SALTA – POR ERNESTO BISCEGLIA. – Lo que sigue no es un artículo, sino una epístola, un género que la tecnología ha dejado en el olvido. Es una Carta Abierta, si se quiere, donde expongo sentimientos y razones que justifican por qué uno combate a la ignominiosa “gestión” del gobierno municipal de Cafayate. No es un capricho sino una causa personal, porque el Alma se siente contrita y apesadumbrada ante tanta decadencia, ante la impotencia que la embarga frente a la contemplación de ver cómo un Pueblo donde uno ha echado raíces espirituales es empujado al barranco por una recua de soberbios inoperantes.
Siempre he pensado que existen dos clases de personas; aquellas que luchamos -aún con los errores propios-, por pensar progreso, sembrar ideas, en fin, cooperar en lo posible para abrir alguna puerta hacia el mundo que ya llegó y nos está llevando por delante si no hacemos algo y rápido. Luego, están los otros, los mediocres, los semianalfabetos, condición esta última que es la savia de la soberbia del ignorante. Son los que ante las limitaciones de sus pocas neuronas que trabajan a reglamento, se valen de la calumnia, la difamación y la burla a espaldas de quienes son más capaces y capacitados que ellos. En esta última categoría ubico a la cáfila que “administra” la “gestión” municipal de Cafayate. Los hechos avalan sin dudarlo esta última afirmación.
Para ponernos en contexto de la lucha que libramos, diremos que un día, hace ya casi dos años, una infausta llamada me llevó a Cafayate. Ver la Ciudad, recorrer sus calles, llenarse la vista con los multicolores del marco montañoso que la rodea, todo fue uno, para que pudiera decir con el poeta que “El hombre es de donde su corazón se queda”. Tanto es así que podría parafrasear al Padre de la Patria, cuando en su Testamento, dice: “Declaro que es mi voluntad que mi corazón sea depositado en el de Buenos Aires.» Lo mismo podría decir respecto de Cafayate.
De allí que lastime tanto al espíritu ver cómo ese lugar tan bello esté manejado por seres tan horribles espiritualmente hablando. Pero entrando en materia diré que es realmente lastimoso que el recurso más generoso con que el Creador ha bendecido a Cafayate como es su Naturaleza, su Gente y sus Tradiciones, se halle totalmente descuidado y sin destino, porque luego de un año (que hemos esperado pacientemente), los resultados son la NADA.
Cuando recién electa la actual “intendente”, me convocara a colaborar con algunas ideas, la primera que le supe plantear fue la de constituir un ENTE MIXTO DE TURISMO, que articulara lo público con lo privado, según yo había visto cómo funcionaba ese modelo en los pueblos de Europa. Como tantas otras iniciativas que supimos dejarle, jamás fue ni siquiera analizada.
Convoqué luego a la gente de Córdoba con quienes habíamos firmado Convenios de cooperación con el anterior intendente, Fernando Almeda, quien le puso ardoroso entusiasmo a la oferta. Incluso, Almeda, sostuvo un par de workroom, con funcionarios del municipio de Córdoba y de la Facultad de Arquitectura de esa Ciudad. Incluso aceptó gustoso mi obsequio de la Placa que representa al General Martín Miguel de Güemes que se encuentra en la puerta de la Municipalidad. Lamentablemente, quedaban pocos meses para las elecciones que como es sabido, Almeda perdió. A pedido de la actual “intendente”, decidimos aplicar esos convenios a la nueva gestión.
