POR ERNESTO BISCEGLIA. – En la fecha, iniciamos este tránsito por las estepas del librepensamiento, en el intento de trazar surcos donde germinen ideas que favorezcan el desarrollo de la democracia y fortalezcan a la Instituciones de la República.
Sea este, entonces, un espacio para la más alta convivencia en el disenso. Una pizarra donde se escriban los trazos más firmes que expongan las ideas que requiere la hora y se manifieste en toda su verdad aquel axioma de Voltaire: “Disiento con Usted, pero daría la vida porque siguiera hablando”.
Este paso hacia un espacio propio de opinión, es también un acto de denuncia. Porque decimos del hartazgo de un “periodismo” que se ha puesto techo en el nivel del cotilleo de conventillo. Ya no se hallan columnas de opinión que formen opinión pública, sino baratas operaciones para descalificar al contrario. No siendo suficiente el “escrache” fascista, se ahonda en la calumnia, agravada por el ocultamiento del rostro del actuante en el más infame anonimato.
Todos hemos fallado en esto. El “periodismo”, que rentado de uno y otro lado ha caído en el sicariato dialéctico. Los hombres de la justicia que ante la posible notitia criminis, nada han actuado. Los legisladores que han contemplado con indiferencia cómo se agraviaba al Primer Magistrado, a las autoridades legislativas y a no pocos pares, se han mantenido en la abstención. Por fin, hemos fallado nosotros, los ciudadanos, que hemos abonado esas miserables prácticas con el solaz del romano que contemplaba desde las graderías del Coliseo cómo se asesinaban, allá abajo, los gladiadores.
Porque diremos inspirados en George Washington, cuando dijo que “La Constitución no debe respetarse porque sea buena o mala, sino porque es la Constitución”. Con el gobernador, con los legisladores, con los concejales, debe pensarse lo mismo. Deben respetarse porque han sido elegidos por el pueblo.
Claro, pues, mientras estos mismos no deshonren su cargo prometiendo puñetes a sus pares, prácticas de ortodoncia “in situ”, actos de alcoholismo público bochornosos, o incluso, la participación de asalto en banda, estafas, abusos sexuales, complicidad en el narcotráfico, y otras cuestiones en las que algunos han incurrido.
Esto último nos señala que transitamos el pico más alto de la decadencia en todo sentido. Donde la excelencia ha sido eliminada, donde la política ya no es la actividad de los mejores sino de los oportunistas. La política ha dejado de ser aquella actividad altruista que buscaba el Bien Común, para convertirse en una salida laboral-empresarial rápida. El pobre ya no es el objeto del político, sino que dejar de ser pobre es el objetivo.
La política, la sociedad, se construyen desde la palabra. Luego, pensamos en este espacio como una tribuna de aporte y no de lapidación. Para eso están casi todas las publicaciones existentes.
No existe la libertad de expresión absoluta. El límite es la calumnia, el oprobio de avanzar sobre la intimidad y la familia; y sobre todo, el anonimato. Denunciamos a todas estas como prácticas deleznables.
Sea pues, este espacio, aquello que dijera el Maestro de Nazaret: “Ite et docere”.-