ERNESTOBISCEGLIA.COM.AR – POR EL Dr. BARTOLOMÉ BASURTO. – En el siempre fascinante mundo de la política salteña, donde la creatividad no es precisamente un recurso renovable a la hora ofrecer propuestas innovadoras, existe, sin embargo, el recurso del bufón de corte. Sabemos, que el bufón, era un personaje grotesco, tocado en la cabeza con un cucurucho de bufón, con varios picos y cascabeles en las puntas. El recurso metafórico le viene ajustado al concejal, Pablo López, que juega de bufón y evidentemente tiene cascabeles en la cabeza.
En efecto, este concejal, más conocido por su llamativa semejanza con el personaje de los Simpsons, «Milkhouse» y su modo histriónico de verbalizar desatinos y disparates; esta vez vuelve a ser “noticia”, no por un nuevo video de denuncia sin pruebas contundentes como tampoco por haber concebido algún pensamiento político revolucionario, sino por su innovadora clasificación gastronómico-política: la teoría de la «tortilla de papa».
En efecto, este desopilante edil, decidió definir a los militantes del Frente Liberal Salteño como «tortillas de papa», explicando que son aún peores que los clásicos «panqueques» de la política.
De acuerdo con el sabio discernimiento que le proporciona su exhaustiva comprensión de la política, López -alias “Milkhouse”, define que, mientras a los panqueques basta con darles una vuelta para que estén listos, las tortillas de papa requieren múltiples vueltas, reflejando así la supuesta falta de firmeza ideológica de los militantes del espacio que conduce Alberto Castillo. ¡Ni Nicolás Maquiavelo se dio cuenta de esto!
Sacudido que ha quedado el ambiente político de Salta ante tan sesuda reflexión de, López; azorados pensamos que quizás estemos frente a una teoría que revolucionará tanto la ciencia política como la culinaria, aunque no está claro si la sentencia del libertario edil ha sido fruto de una profunda reflexión o de un antojo a medianoche frente a la heladera.
Sin embargo, aunque nos declaramos legos en esto de romper los huevos para hacer tortilla -diría el General Perón-, tendemos a pensar que este chef de la dialéctica no ha pasado mucho tiempo en la cocina. Cualquier salteño que haya preparado una tortilla de papa sabe que, en general, se la voltea una sola vez, y con bastante cuidado, para que no termine estrellada contra el suelo, resultado que, a juzgar por su insignificante e irrelevante trayectoria, debiera preocuparle más al propio López.
Porque si algo ha demostrado este aprendiz de comediante es que, justamente, él sí sabe saltar de un lado a otro con la misma destreza con la que un huevo batido se desliza por el sartén. Y ojo, que, en política, los que rebotan mucho terminan como una tortilla mal cocida: crudos por dentro y quemados por fuera.
Ahora bien, más allá de su cuestionable cultura gastronómica, la gran pregunta es: ¿a qué dedica su tiempo rentado por el pueblo nuestro querido «Milkhouse»?, porque además de lanzar videos con ocurrencias de sobremesa, no se le conoce nada rutilante. Porque si hay algo que tiene en común con la tortilla, es que no aporta demasiada sustancia.
Dedicarse sólo a señalar lo evidente, recorriendo calles y pueblos (que además no son de su jurisdicción) sin ofrecer soluciones calificadas es una actividad que bien podría ser reemplazada por la transmisión de algún “influencer” que cero costo para los salteños. Aunque, pensándolo bien, hasta un influencer de TikTok que reacciona a videos tiene más contenido que él.
Pero no nos adelantemos. Quizás López está en una etapa de exploración política (De larva, se diría en la ciencia biológica), ya que con la misma seguridad con la que critica a terceros, pasó del PRO a La Libertad Avanza, sin escalas y sin mareos.
De seguir su lógica culinaria, sólo queda preguntarse: ¿y si en el futuro descubre la empanada salteña? Tal vez entonces nos ilustre con una nueva teoría sobre cómo algunos políticos son como empanadas mal cerradas, que pierden el relleno antes de llegar al plato.
Por ahora, el “showman” López, parece estar dispuesto a continuar interpretando su personaje de caricatura mientras el espectáculo continúa. Hasta tanto, en esta cocina política, Pablo «Milkhouse» López sigue siendo el chef que nunca prende la hornalla. –