El día 2 de junio del año 2023, sostuvimos una reunión privada con este individuo de Córdoba y la “intendente” en un salón del Provincial Plaza Hotel, donde se le detalló una estrategia completa de gobierno. Ese plan contemplaba un “Programa estratégico de gobierno para un nuevo municipio”, también “Aportes para un nuevo Cafayate”, una “Agenda de Gestión nacional e internacional” para solicitar créditos y se recomendaba la creación de una “Agencia para el Desarrollo”, que debía estar formada por todos los actores sociales, productivos, empresarios, artesanos, para asesorar al Ejecutivo en cada materia. De esa manera, se lograría una plena Participación Ciudadana. El borrador de ese proyecto entregado a la entonces “intendente” electa, llevaba como título “PEDFCA” (Proyecto Estratégico de Desarrollo Cafayate). Obviamente, ni lo miraron. (Y yo tuve que pagar el salón y el exquisito cátering).
Anteriormente, con fecha 13 de marzo de 2023, presenté a la “intendente” entonces electa, un “Cronograma de Capacitación”, dirigido a su futuro gabinete pero que sería abierto a todo público. Allí cada mes, se contemplaba desde aspectos de protocolo hasta formación política y democrática. Dijo entonces la “intendente” y ¿Cuánto me va a costar esto? Mi respuesta fue “Unas empanadas, nada más”, y la respuesta fue “¿Vio? Algo me iba a cobrar”. Debe ser que las empanadas en Cafayate son muy caras…
Luego, el 23 de setiembre de 2023, presenté una carpeta con el desarrollo de un Proyecto de Cultura y Turismo que pivoteaba sobre la Serenata a Cafayate en sus 50 años, con base digital y contemplaba actividades para todo el año. Como sabemos, no sólo no se hizo nada, sino que la Serenata en sus 50 años terminó en un escándalo de denuncias y números todavía no aclarados.
Mucho me hubiera gustado que esas ideas se hubieran aplicado, aún sin mi humilde persona en el medio, porque lo que importaba era Cafayate. Pero nada.
Luego de la presentación del Nuevo Organigrama que trajo Córdoba, el día 22 de agosto de 2023, realizado en un local de comidas, yo supe decirle al autor, un fulano cordobés: “Esto no va a andar aquí. Es más fácil proponer la colonización de Marte”. La respuesta fue: “Yo voy a defender mi Organigrama”. A partir de allí, mi sencilla persona fue apartada de toda participación en el armado de ideas y desde el entorno de la “intendente” se inició una furibunda campaña de difamación y calumnias; no me extrañó, es propio de seres inferiores espiritualmente. Entiendo que hasta el Concejo Deliberante terminó denunciando la incapacidad para el cargo de esa persona. No se…
En ese Organigrama, Córdoba propuso dentro de la nueva Secretaría de Participación Ciudadana que se crearía, una Dirección de Comunicación que me ofrecieron y que por supuesto rechacé porque con mi trayectoria -y pido perdón por la inmodestia-, no era la idea ir a Cafayate a buscar un carguito público. Menos todavía una pauta publicitaria como han sugerido los elfos que rodean a la “intendente”, ya que a la fecha TODOS mis productos son absolutamente privados. Muy lejos de “ir a salvarme a Cafayate”, como dentro de ese círculo de anélidos se dijo. No estaría escribiendo estas líneas de haber sido así. Hay que tener espaldas para decir todo esto que afirmo y desafiar a que me desmientan.
A excepción de dos o tres noches de alojamiento que la “intendente” entonces electa sufragó para que fuera a capacitarla para el debate de candidatos a intendentes, ni siquiera un café pagó ni ella ni el municipio JAMAS; como los propietarios de hoteles pueden confirmarlo. Las cosas primero deben hacerse por pasión, caso contrario, no sirven.
