POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
La represión, el secuestro y la desaparición de personas comenzó antes del 24 de Marzo de 1976. Bajo el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón. La Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), supuestamente liderada por el entonces ministro de Bienestar Social, José López Rega, ejecutaba indiscriminadamente a todo elemento de izquierda. Decimos “supuestamente liderada”, porque en realidad estaba formada por elementos del Batallón de Inteligencia 601 “Domingo Viejo Bueno”, que ya operarían bajo el mando del mismo Juan Domingo Perón. Allí formaban elementos de la SIDE (Secretaría de Inteligencia del Estado), paramilitares, elementos de la policía federal y bonaerense, y policías locales, obviamente.
El 24 de Marzo de 1976, el país quedó “bajo el control operacional de las Fuerzas Armadas”, según rezaba el “Comunicado Nro. 1”, leído por el salteño, Vicente Mentesana, locutor de la presidencia durante medio siglo. El presidente de esa Junta Militar que se autotituló “Proceso de Reorganización Nacional”, el general Jorge Rafael Videla, confesaría en un libro que eran unos siete mil los que había que eliminar, pero que las FFAA no estaban dispuestas a pagar el costo de tantos muertos. Allí se instrumentó la infame política de secuestros, centros clandestinos, tortura sistematizada, asesinatos y desapariciones.
Esos militares que traicionaron el espíritu Sanmartiniano del Ejército Argentino, violaron la Constitución Nacional y cometieron todos esos crímenes de lesa humanidad, fueron formados en la “Escuela de las Américas”, en West Point, donde recibieron instrucción en base a las políticas de guerra urbana aplicadas para combatir insurgentes en Argelia.
Constituyeron una masa de delirantes mesiánicos, apoyados por el alto clero católico argentino que les daba la Comunión, los confesaba y los “perdonaba” porque estaban ejecutando “actos patrióticos” y una “misión de Dios de luchar contra los comunistas”, mientras la economía era entregada a las multinacionales a través del ministro de Economía, Alfredo Martínez de Hoz, nieto del fundador de la Sociedad Rural Argentina. Nuevamente, las tres corporaciones históricas, hundían al país.
La Historia, la Memoria y el Relato
El kirchnerismo, que un régimen formado por los terroristas vencidos en esa “guerra sucia”, tomó revancha política destruyendo a las Fuerzas Armadas y dejando al país indefenso. La ministro, Mirta Garré, había revistado como la “Comandante Teresa” en el batallón “Ramón Rosa Jiménez” en el monte tucumano. El ministro, Jorge Taniana, cargaba con varios muertos en atentados. Se instrumentó una política de negación de la verdad histórica para instalar un relato teñido de una “memoria” adulterada.
Para las generaciones pos kirchneristas, la “historia” comenzó en 1976 y los militares fueron los perversos que mataron a mansalva a “30 mil jóvenes idealistas” que sólo querían una “patria justa”. La destrucción del sistema educativo sumó a fijar un relato tijereteado de la historia, parcial y mentiroso.
Hay que decirlo claramente, lo que hicieron los militares NO TIENE JUSTIFICACIÓN ALGUNA. Deshonraron el uniforme y salvo casos destacados, en Malvinas carecieron de la eficacia con que mataron a tantos argentinos.Fueron los soldados, no los “chicos de la guerra”, sino hombres, algunos héroes los que se batieron con fiereza contra el enemigo inglés.
Los que vivimos esos días y miramos hacia el futuro nos preguntamos ¿hasta cuándo seguiremos exhumando muertos para tirárselos al otro bando? Pasará nuestra generación y nadie recordará estos hechos. Porque entendemos que el “Nunca Más” ya tiene tiempo cumplido.
Una sola pregunta nos absuelve de comentarios adversos: ¿Existe hoy, algún militar en condiciones de protagonizar un Golpe de Estado? Si lo hubiera tendría que estar loco para pensar en repetir aquellas felonías que jalonaron el siglo XX desde 1930.
El gran problema argentino fue la falta de Justicia. Porque el Juicio a las Juntas militares que debe ser celebrado como un hecho histórico mandó a prisión a los jerarcas del genocidio, pero faltaron en esos tribunales los jefes de Montoneros, del ERP, los curas de la Iglesia Católica que actuaron en los centros clandestinos de detención y los dirigentes políticos y empresarios que azuzaron esta masacre.
No olvidar lo que pasó es importante, pero más importante es enseñar en las escuelas la historia completa. Caso contrario -y por lo que se escucha por ahí-, corremos el peligro de continuar pensando que el mejor enemigo es el enemigo muerto. Los países europeos, después de dos guerras mundiales en medio siglo, en menos del medio siglo siguiente comandaban el mundo porque habían aplicado la justicia y estudiado la historia.
Nuestra Argentina continuará postergada mientras haya individuos en el poder que se consideren tocados por “Fuerzas del Cielo”, o mesiánicos que pretenden volver a pintar sus vehículos con la nefanda frase “Cristo Vence”, que ostentaban los aviones que bombardearon la Plaza de Mayo en junio de 1955.
Son retrasados mentales e históricos que siguen pensando en la dicotomía “derecha vs izquierda”, mientras el país continúa hundiéndose.
Repetimos que nada, absolutamente nada, justifica lo que se hizo desde ese 24 de marzo de 1976. Pero exigimos la Historia completa, no el relato subjetivo e ideologizado.
Es hora de recuperar la Historia y eliminar el relato. El revisionismo histórico es positivo, pero cuando se busca la verdad histórica y no la revancha.
Siempre tuvimos para uso todos los vehículos de la línea Ford. Y ahora queremos un Falcon verde, pero que represente el color de la esperanza…
Queremos un Ford Falcon verde, no para ultrajar la memoria de muchas víctimas del Proceso, sino para viajar hacia el futuro. –
© – Ernesto Bisceglia