Turistas francesas: Ahora, ¿Quién le paga el gallo a Esculapio?

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

En los últimos tiempos se han vuelto a levantar de sus tumbas las dos jóvenes asesinadas vilmente que la historia trágica reciente reconoce como “El crimen de las turistas francesas”. El delito, cometido de manera infame, cobarde, es una brasa que arde al rescoldo de una sociedad que no tiene demasiada preocupación porque el asunto se resuelva.

Los avatares diarios, lógicamente, superan a la atención necesaria para tener presente tantos desmanes que se cometen a diario; pero el problema más grave, de fondo, a esta altura no es ni siquiera el mismo crimen (como el de las chicas del barrio San Carlos, María Cash, Jimena Salas); lo que subyace es que la Justicia se ha levantado la venda de un ojo para cuidar que la verdad no aparezca. De otra manera no se comprende que a 14 años, todavía no haya verdaderamente justicia.

Uno piensa que en los países civilizados en días los investigadores ya tienen las pistas que conducen a los autores del crimen. Lo que ocurre en Salta -salvando las distancias- ya se parece al asesinato de John F. Kennedy, donde Oswald podría ser el Clemente Vera de Salta: “¡El fue!”, y ya está.

Pero resultó que Vera no fue… ¿Entonces… quién fue? O Quiénes fueron… La justicia de Salta ya se parece al juego del Gran Bonete: ¿Yo señor? ¡No señor! Pero certezas, verdades, justicia en definitiva, nada.

Sócrates y el gallo a Esculapio

Cuenta la historia que el filósofo Sócrates fue condenado a morir bebiendo cicuta (evitando detenernos en los porqué de tal sentencia), y momentos antes de que el veneno hiciera su efecto, Sócrates, dirigiéndose a su discípulo Critón, le dijo: “Le debemos un gallo a Esculapio, no olvides pagarlo”.

Ironía o mensaje de Sócrates quien según la creencia de los griegos de aquel entonces no debían pasar al más allá con deuda alguna. O bien, fino humorismo para burlarse de la Ciudad que había violado su valor más importante: la Justicia.

En Salta, como se comprueba, sí se puede pasar al Más Allá debiéndole cuentas a la Justicia. Y hasta incluso pareciera que con alguna bendición eclesiástica…

Sin ingresar en la disquisición erudita sobre formulaciones propias de una filosofía del Derecho, digamos que la Justicia para los griegos representaba la Virtud, que se identificaba con la Ciudad –la Dyké-, a la cual se oponía “Hybris”, que representaba el orgullo, la soberbia, el ultraje, la violencia y una serie de adjetivos más. En las tragedias se menciona que “sólo los malhechores pueden afirmarse en ella” (Hybris); es decir en una acción contraria al derecho, a “Diké”, que es el cumplimiento de la Justicia.

El crimen de las turistas francesas abarcó mucho más allá del hecho en sí mismo, significó una lesión en el tejido social de Salta el cual se suturó mal y de forma inexplicable. El juicio llevó a un culpable a la cárcel que asumió una parte del delito pero negó el homicidio, aunque fue condenado por esto también.

No se trata de justipreciar la conducta de los magistrados intervinientes, tampoco del proceso, sino de meditar en que “algo” pareciera no haber quedado debidamente cerrado.

Algún elemento no encajó plenamente como para dejar en la conciencia de toda la ciudadanía la sensación (por lo menos eso) de que la Justicia -“Diké”- se cumplió plenamente, sino que pareciera que su adversaria –“Hybris”- podría haber obrado en el asunto.

Como Sócrates, el ciudadano debe aceptar los fallos de la Justicia aunque estos quizás fueren injustos, de lo contrario el sistema entrará en tela de juicio y el resultado final será el descreimiento en la Justicia, que es lo peor que le puede ocurrir a una sociedad.

Sin embargo, queda la sensación de que esta vez, en Salta, a Esculapio no le van a pagar el gallo.-