A la luz de la historia, la “intendente”, luego, ya en funciones, habría -remarco el potencial- celebrado alguna especie de contubernio a espaldas nuestras con la gente de Córdoba, de donde nació el famoso “PECAFA” (Plan de Emperne a los Cafayateños, como yo lo he bautizado). Según investigara alguien en la propia Córdoba, este “Plan” HABRÍA sido cotizado en unos 70 o 80 millones de pesos, decimos nuevamente en potencial porque eso fue lo que una especie dijo. La realidad indica que el “PECAFA” terminó siendo otro miserable verso a los cafayateños y jamás funcionó y echando mano de mis dotes de vidente, jamás funcionará. Ergo, curiosamente, el “Asesor personal y Ad Honorem” como la “intendente” dijo ante el Concejo Deliberante, jamás volvió a ser visto en Cafayate. Pareciera que la magnanimidad del dicho sujeto que volaba en primera y se alojaba en los hoteles más costosos, se terminó. ¿Será la crisis del país? ¿Qué cosas, ¿no?, diría el personaje de Quico.
Y ¿Ahora qué hacemos?
El fracaso de la “gestión” municipal de Cafayate ya es una realidad sin atenuantes. En este momento, la desintegración por implosión del gabinete municipal indica que la “intendente” se ha quedado sola. Habrá que ver si queda algún cafayateño capaz y decente que quiera rifar su prestigio con estos aventureros.
De modo que sostengo que la tarea cultural y turística debe ser necesariamente una iniciativa privada, buscando el apoyo de una instancia superior como es el gobierno de la provincia, en todo caso. Porque el municipio, políticamente es inexistente. Sabemos que los empresarios durante todo el año pasado han propuesto ideas, sugerido nombres, han acercado iniciativas. Como diría San Martín: “Todo echado al pozo de Airón”.
No se puede potenciar el turismo sin basarse en el acervo cultural primero. El visitante viene no sólo a descansar sino atraído también por las tradiciones, la cultura, lo que llamamos el patrimonio intangible, porque el tangible tiene milenios de estar allí en las extraordinarias formas y colores del paisaje de la Quebrada y de todo el Valle Calchaquí.
El problema radica en los funcionarios del gabinete que han demostrado una supina incapacidad para manejar todas las áreas. ¿Cómo se puede proponer ninguna política cultural y turística cuando lo más elevado que debe haber leído esa gente parece ser el Corín Tellado”? Diré que me refiero a una publicación del corazón de hace muchas décadas atrás. Por las dudas…digo.
Es el sector privado de la hotelería, el turismo y la gastronomía, el que debe tomar la posta y salir a buscar el espacio, difundir la cultura, tan tica en sucesos, gente y elementos. A partir de allí, armar una política turística. El gobernador, Gustavo Sáenz, le puso a Cafayate un escenario excepcional como es el Centro de Convenciones, que debe ser una Meca de los emprendimientos y no servir para que los vecinos decepcionados por las mentiras de la “gestión” se encadenen. Cafayate merece ser noticia por sus bellezas y oportunidades, no por los escándalos a nivel nacional como hasta ahora.
Últimamente, la “intendente” suele decirle a empresarios y funcionarios que visitan el municipio que “lo eché -a Bisceglia- porque me pedía mucha plata”. Vuelvo a decir, desafío a que digan públicamente cuándo pedí siquiera que me paguen un café. O cuándo pedí publicidad del municipio para mis diarios, viajes o hospedajes.
Hasta aquí hemos esperado alguna reacción positiva a nivel de gestión porque nadie nace sabiendo, menos gestionar una función pública, y menos aun cuando el buen Dios no ha sido generoso en talentos intelectuales. Pero no. Cafayate es como Venecia, se hunde lentamente.
Como soldado de las causas nobles, siempre he puesto a disposición mis limitados conocimientos y capacidad para colaborar en lo que sea. Porque el alma enamorada del Valle Calchaquí y de Cafayate en particular, hizo que hasta pidiera a los amigos que mis cenizas fueran colocadas bajo un pino en la plaza central. Esos mismos amigos de bien que me han recomendado que trate de que ese suceso ocurra cuando esta gente ya no esté en el gobierno porque sino “lo van a orinar en las noches”, o peor todavía, “lo van a sacar y echar al vertedero”.
No importa, lo que interesa es que, diciendo con San Martín, “Mi corazón sea depositado” allí. –