No es reforma: Milei prepara una mordaza para la prensa

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

Este, que el Gabo García Márquez, definió como el “Oficio más hermoso del mundo”, ha sido desde los inicios de este país una actividad sospechada y temida. En los oficios virreinales se hablaba del periodismo como “una actividad fosfórica”, y quienes la ejercían eran perseguidos por el Estado.

Las plumas argentinas, como una sombra de la historia, marcaron los tiempos políticos, anticiparon los hechos, pusieron gobiernos y los tiraron abajo también. El exilio y la censura fueron los dos grandes males que sufrió siempre la profesión.

El ilustre, Domingo Faustino Sarmiento, definió esta cuestión en dos célebres frases: “Bárbaro, las ideas no se matan”, en el camino al exilio forzado por la persecución de Juan Manuel de Rosas, y en “Facundo”, sentencia, hablando de los procedimientos de los gobiernos: “¡Cuidado, pues; ese mal lo llevamos en la sangre!”

En efecto, la tentación a reprimir la palabra y el pensamiento es también parte de nuestra historia.

Milei o la antirepública: Quieren periodistas con bozal

El gobierno nacional prepara un proyecto de ley para eliminar el Estatuto del Periodista, que en los hechos no es otra cosa que precarizar la profesión y callar las voces disonantes. Esto es propio de los dictadores. Los militares y los gobiernos dictatoriales utilizan la fuerza -en todo sentido- para dominar a los ciudadanos, pero en ello va su debilidad: TEMEN Y SE ESTREMECEN ANTE LA PALABRA.

No lo van a presentar como censura. Van a decir “modernización”, “igualdad”, “fin de privilegios”. La frase es conocida: cuando un gobierno dictatorial quiere avanzar sobre una garantía republicana, primero la bautiza como privilegio. Y ahí aparece el movimiento más peligroso: dejar al periodismo sin Estatuto, o vaciarlo hasta que sea un papel decorativo.

Porque la censura ya no siempre entra por la puerta grande con uniformes, fusiles, botas  y prohibiciones. En el siglo XXI suele llegar en forma de recibo, de contrato frágil, de despido exprés, de “colaborador” sin derechos.

No te callan: te vuelven prescindible. No te prohíben escribir: te obligan a calcular. Y cuando el periodista empieza a calcular, la VERDAD pierde.

Ésta es la mecánica: precarizar para disciplinar. Si el trabajo es inestable, la palabra se vuelve prudente. Si el despido es barato, la investigación se vuelve cara. Si la redacción vive en la intemperie, el poder se acostumbra a mandar. Y en ese clima, el periodismo deja de ser un control social para convertirse en un servicio: contenido rápido, opinión obediente, silencio rentable.

De hecho, la pauta publicitaria es el primer instrumento de censura. Se premia al medio o al periodista que se deja acariciar el lomo con millones; como en El Principito con la zorra, se lo domestica con una cuenta bancaria. Y ese “periodismo”, termina escribiéndole al gobernante “El diario de Yrigoyen”.

El truco semántico es perfecto: “no censuramos, desregulamos”. Pero la desregulación aplicada a quien debe incomodar al poder es, en los hechos, una asfixia planificada.

La libertad de expresión sin condiciones materiales no es libertad: es una consigna para afiches. Nadie investiga con el telegrama de despido en el bolsillo. Nadie sostiene una denuncia si sabe que mañana lo reemplaza otro más barato y más dócil.

Y que no nos vendan esto como un asunto “del gremio”. Es un asunto del ciudadano. El Estatuto -con todos sus puntos discutibles- es una barrera mínima para que el periodista no sea un peón del miedo. 

Si lo tiran abajo, lo que cae no es un beneficio: cae una protección pública. Porque una sociedad no necesita periodistas cómodos: necesita periodistas incómodos. Y el poder, exactamente por eso, los quiere con bozal.

El Estatuto del Periodista es la última pared entre la verdad y el apriete. Si lo tumban, no es reforma: es zona liberada para que el gobierno haga lo que quiera con la vida de los ciudadanos. –

© – Ernesto Bisceglia

Ernesto Bisceglia es periodista, escritor y docente. Autor de una extensa obra ensayística y narrativa sobre historia argentina, política, religión y cultura cívica, con más de treinta libros y ensayos con premios nacionales e internacionales. Columnista en diversos medios y conferencista, desarrolla una mirada crítica e histórica sobre el poder, la democracia y la identidad argentina. Dirige www.ernestobisceglia.com.