Confieso: Soy un delincuente…

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

RESUMEN: La columna analiza la deriva autoritaria y el discurso de confrontación binaria de Javier Milei, quien transforma la discrepancia política en una «cruzada moral» contra enemigos imaginarios. Así, denunciamos la estigmatización sistemática del periodismo crítico, tildado por el oficialismo como una actividad delictiva. Ante este escenario, la nota reivindica el oficio como un acto de resistencia: si incomodar al poder es un crimen, el periodista asume con dignidad esa etiqueta de «delincuente» antes que optar por el silencio o el aplauso servil.

Nuestra generación, la nació a la política con la democracia hace cuarenta años, desde el Dr. Raúl Alfonsín, no hemos vuelto a tener un presidente decente. Alguien de quien enorgullecernos en los foros internacionales; capaz, solvente, con liderazgo intelectual y político. La curva de la decadencia política es sostenida y sin solución. De pronto, una ilusión nos llevó a pensar que ese “outsider”, un poco loco y desprolijo, algo exaltado, podía encontrarle en algo la vuelta a un pais que se disolvía literalmente en manos del kirchnerismo. Y lo votamos.

Pero la ilusión duró muy poco. A poco de andar, este Javier Milei, comenzó a demostrar -y a proyectar, diría la psicología-, todos sus traumas internos como hipérbole y dramatización constante, llamando a los opositores “casta”, “parásitos”, “exterminar”, lo que configura un escenario de conflicto absoluto. No hay adversarios: hay enemigos. Este tipo de discurso simplifica la realidad en términos binarios que se resumen en el famoso “el mejor enemigo, es el enemigo muerto”.

Padece, Milei, -derivado de lo anterior- una personalización extrema del conflicto. El desacuerdo político suele traducirse en descalificación personal. El adversario no es alguien que piensa distinto, sino alguien moralmente inferior o corrupto. Esto refuerza una lógica de confrontación identitaria, propio de una personalidad que no es estable.

Es un fundamentalista que se revela como tal en el uso categorías morales absolutas: bien/mal, libertad/opresión, héroes/villanos. Es un esquema narrativo que lo lleva a convertir a la política en cruzada.

Tiene algo muy estudiado, esto es claro; y es la construcción de esa estética de outsider, con lenguaje disruptivo, agresivo. Viene a dinamitar el sistema, lo dice y lo hace. De esta Nación sólo quedarán ruinas tras el paso de esta gente.

El enemigo es el periodismo

El fin de semana largo de la Pascua, el presidente Milei, lanzó un millar de twits. Todos, contra el periodismo. Traducido, más o menos, son casi veinte horas dedicado a maldecir y denostar a la profesión del periodista. A excepción, claro está, del grupo que la Casa Rosada mantiene y del grupete de “twiteros”, formado por salvajes como el “Gordo Dan” y otros energúmenos que hablan de sacar tanques a la calle y propaladores de aquella famosa frase de Milei: “No odiamos lo suficiente a los periodistas”.

En su último stand up, el presidente Milei, ha señalado que “el 95% de los periodistas son delincuentes”. Que son “plumas pagadas por gobiernos extranjeros” y otros dislates por el estilo.

Tamaña estupidez no amerita mayor análisis, que en todo caso ya está esbozado “ut supra”; pero además, constituye un agravio gratuito a los miles de hombres y mujeres que ejercen este que el Gabo García Márquez, llamó “El oficio más hermoso del mundo”.

Si decir la verdad —o al menos intentarlo— se ha convertido en delito, entonces habrá que asumir la condición con cierta dignidad. Peor sería lo otro: callar, obedecer, aplaudir.

De modo que aquí estamos. Si ejercer el oficio, preguntar, dudar, incomodar al poder y escribir lo que se ve —aunque moleste— es delinquir, entonces no hay mucho más que discutir.

Que tomen nota en la comisaría de la historia:

sí, señor Presidente… soy un delincuente.

© – Ernesto Bisceglia

Ernesto Bisceglia es periodista, escritor y docente. Autor de una extensa obra ensayística y narrativa sobre historia argentina, política, religión y cultura cívica, con más de treinta libros y ensayos con premios nacionales e internacionales. Columnista en diversos medios y conferencista, desarrolla una mirada crítica e histórica sobre el poder, la democracia y la identidad argentina. Dirige www.ernestobisceglia.com.

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