Leer a Sarmiento (lo cual no significa compartir todo), provoca una verdadera fruición; el manejo de la prosa y los recursos del lenguaje son inigualables.

Si poco se sabe de nuestra historia, menos todavía se conoce de las aficiones culturales -musicales, en particular- de nuestros próceres.

Bien dijo, Carlos Pellegrini, que en ese momento era vicepresidente de la Nación y recibió los restos de Sarmiento para su entierro en Buenos Aires y pronunció en la ceremonia un elogio en el que describió al maestro y estadista, diciendo: “Se va cerebro más poderoso que haya producido América”.

A Domingo Faustino Sarmiento se lo discute siempre por lo mismo: por su lengua filosa, por su fe casi religiosa en la educación, por su obsesión con la civilización y su alergia a la barbarie. Lo que nunca se discute -porque no entra en la bajada ideológica ni en el manual escolar- es que era un fanático de la ópera, en particular de la ópera italiana y entre sus autores favoritos estaban, Giacomo Rossini, Gaetano Donizetti y Gioachino Bellini.

En cartas y crónicas elogia la ópera italiana como signo de civilización. Para él, la ópera era pedagogía emocional: el pueblo educado no sólo lee, también escucha. Sarmiento creía que un país sin música era un país a medio hacer.

 La Ópera como política pública

Sarmiento no fue músico profesional, pero entendía la música como un lenguaje de orden, sensibilidad y pedagogía. En sus viajes por Europa y América observó con atención algo que hoy parece herético decir: los pueblos que escuchaban música compleja pensaban de modo complejo.

La ópera —especialmente la italiana del siglo XIX— no era para él un lujo aristocrático, sino una escuela emocional. Melodía, disciplina, escucha, silencio, expectativa. Todo lo que una república joven necesitaba aprender.

Tal vez esto incomode a más de uno, pero vale decirlo: Sarmiento no hubiera militado la chabacanería, ni el facilismo cultural, ni el desprecio por la excelencia bajo la excusa de lo “popular”.  Mientras algunos reducen a Sarmiento a una estatua polémica, convendría recordarlo sentado, escuchando ópera, convencido de que sin educación estética no hay república posible.

Donizetti: melodía contra la barbarie

Entre los compositores que Sarmiento menciona con admiración aparece Gaetano Donizetti, uno de los grandes del bel canto. ¿Por qué Donizetti y no otro? Porque Donizetti logra algo que Sarmiento valoraba profundamente: hacer popular lo sofisticado. Melodías claras, emoción directa, estructura rigurosa.

No hay registro de una “obra favorita” confesada por Sarmiento —no era hombre de intimidades—, pero el clima cultural que elige es inequívoco.

“L’elisir d’amore” (1832) – Donizetti

Proponemos para hoy, esta ópera de Donizetti “L’elisir d’amore”; aparentemente liviana, casi cómica, que en realidad habla de: educación sentimental, deseo de ascenso social, engaño, ilusión y mérito. ¿No suena extrañamente actual?

De esa obra, extraemos el aria “Una furtiva lágrima”, donde la emoción surge no del grito sino del matiz. Exactamente lo contrario de la cultura del alarido.

© -Ernesto Bisceglia

Para quienes deseen disfrutar de esta ópera, ofrecemos a continuación la versión completa.

Ernesto Bisceglia es periodista, escritor y docente. Autor de una extensa obra ensayística y narrativa sobre historia argentina, política, religión y cultura cívica, con más de treinta libros y ensayos escritos con premios nacionales e internacionales. Columnista en diversos medios y conferencista, desarrolla una mirada crítica e histórica sobre el poder, la democracia y la identidad argentina. Dirige www.ernestobisceglia.com.