POR ERNESTO BISCEGLIA. – “Vamos a ponerle una bisagra a la historia”: Sólo con la unidad de todos y en un marco de consenso, el proyecto de los salteños será posible.
Todavía nos emocionamos, todavía nos conmovemos cuando escuchamos aquél célebre discurso del Dr. Raúl Alfonsín, de aquel-26 de octubre de 1983, cuando cerró su campaña presidencial. Faltaban cuatro días para recuperar la democracia. Han pasado cuatro décadas y parece que no hemos aprendido nada.
En aquella oportunidad, Alfonsín, pronunció algunas frases que hoy recobran un sentido y una vigencia que no podemos soslayar. Aquellos que hemos creído siempre que la democracia y la pensamos, comprobamos que antes que un sistema de gobierno, la democracia es una escala de valores que promueven la convivencia pacífica, el respeto mutuo y la protección de los derechos individuales y colectivos.
Es un culto laico que nos demanda en esta hora el compromiso de una militancia superadora, que afirme el sistema y convoque a todos los que creemos que el sistema democrático vence al tiempo.
Escuchamos en estos días que hay que “Abrazar las ideas de la libertad”, pero ¿Qué se entiende por libertad? La libertad está en la base de la democracia y abarca tanto la libertad de expresión, de pensamiento y de prensa, así como también la libertad para tomar decisiones personales sin coerción, siempre en el marco del respeto a los derechos ajenos.
Es el ideal común que nos iguala bajo el equilibrio que norma la Constitución Nacional que regula el contrato social, necesario para preservar la paz y el progreso. La democracia es la expresión política de una comunidad organizada, imprescindible para el desarrollo personal y comunitario, porque bien señalaba Aristóteles: “Fuera de la comunidad, sólo viven los dioses y las bestias”.
De lo anterior se desprende la Igualdad, que implica que todas las personas, sin importar su origen, género, religión o posición social, tienen los mismos derechos y oportunidades. Este valor está estrechamente ligado a la idea de justicia y equidad, que juntos se resumen en el concepto superior de “Justicia Social”.
Precisamente, para que esta última se exprese en plenitud -la Justicia-, es necesario reclamarle al sistema judicial que verdaderamente se constituya en el fundamento de una convivencia armoniosa. Una sociedad democrática debe garantizar que todos los ciudadanos tengan acceso a un sistema de justicia imparcial que defienda sus derechos y sancione cualquier tipo de discriminación o abuso. Muy bien lo definía, San Agustín, cuando decía que: «Sin justicia, ¿qué son los reinos sino grandes bandas de ladrones?» (De Civitate Dei, Libro IV, capítulo 4).
De la Justicia devendrán el respeto y la tolerancia. En una democracia, el respeto por los derechos y las opiniones de los demás es esencial. La tolerancia permite la coexistencia de ideas diferentes y la resolución pacífica de conflictos. Estos conceptos son la base del CONSENSO.
El CONSENSO, es lo que permite el PLURALISMO que fortalece a la democracia al reunir toda una diversidad de opiniones, creencias, y culturas, permitiendo que distintos sectores tengan representación y voz. Este valor asegura que el sistema no se vuelva monolítico ni excluyente.
En el marco del CONSENSO y del PLURALISMO, hallamos la SOLIDARIDAD, que se nutre de la reunión de las responsabilidades colectivas. Sólo así es posible construir una sociedad cohesionada que reduzca las desigualdades.
Por fin, la transparencia y la rendición de cuentas, son imprescindibles para que el sistema funcione. La honestidad de los procedimientos en los cargos públicos y el orden administrativo, son obligaciones inherentes al compromiso político.
Pero el valor esencial para fortalecer al sistema democrático surge de la PARTICIPACIÓN CIUDADANA, que significa dejar el metro cuadrado de confort y comprometerse con una militancia cívica a partir del diálogo y la acción social. Sólo así, es posible pensar el municipio, pensar la provincia y pensar el país.
De manera entonces, quienes comulgamos con estos VALORES de la democracia, entendemos que la hora actual nos impone avanzar hacia un encuentro suprapartidario, donde podamos conversar partiendo de las COINCIDENCIAS, que todos tenemos. De diferencias la historia argentina está repleta y esas grietas son las que nos han conducido al actual estado de postración social, política y económica.
Tenemos la obligación moral y cívica de construir una convivencia política en la paz que surge del diálogo sincero. Porque aquí no está en juego quién iza más alto su bandera partidaria, sino cómo entre todos logramos ubicar más alto la Bandera de la provincia de Salta, y al tope, arriba de todas, a nuestra Enseña Nacional.
Antes que la política, debemos ser conscientes de que nos convoca la HISTORIA, nuestra historia común. Nos convoca el ejemplo cívico, político y patriótico que nos legó el General Martín Miguel de Güemes, que convocó a su enemigo, el General José Rondeau a firmar el Pacto de los Cerrillos para evitar una guerra entre hermanos. Y ese gesto, permitió la realización del Congreso de Tucumán donde se echaron las bases de la Independencia.
Entonces, necesitamos reconfigurar a la política, pero será imposible sin un CONSENSO que establezca las prioridades que reclama este momento. Estamos ante la oportunidad histórica de consolidar un liderazgo regional para la provincia de Salta en función del nuevo marco que da la explotación minera. Luego, el fortalecimiento de las producciones regionales, donde Salta como productora de comodities tiene la posibilidad de insertarse como proveedora en el marco de un conflicto global que hizo subir abruptamente los precios de estos recursos primarios.
Por su posición geopolítica estratégica, Salta, se proyecta como el eje nodal del paso entre el sur sudamericano y los puertos de Rosario y Buenos Aires; y como eje desde el Atlántico a través de las rutas transamazónicas hasta el eje Asia-Pacífico por la Ruta 51.
Como se ve, hay mucho por hacer, mucho por construir. Entonces resulta necesario hallar las COINCIDENCIAS que nos permitan fortalecer la gobernabilidad en Salta para alcanzar objetivos mayores.
Porque aquí y ahora, ya no podemos estar discutiendo espacios partidarios, sino un proyecto común, de cuyo resultado, dependerá el futuro que le dejemos a nuestra descendencia. Pensar en los que nos siguen, será nuestro mayor acto de grandeza. –
Participación ciudadana: Un valor esencial, ya que es a través de la participación activa y responsable que los ciudadanos pueden influir en las decisiones que afectan sus vidas. La democracia requiere no solo del voto, sino también de la participación en otros espacios de diálogo y acción.
Paz y no violencia: La democracia apuesta por la resolución pacífica de conflictos, promoviendo el diálogo como el camino para resolver las diferencias y construir consensos.
Estos valores en conjunto no solo sostienen a la democracia como sistema de gobierno, sino que, al ser promovidos y practicados en la vida cotidiana, configuran una cultura democrática. La democracia es tanto un sistema institucional como una forma de vivir y relacionarnos con los demás.