Sin Estado no hay derechos

ERNESTOBISCEGLIA.COM.AR – POR ERNESTO BISCEGLIA. – La constitución de los Estados ha sido producto de larga evolución que entronca en la Edad Media y resultó de la paulatina desaparición de los feudos, tanto seglares como eclesiásticos, hasta lograr la unidad de los territorios. La Revolución Industrial que sitúa aproximadamente entre 1760 y 1840, básicamente, fue un proceso transformador que permitió la transición de una economía agraria y artesanal a una economía industrial y mecanizada.  

Este proceso fue crucial en la consolidación de una burguesía que sería el actor clave en la posterior consolidación de los estados nacionales. Compuesta principalmente por empresarios y comerciantes, algunos propietarios de las fábricas, esta nueva clase social nació con un espíritu revolucionario que más tarde sería clave en la gestión política y económica de los Estados.

Esa burguesía también fue determinante como manifestación política con el “Ancienne Regimen” dominado por la nobleza y el clero. Allí nace la lucha por el reconocimiento de los derechos de los ciudadanos y el esquema de una sociedad basada en la Igualdad, Libertad y Fraternidad.

Podemos decir que el Estado moderno encuentra en las fuerzas sociales y los ideales republicanos de la Revolución Francesa, el germen de lo que más tarde se llamaría “Justicia Social”.

No se puede vivir sin el Estado

La Argentina moderna es hija dilecta del liberalismo. Su Constitución Nacional respira ideales liberales. Y precisamente, esa ha sido la lucha permanente que caracterizó a la tensión social desde la Revolución de 1890, que diera nacimiento a la Unión Cívica Radical, hasta su consolidación en las políticas públicas sancionadas por Juan Domingo Perón.

De modo entonces, que si bien, el esquema global va girando hacia la eliminación de la clase media, razón indiscutible del auge del progreso argentinos desde el Centenario, no es posible admitir que un gobierno sustentado en su momento por más del 50% de los votos como es el que representa, Javier Milei, pretenda ahora “eliminar el Estado”.

Esa es una pretensión bárbara, propia de un dictador, porque ¿Quién gobernará a este país sin las Instituciones de la República? Queda pensar que hasta el Poder Ejecutivo será dominado por las multinacionales, lo mismo que el Poder Judicial y ello significaría en los hechos la eliminación del Poder Legislativo. Lo más parecido a lo que sucedió con la Comisión de Asesoramiento Legislativo (CAL), que reemplazó al Congreso Nacional durante la última dictadura cívico-militar.

Así las cosas, en la lucha entre Factores de presión y Grupos de poder, hoy todo se encamina hacia el triunfo de los primeros, ya que los segundos como la Iglesia Católica, los sindicatos y las Organizaciones del Tercer Sector, vienen perdiendo espacio y hasta significación. En ese orden, nos preguntamos, por ejemplo: ¿Para qué sirven hoy los sindicatos? Para nada.

Esta situación se verá palmariamente reflejada en la intención que ha manifestado el presidente Milei, para este 2025, de eliminar las paritarias. ¿Quién defenderá a los obreros del puerto?, cantaba, Horacio Guaraní.

Entendemos que la lucha por resguardar a las Instituciones de la República, queda en manos de los intelectuales que deberían iluminar a la clase política, rebajada en sus condiciones de pensamiento y elaboración de teorías que sustenten políticas públicas.

Sin Estado y sin Justicia Social, nos encaminamos a convertirnos en un país de bárbaros, donde sólo habrán dos clases sociales: los grupos enriquecidos con el saqueo del Estado y la enorme, la gran mayoría del pueblo argentino reducido a la esclavitud del puro consumismo. –