ERNESTOBISCEGLIA.COM.AR – POR EL Dr. BARTOLOMÉ OBERDAN BASURTO. – Este, por naturaleza, parece ser un país fraudulento. Desde que los ingleses se birlaron el millón de pesos en las Invasiones, que prometieron devolver en la Reconquista y más tarde, Rivadavia le pidió prestado ese millón de pesos a la Baring Brothers, la historia argentina podría contarse desde los grandes desfalcos.
Otra malversación histórica fue la manipulación de los 40.000 pesos de premio otorgados al General Manuel Belgrano por sus triunfos en Salta y Tucumán, que donara para levantar cuatro escuelas, la última de las cuales se terminó en la década de 1990. No hablemos de la venta de armas a Ecuador durante el gobierno “del Carlos”, cuando el país era garante de la paz, o el desvío de armas a Croacia…, en fin. Todo gobierno en este país tuvo lo suyo.
Ahora, el mundo de las criptomonedas ha visto fraudes de todo tipo, pero nada como esto. Cuando parecía que ya habíamos tocado fondo con estafas piramidales y promesas de riquezas instantáneas, ¡llega el presidente libertario a probar suerte en el rubro!
Javier Milei, conocido por su histrionismo patético y devoción a las ideas de mercado, ahora enfrenta en las redes sociales un escándalo de proporciones épicas por su presunto vínculo con una “memecoin” que dejó a miles de incautos con los bolsillos más flacos que la economía argentina.
El caso es tan burdo que hasta Leonardo Cositorto, el legendario gurú de Generación Zoe, habría alzado la voz para denunciar semejante despropósito. Sí, el mismo que prometía retornos mágicos a sus fieles seguidores ahora parece un modelo de decencia comparado con esta nueva trama. Porque si hay algo peor que un esquema Ponzi, es un esquema Ponzi con merchandising presidencial.
Los rumores comenzaron cuando una criptomoneda con la cara del mandatario empezó a circular en el mercado digital con promesas de multiplicar las inversiones de los ciudadanos. Los más entusiastas, creyendo en el milagro del «libre mercado sin restricciones», compraron en masa. Pero ¡Oh sorpresa! la moneda que inició cotizando a U$S 4, en menos de una hora bajó a 0,80 centavos de la moneda del Tío Sam.
Es decir, la criptomoneda mileista terminó derrumbándose en un abrir y cerrar de ojos, evaporando los ahorros de los optimistas más fervorosos. ¿Casualidad o jugada maestra?
Mientras tanto, Milei niega cualquier relación con el proyecto y asegura que es víctima de una campaña sucia. «Yo no tengo nada que ver con eso», habría declarado, aunque los registros de transacciones y los vínculos con ciertos operadores cripto sugieren lo contrario. La oposición, en su salsa, no ha tardado en señalar el escándalo como «la estafa del siglo», y la prensa internacional ya habla del caso como una muestra de la improvisación y el descontrol en la administración libertaria.
El país, acostumbrado a crisis económicas y promesas incumplidas, asiste perplejo a este nuevo capítulo del realismo mágico argentino. Mientras tanto, los damnificados buscan respuestas, los expertos en finanzas sacuden la cabeza y Cositorto, desde su celda, sonríe satisfecho. Porque, después de todo, siempre se puede estar peor cuando el alumno supera al maestro. –