Necesitamos otro Congreso de Tucumán: De Belgrano y Güemes a Perón y Balbín

ERNESTOBISCEGLIA.COM.AR – POR ERNESTO BISCEGLIA. – La sociedad argentina, en su gran mayoría adormecida, se estaría acercando a un peligroso punto de inflexión cuyas consecuencias podrían ser impredecibles. Se observa cierto autismo en la clase gobernante, más preocupada por conservar sus privilegios que por atender a las necesidades de las clases populares. El desmantelamiento del sistema de vida argentino se viene incrementando, convirtiendo a los más pobres en paupérrimos indigentes y a la clase media en potenciales clase baja o pobre.

Ese hundimiento social no sólo es económico, sino también cultural. Cada día la sociedad incrementa su ignorancia y con ello se recortan sus posibilidades de aspirar a mejores posiciones. El kirchnerismo dejó un país no sólo saqueado en lo económico, sino desvalido moralmente. Son casi tres generaciones las que nunca vieron trabajar, no trabajan y no piensan trabajar. Lo mismo ocurre con el estudio.

En lo político, el cambio no está resultando beneficioso. Por primera vez, hay un presidente que no puede quejarse de que “el peronismo no lo deja gobernar”, ya que el peronismo es una ecuación negativa y desorganizada y los demás partidos no existen. Es el tiempo de un unitarismo autocrático, soberbio y por momentos delirante.

Otro Congreso de Tucumán

Se tiene al 25 de Mayo de 1810 por el “Día de la Patria”, cuando nación el país y esto es una falacia, porque aquella movida ni siquiera estuvo cerca de ser una revolución. Fue un golpe de Estado, con todos los elementos y corporaciones que hasta 1976, derrocaron gobiernos democráticos más tarde. La Constitución Nacional, a pesar de su espíritu liberal y su doctrina federalista, no ha podido hacer funcionar los mecanismos de la justicia distributiva para con las provincias. El viejo problema de la Aduana, ahora se llama coparticipación federal. Y no es ni coparticipación ni mucho menos federal.

Hay que reorganizar el país llamando a un nuevo “Congreso de Tucumán”, porque el día que efectivamente nación este país fue el 9 de Julio de 1816, cuando desde el interior se dio el verdadero Grito de Libertad, firmando el Acta que declaraba la “Independencia de España y de cualquier otra dominación extranjera”. Se hizo en una provincia periférica y con el aval de los tres Padres de la Patria: San Martín, Belgrano y Güemes.

Hoy, necesitamos reunir otra vez a las provincias en algún lugar del interior argentino, como gesto simbólico de rechazo a la hegemonía porteña y como puesta en valor del federalismo. Claro, es necesaria una voluntad política común de los gobernadores, de otra manera esto es una ilusión.

El consenso y la reconciliación

Somos un país divido. Ese es otro legado del kirchnerismo, haber alentado las divisiones y los odios internos para ganar consenso entre las minorías. Javier Milei, es presidente, porque el electorado votó más por el rechazo y término del régimen “K”, que por las promesas, aptitudes y carisma del candidato.

La Patria es lo primero. Cuando Manuel Belgrano, al llegar a Salta en 1812, tomó conocimiento de algunas actitudes indecorosas de Martín Miguel de Güemes, no le tembló el pulso para extrañarlo a Buenos Aires. Eso generó una distancia entre ambos hombres. Sin embargo, al retorno de Güemes a Salta en 1814, junto al General San Martín, se encontraron Belgrano y Güemes, se abrazaron y se pidieron disculpas.  En ese momento, Belgrano, dijo a Güemes:

  • “Quien más a sufrido es el país. No sabe cuánto me he arrepentido de la decisión tomado ante Usted”.

A lo que Güemes, respondió: “No se aflija, el sólo verlo ya me congratula. Ahora, lo primero es la Patria”

Una interesante correspondencia entre ambos hombres da cuenta de que superaron las diferencias y en más, la única preocupación fue la libertad de la Patria.

Más de un siglo y medio más tarde, cuando la Argentina se desangraba a causa de las actividades terroristas que ejecutaban grupos armados como Montoneros, ERP, FAR y otras, y cuando el general Juan Domingo Perón retornó de su exilio, la violencia se desataba frontalmente. Perón sabía que venía a morir en la Argentina, pero sabedor de su fin, quiso dejar un mensaje de paz. Entonces invitó a visitarlo en su casa de Gaspar Campos, a quien había su enconado enemigo político, el Dr. Ricardo Balbín, quien había sufrido en su tiempo, persecución y cárcel. Sin embargo, aquella reunión se saldó con un fraternal abrazo entre ambos líderes. Un poderoso mensaje que la sociedad no supo cuantificar.

No está en juego un sillón, ni un partido, ni una bandera sectorial. Está en juego la Argentina. O nos reencontramos en un gran abrazo nacional o nos condenamos al abismo.

Como Belgrano y Güemes, como Perón y Balbín, debemos comprender que la Patria está por encima de los desencuentros. Es tiempo de redimir las heridas, de dejar atrás las mezquindades y de forjar, con esfuerzo y grandeza, un destino común.

Un nuevo Congreso de Tucumán no es sólo un acto simbólico: es la necesidad imperiosa de reconstruir la Nación desde sus cimientos, con sus provincias, con su gente, con su historia y su porvenir. No hacerlo es resignarnos a la decadencia. Y la Argentina no nació para arrodillarse, sino para ser libre y soberana.

Que la historia no nos juzgue por lo que no supimos hacer. Que nos recuerde como la generación que se atrevió a unir lo que otros dividieron.

Pero creo que esto pidiendo mucho. –