Pensar Salta XXI: Cuidar el patrimonio dando soluciones habitables, una tarea de gobierno

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

La capital de Salta nunca tuvo un crecimiento planificado. Jamás se respetaron los códigos y las excepciones fueron parte del negocio político-inmobiliario. La consecuencia fue un desarrollo caótico que encontró sus límites naturales: montañas hacia el este y el oeste, y ríos y municipios hacia el norte y el sur.

  1. Casco histórico: identidad o nada

El hombre y el paisaje constituyen una unidad temática. Más todavía para el caso de una ciudad con pretensiones de volver a ser algún día una plaza importante de turismo. Las ciudades con casco histórico no deben sacrificarlo en nombre de la urgencia inmobiliaria. No es nostalgia; es capital simbólico, cultural y económico.

En el caso de Salta, el argumento es aún más fuerte: el microcentro no es sólo histórico, es escenario fundante. Debemos pensar que en el cuadrado que rodea la Plaza 9 de Julio se pensó y se fundó la Patria, un patrimonio que no lo tiene ninguna otra provincia.

Alterar su fisonomía no es modernizar, es licuar memoria. Las ciudades que lo hicieron (muchas en América Latina) hoy intentan, tarde y mal, reconstruir “espacios coloniales de utilería”.

La ciudad de Turín -por poner un ejemplo- es un caso elocuente de casco histórico protegido. Y hablamos de la ciudad a cuyo alrededor se asientan las multinacionales más importantes de Italia, como FIAT, Roche Ferrero, etc. Ellos han construido una infraestructura pesada subterránea  y periférica con una verticalización fuera del ejido histórico. Eso no es capricho europeo: es planificación a largo plazo, algo que aquí siempre se consideró sospechoso, casi subversivo.

2. El pecado original de Salta: crecimiento sin plan

La capital salteña creció por acumulación, por parches, por excepciones, por favores y por la lógica del “después vemos”. El resultado es una ciudad encerrada geográficamente y asfixiada funcionalmente. La inmigración de los municipios postergados generó asentamientos que son bolsones de pobreza estructural que ahora reclaman al Estado infraestructura y servicios que no puede darles.

No hay expansión natural posible sin decisión política y coordinación metropolitana, algo que nunca existió en serio. Entonces aparece la tentación más burda: meter edificios donde no entran, forzar densidad donde debería haber protección patrimonial. Derribar casas históricas o alterar la escala del casco antiguo no resuelve el problema habitacional. Solo lo disfraza… y lo agrava.

3. Modernizar no es destruir: es ordenar

La solución no pasa por cambiar la fisonomía histórica sino por una mirada ordenada y moderna.

Eso es urbanismo contemporáneo puro. La modernidad urbana no se mide en torres, sino en funcionalidad, movilidad, servicios y calidad de vida. Una ciudad puede ser baja y moderna, antigua y eficiente, histórica y habitable. Lo que no puede ser es improvisada.

4. San Lorenzo Chico: planificación sin ciudad

El caso de San Lorenzo Chico es paradigmático… y problemático. Hay planificación, hay orden, pero hay segmentación. No es la “ciudad para todos”, sino para algunos, cada vez “más algunos”. No es un comentario resentido sino una descripción de una realidad. Es una urbanización pensada para un sector social específico, con lógica de enclave.

En muy poco tiempo será una ciudad dentro de la ciudad, con servicios propios, intereses propios y a futuro con poder político propio. No es integración: es segregación prolija.

No es el modelo en sí el problema, sino su exclusividad. Cuando la planificación sólo alcanza a los sectores altos, deja de ser política pública y pasa a ser urbanismo de mercado.

5. La palabra clave es DESCENTRALIZACIÓN

Pero descentralizar en serio: creando nuevas centralidades urbanas, descentralizando efectivamente el municipio Capital. Planificar ciudades satélites con servicios, trabajo, transporte y cultura. Pensar vivienda para clase media y sectores populares, no sólo loteos lejanos sin alma ni Estado.

La descentralización no es expulsar pobres del centro: es redistribuir ciudad.

Colofón

El casco histórico no se negocia. La verticalización indiscriminada es pereza intelectual, y Salta hoy paga el precio de décadas sin planificación. La solución no está hacia arriba, sino hacia afuera y mejor pensada.

En las ciudades más desarrolladas eso se resume en una consigna simple: «Pensar Ciudad – Pensar Municipio – Pensar Provincia».

Claro que para eso hacen falta concejales con formación y vocación pública, legisladores con densidad intelectual y funcionarios preocupados por pensar en el destino colectivo, no por cómo mudarse a San Lorenzo Chico.

© – Ernesto Bisceglia

Ernesto Bisceglia es periodista, escritor y docente. Autor de una extensa obra ensayística y narrativa sobre historia argentina, política, religión y cultura cívica, con más de treinta libros y ensayos con premios nacionales e internacionales. Columnista en diversos medios y conferencista, desarrolla una mirada crítica e histórica sobre el poder, la democracia y la identidad argentina. Dirige www.ernestobisceglia.com.