POR: EVARISTO DEL CARRIL ANCHORENA UNZUÉ – Jefe de Redacción – www.ernestobisceglia.com.ar
En verdad os digo que, luego de un breve periplo por esa Europa que supo formarnos con la Ilustración y legarnos la magnífica cultura grecorromana a través de la heredad hispana, acabo de regresar a estas tierras y observo que, mientras el mundo vive en la convulsión, vosotros, salteños, vivís en la confusión.

Así es que en mi retorno, en un café con mis conspicuos amigos en nuestro elegante Club, el comentario discurrió de esta manera:
—Todo esto es culpa del gobierno, decía uno, con la seguridad de quien acaba de descubrir la teoría de la gravedad.
—No, hombre -respondía el otro, mientras miraba con nostalgia el cuadro firmado de José Félix Uriburu-, esto es culpa de los peronistas, que ya andan caminando.
Lo curioso es que ambos hablaban mirando el cielo… pero yo, mientras tanto, miraba el suelo.
Y así mirando luego, pero a través de la ventana de mi chalet hacia las cerranías de Lesser, mientras las gotas de la lluvia serpentean por los cristales, recordé aquel viejo dicho político de los italianos: “Piove, governo ladro. Non piove, governo ladro”. Para aquellos no iniciados, en italiano significa: Llueve, gobierno ladrón. No llueve, gobierno ladrón.
Esa sentencia popular encierra una sabiduría sencilla pero llena de sentido: cuando algo anda mal, siempre la culpa es del gobierno. Si llueve mucho y todo se inunda, el culpable es el gobierno. Y si no llueve, también. En esta frase se resuelve el humor popular que explica la relación conflictiva entre sociedad y poder.
¡Y vaya si en Salta llueve!
Y veo, observo, que en el eje de esa relación conflictiva se encuentra el peronismo; lo cual me recuerda una frase escuchada en mi infancia en la estancia familiar: “cuando la hormiga negra sale a caminar, va a llover”. Y en vuestra Salta, no sólo el gobierno tiene la culpa de todo “de las cosas que son y de las que no son”, como dirían los griegos, sino que, además, el peronismo ha salido a caminar anunciando tormenta, con el agravante de que el hormiguero ha sido pateado.
En chicos, en las tardes en la estancia, solíamos divertirnos pateando hormigueros para observar cómo las hormigas negras iban de aquí para allá. Un grupo guardaba los huevos, otros amontonaban la comida, otros procuraban cuidar a la reina —o la jefa, como ahora se la llama—; pero la gran mayoría corría al garete sin saber hacia dónde ir.
A los peronistas en Salta, les han pateado el hormiguero
Y cuando el hormiguero se rompe, empieza a verse la verdad, que es la única realidad.
Fijaos, cuánta sabiduría se halla en la naturaleza, porque son los animales -y particularmente los insectos-, los primeros en percibir los cambios de presión y en reaccionar antes que los humanos.
En la política ocurre lo mismo. Cuando ciertas estructuras comienzan a moverse de golpe -reuniones, llamados, gestos, fotos, declaraciones- el observador experimentado entiende que la presión en la atmósfera del poder está cambiando.
Veo, observo, de igual modo que en Salta, por estos días, hay señales curiosas. Algunas hormigas negras han empezado a salir del hormiguero pateado (PJ) y se dan al rumor, a reuniones clandestinas bien regadas por un Catena Zapata unos, por un Laborum, otros. ¡Mirad si alguna vez habrían soñado en degustar vinos de esa calidad! Y luego los oligarcas somos nosotros.
¡Fijaos! Hay hormigas negras que sólo se ocupan de los huevos, los ponen en varias canastas. Otras, van por la comida, que como sabéis, para las hormigas negras es lo que para los humanos el botín. ¿Se entiende, verdad?
Otras, las menos, tratan de cuidar a la “reina” entre los escombros de lo que quedó del hormiguero.
Habiendo sido el hormiguero más importante, ahora en Salta, todo es caos, actividad y sobre todo, supervivencia.
Hablando de supervivencia, justamente; en el campo hay hormigueros y madrigueras. Cuando amenaza tormenta, los bichos corren a guarecerse donde se sienten seguros. También eso ocurre en Salta, alguno que fue ministro ha olfateado cazadores en el terreno y vuelve a esconderse a la cueva donde vivió tanto tiempo. Claro, hay madrigueras de zarihuellas que son tan útiles, como las hay de ofidios, cuyo veneno es fatal.
Siempre que llovió, paró. Y quizás no llueva. Tal vez todo quede en un chaparrón pasajero. Pero los viejos del campo suelen acertar más que muchos analistas. Cuando las hormigas empiezan a caminar apuradas, lo prudente no es discutir con el cielo. Y ahora parece que menos con las “fuerzas del cielo”.
Lo más atinado es ir buscando el poncho. Porque por lo visto, todos terminan guareciéndose bajo el mismo poncho.
Así es…, llueve en Salta. Llueve desde hace días. Y cuando las hormigas empiezan a caminar apuradas, lo prudente no es discutir con el cielo.
Es ir buscando el poncho. –
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