ERNESTOBISCEGLIA.COM.AR – POR ERNESTO BISCEGLIA. – Tal vez, esta no sea una nota sino un réquiem por este oficio, “El más hermoso del mundo”, según lo definiera, Gabriel García Márquez, al que veo hoy bastardeado y convertido en un polígono de tiro desde donde se disparan acusaciones, denuncias -con fundamento o falsas-, denostaciones y “carpetazos”; toda la miseria dialéctica y la barbarie posible que permite la bajeza de los espíritus puestas al servicio de dañar al otro.
Hallar en las páginas o en los estudios una idea sustentable, un aporte, una contribución al pensamiento, es prácticamente una tarea peregrina. Los medios gráficos, por ejemplo, han perdido, o abandonado, más bien, secciones como el Editorial, que reflejaba la línea de pensamiento del medio. Será quizás porque ya no tienen línea de pensamiento sino cuenta bancaria. Así, en Salta, hemos visto “periodistas” que a lo largo de los años ya parecen el traje del Arlequín veneciano, están armados con retazos de todos los colores…, y algunos cascabeles en la cabeza, porque parece que es lo único que tienen dentro, algo que les suena.
Las secciones de Cultura, también otra de las categorías extintas. En el recuerdo quedan aquellas páginas donde se hallaban cuentos, relatos, consideraciones literarias, valoraciones de películas, concursos literarios… todo eso también se ha volatilizado.
No hay comentarios de fondo, análisis políticos serios, ecuánimes, constructivos, que abonen un pensamiento popular. Bueno, tampoco hay pensamiento popular. El otrora público, ahora se ha masificado, ha perdido sentido crítico y se ha convertido en un vulgo amorfo y abombado por la basura que le prodiga todo el día su celular.
Un ejemplo de esto último son la cantidad de noticias falaces que se publican. El Papa Francisco, por ejemplo, ya ha fallecido por lo menos seis o siete veces. ¡Y lo peor es que personas que aún conservan algún grado de sinapsis las comparten en las redes! Nadie comprueba la veracidad de lo que repite.
La preservación del buen decir, de la elocuencia gramatical proveniente de nuestro bellísimo idioma castellano es otra especie en extinción. Sobre todo, cuando los micrófonos y las cámaras son tomados por asalto por jóvenes que no manejan más de 300 palabras. Por ejemplo “Bolú”, parece ser el nuevo gentilicio que nos uniforma a todos. No importa si se trata del docto científico o un jugador de fútbol… es “Bolú”. Y si, al final, todos estamos medio boludos ya de tanta penetración acultural. Algunos incluso sodomizados, se diría.
A la caída en la calidad del periodismo, hay que sumarle el concurso de seres rentados por los ciudadanos que se autoperciben como políticos y usan y abusan de las redes sociales para desgranar su impotencia mental de no poder hilar un pensamiento constructivo detrás de otro. No existe alternancia ni alternativas.
Esta subespecie de la política se dedica a promocionarse en videos, micrófonos y notas, solamente “hablando mal de…”. Así vemos pontificar a personajes que ya deberían estar en el Museo de Cera de Londres, hablando vaguedades y solamente criticando al adversario. En esta época preeleccionaria recuerdan que existen los pobres y que habitan amontonados en los barrios marginales. Allá van a chapotear en el barro y a decirles que son indigentes “por culpa de…”, cuando no pocos de ellos, antes de pintarse el rostro de otro color, ¡Fueron funcionarios “de…”!
Así, la simbiosis entre “políticos” y “periodistas”, ha terminado conformando una masa crítica que como la pata de elefante de Chernobyl (Sugiero buscar de qué se trata) es altamente nociva al carácter y al espíritu democrático. La idea política ha sido sustituida por la denuncia fácil. Y digo fácil, porque ninguno llega a los Tribunales. La trayectoria política partidaria ha sido sustituida por el oportunismo crematístico. El Cursus Honorum, ahora tiene más virajes que una laucha. Y así, estamos como estamos.
