POR: Lic. RODOLFO CEBALLOS – PERIODISTA Y ESCRITOR – www.ernestobisceglia.com.ar
Podemos destacar tres referentes de la cultura literaria y política de México que intuyeron los tiempos borrascosos que hoy vive el país con la penetración de la violencia y la economía narco.
Los escritores Juan Rulfo, Octavio Paz y el revolucionario Emiliano Zapata supieron dar una identidad a México marcada por el trauma, el misterio y la justicia.
Rulfo, en su novela «Pedro Páramo», México (especialmente el rural) era un espacio suspendido en el tiempo, dominado por el polvo, el silencio y la desolación. Su visión presenta un país de «muertos que no terminan de callar», donde la realidad se mezcla con los sueños y la herencia de la Revolución es un eco de promesas incumplidas y abandono.
Para el poeta Paz, era un enigma psicológico y cultural con un mexicano encerrado en sí mismo que utiliza «máscaras» para proteger su intimidad, resultado de un trauma histórico (el mestizaje como «bastardía»).
Finalmente, para Zapata, México se debía una reforma agraria para que la tierra pertenezca a quien la trabaja. Tuvo una idea de país justo donde los campesinos e indígenas recuperaran la propiedad de sus suelos, montes y aguas, eliminando la explotación de los caciques para vivir en una verdadera democracia social.
Este mosaico de ideas fuerzas sobre la identidad mexicana fue fagocitado por la cartelización de la droga. El narcotráfico tiene una injerencia significativa en la economía mexicana. Según estimaciones de la ONU, los flujos financieros ilícitos derivados del tráfico de drogas representan alrededor del 1% del PIB nacional. Mientras tanto, agencias estadounidenses calculan que los cárteles generan entre 37.000 y 58.000 millones de dólares anuales en ganancias.
Rulfo habló de los «muertos que no terminan de callar». Efectivamente, la ONU no deja de actualizar su base de datos con la criminalidad en México. Hubo más de 200.000 muertes en 10 años y decenas de miles de sicarios activos que muestran que el narcotráfico es un fenómeno estructural, con raíces en la corrupción, la desigualdad y la demanda internacional de drogas.
Hasta la vida tiene un precio. Los sicarios cobran por su trabajo criminal de 500 a 2.000 dólares (de 700 mil a 2.800.00 pesos). Los homicidas reciben “bonos” por asesinatos de figuras públicas que pueden alcanzar de 10.000 a 50.000 dólares (desde 14 millones a 70 millones), dependiendo del rango de la víctima (alcaldes, periodistas, policías o rivales). Es decir, el sueño de Zapata, que la tierra sea del que la trabaja, se hizo que los dólares sean del que mata.
Tres personajes del acervo mexicano, ahora, visto en retrospección política, jamás pensaron en el sicariato, en la zonificación del país por la división operativa de los cárteles, ni mucho menos que para reprimir todo eso tenía que venir Trump con su Escudo de las Américas a hacer la guerra híbrida —tan moderna— al tráfico de cocaína, metanfetaminas, fentanilo y heroína.
El escritor mexicano que escribió después de Rulfo, Paz y Zapata se llama Yuri Herrera. En su novela “Trabajo del Reino” (2004), funciona como un puente directo entre esas visiones clásicas y la realidad del narcotráfico.
A Rulfo lo considera como el que creó la metáfora de la desolación de la muerte, impuesta luego, sin tregua, por el narco.
La concepción que tuvo Paz sobre el Poder como el “Ogro filantrópico”, ensayo tan actual, también cabe muy bien para el traficante de las sustancias mortales. El criminal pasó a ser el “soberano”, el “Ogro” de un territorio con un gobierno y ejército paralelo, solidario social con la comarca que controla. Zapata —siguiendo a Herrera— esperó que sus ideas de justicia social fueran realizadas en México. La historia resultó una burla a su legado. El ideal zapatista de libertad terminó malamente anulado por el cartel de negocios ilícitos, lealtades y castigos brutales dentro de un territorio sitiado. Sin reforma agraria y con la ley de la selva.
El Escudo de las Américas de Trump, ambiciona una metamorfosis del sistema económico del país, la supresión de la geografía feudal que trazó el narco, una seguridad nacional real y terminar con la cultura de la droga que mata para crear una plutocracia lavadora de dinero. Las últimas encuestas indican que la sociedad de México se cansó de tanta muerte y desea salir de la inseguridad.
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