Un Cacho de Cultura: Amor, mafia y tradición, la melodía más triste de El Padrino

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

Bien dicen que hay cosas que son para siempre. La novela de Mario Puzo -”El Padrino”-, es eterna, como lo es su música que será siempre única porque parece romántica, pero en realidad es una elegía mafiosa.

Nada más pisar el suelo de «La Sicilia» y los acordes de Rota le asaltan a uno la cabeza y lo acompañan mientras recorre las callejuelas estrechas y retorcidas de Palermo bajo el sol del Mediterráneo.

El compositor de la banda musical, Nino Rota (1911–1979), verdaderamente concibió la nostalgia del cine. Fue uno de los músicos italianos más refinados del siglo XX. No era un simple compositor de bandas sonoras: era un hombre de formación clásica, con oído de conservatorio y alma de callejón napolitano.

Rota escribió música para más de 150 películas, y fue colaborador habitual de Federico Fellini, para quien creó universos sonoros cargados de ironía, melancolía y extrañeza. Su talento consistía en lo más difícil: hacer que una melodía parezca eterna, como si siempre hubiese existido. Con El Padrino (1972), Rota logró lo impensable: convertir la mafia en música sin glorificarla. Y eso es arte mayor.

Un amor triste, un amor condenado

El famoso Love Theme de El Padrino no es exactamente una canción de amor: es una canción de destino. Su melodía tiene una belleza inmediata, casi dulce, pero está construida sobre una tristeza profunda, como si el amor fuera un lujo imposible. Es el tipo de música que no celebra: recuerda. No enamora: llora.

Porque en El Padrino, el amor no es libertad. El amor es herencia. Es apellido. Es familia. Es mandato. Y finalmente, también es tragedia.

La trompeta -que suena como un lamento antiguo-  anuncia felicidad: anuncia que todo vínculo está atravesado por la sangre, la deuda y la obediencia. Incluso cuando alguien besa, lo hace bajo la sombra de un padre, de una tradición, de una amenaza.

Es una música que parece decir: “te amo, pero ya estamos perdidos”. Esta última imagen es patéticamente real en el final de El Padrino III, el desenlace trágico de un amor prohibido por la familia.

Y ahí está la genialidad: Rota compuso un tema que podría sonar en una boda italiana, en una fiesta de barrio o en un atardecer romántico… pero en cuanto uno lo escucha bien, descubre que esa belleza está envenenada por la fatalidad.

Por eso es tan inolvidable: porque no habla del amor como promesa, sino como condena.

© – Ernesto Bisceglia