En estos tiempos de confeccionar listados para las elecciones, “A” que militaba en el espacio “Z”, ahora se pasó al espacio “H” y probablemente, antes de las elecciones sea candidato por el espacio “W”. Nadie sabe para quién trabaja, ni tampoco para quién vota.
En el fondo, tiendo a pensar que subyace un problema de falta de dignidad. Muchos le han puesto precio a su propia cabeza y utilizan los medios para proponerse como ofertas de sábado en el mercado. Ya no llega a los cargos públicos el que más militancia tiene o el más capaz, sino el que tiene más “likes”.
Los “periodistas”, serían bueno que leyeran la historia del periodismo en la Argentina para comprobar que a este país lo formaron las plumas, las más ilustres plumas, como Manuel Belgrano y Mariano Moreno, la Generación del ’37, un Hilario Ascasubi. Más adelante, los Padres Intelectuales de la República, Domingo Faustino Sarmiento, Juan Bautista Alberdi, Bartolomé Mitre, Adolfo Alsina, José Hernández, fueron periodistas que libraron verdaderas batallas desde sus diarios cuyo fruto fueron nada menos que la Constitución Nacional y las primeras leyes de este país.
Los “políticos”, deberían meditar el “Discurso de la Cancha de Pelota”, de Leandro N. Alem, una verdadera proclama cívica y republicana. Leer los discursos de Lisandro de la Torre, de Alfredo Palacios. ¡Los peronistas! ¿Han leído “El Manual de la Conducción”, “La Comunidad Organizada”, “La Defensa Nacional”, ¿las cartas de Perón? Verdaderas piezas ilustrativas de cómo se debe formar un líder.
En Salta, hay tres títulos que son muy fáciles de obtener: el Historiador, cualquiera copia y pega y confecciona un librejo y es “historiador”. El “periodista”, cualquiera cuelga una página, compra una hora de radio o televisión y pasa la gorra por los poderes públicos en busca de una pauta, ¡y es periodista! Muchos, graduados en el arte del “cute and paste”. Y, por último, los “políticos”. Basta ser populachero, bataclana reconocida, “youtuber”, “influencer”, amigo, amigote, querido o querida, tirifilo o petitero y ¡zas! ¡Ya son candidatos!
Y se pasean por los medios sin ninguna preparación, sin ninguna plataforma establecida, sin ninguna alternativa a los grandes problemas sociales, sólo utilizando las figuras del gobernador o del intendente capitalino como en los viejos parques de diversiones en el juego “Péguele al negro”, sólo blandiendo críticas… Así, el gobernador o el intendente terminan teniendo la culpa hasta de la separación del iceberg más grande de la Antártida (Algunos ni deben saber a qué me refiero) ¿Pero alguna idea para oponer? ¿Algún programa alternativo? ¿Alguna solución medianamente posible? ¿Alguien escucha de la “oposición”, alguna crítica fundamentada con una contrapartida?
Los que juegan al periodismo carecen de cultura. No han leído a los clásicos, no han publicado ni un folleto, no saben lo que es dictar una cátedra o dar una conferencia. Y claro, pido mucho, si muchos ni siquiera saben hablar. Nos falta educación cívica. A sesenta días de las elecciones hay salteños -y muchos- que ni siquiera saben que vamos a tener elecciones. Menos todavía qué cargos se renuevan.
El problema del periodismo es la falta de formación intelectual en los comunicadores, y el problema de la política es la excesiva permanencia de un elenco estable. Pero peor es el problema de los ciudadanos, su pasividad, su resignación y su falta de compromiso para dejar el metro cuadrado de confort y jugarse peleando un espacio en la política. Y si no hay espacio, reunirse y formar uno.
Nosotros, en nuestro pluridiverso grupo de amigos, sí tenemos ideas para ofrecer. Pero no las exponemos porque como esta fauna no tiene ninguna, tememos que nos las roben.
Como dice el refrán popular: Al que le quepa el sayo, que se lo ponga.