POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Los tres senadores que representan a Salta votaron afirmativamente la declaración de Bernabé Aráoz como Héroe Nacional, mientras nos preguntamos si el caudillo tucumano tiene acaso los quilates que lo habiliten para tan egregio honor.
Hasta donde comprendemos, el tucumano Aráoz carece de los pergaminos y de la talla de un José de San Martín, un Manuel Belgrano y, por supuesto, de nuestro prócer salteño, Martín Miguel de Güemes. Aráoz no protagonizó una epopeya de la magnitud de las de aquellos hombres. Su actuación en la causa de la Independencia está fuera de discusión, particularmente por su participación en la Batalla de Tucumán, junto a Belgrano, el 24 de septiembre de 1812. Pero otra cosa muy distinta es elevarlo a la categoría de Héroe Nacional, una distinción que obliga, cuanto menos, a preguntarnos por los méritos extraordinarios que la justifican.
Más aún cuando estamos hablando de un hombre que tuvo un enfrentamiento político y militar con Güemes y que, en los momentos decisivos de la Guerra de la Independencia, terminó constituyéndose en uno de los principales obstáculos para la política del gobernador salteño. El conflicto entre ambos no fue una anécdota menor ni una disputa entre caudillos provinciales: estuvo relacionado con el tránsito de hombres, armas y recursos indispensables para sostener la defensa de la frontera norte frente al avance realista.
Lo votado en el Senado nacional supera lo partidario y plantea un problema de índole histórica.
Porque mientras los senadores nacionales consagran nuevas figuras de la Independencia, Salta todavía no ha sido capaz de incorporar de manera específica y sistemática el pensamiento y la Gesta de Güemes a su formación educativa.
Menos todavía -y esto venimos denunciándolo desde hace años- se ha generado una verdadera pedagogía güemesiana a nivel popular. Prácticamente nadie conoce en profundidad el valor de la Gesta Güemesiana y Belgraniana. No se tiene en peso, en Salta, la dimensión de haber sido esta tierra uno de los escenarios decisivos donde se sostuvo y consolidó la Causa de la Independencia.
Tampoco se ha comprendido suficientemente el significado político del Pacto de los Cerrillos, celebrado entre Güemes y Rondeau en 1816, que no figura entre los “Pactos Preexistantes” del Preámbulo y que permitió la realización del Congreso de Tucumán. Es uno de esos episodios fundamentales de nuestra historia que merecerían ocupar un lugar mucho más importante en la conciencia nacional.
Entonces pensamos que la gran pregunta que debemos hacernos es: ¿Qué clase de sociedad construye una provincia que homenajea a sus héroes una vez al año, pero todavía no considera necesario estudiarlos durante todo el año?
Todavía nos debemos una cátedra o un espacio curricular específico y permanente dedicado al pensamiento, la vida política y la Gesta Güemesiana. No basta con una efeméride, un acto escolar, un desfile o una representación folclórica. Un héroe convertido en estampita deja de ser una figura histórica para convertirse en decoración.
Y Güemes no fue decoración, sino pensamiento político, estrategia militar, defensa territorial, concepción de Nación y fue, fundamentalmente, una manera de entender la Libertad.
Quienes durante años hemos dedicado estudio, libros, artículos, viajes y conferencias por el interior provincial y el país, además de tiempo -sin presupuesto público, sin estructura partidaria y tantas veces vituperados por quienes se apropiaron del Bicentenario y hasta de la figura de Güemes- para sembrar y difundir cuanto hemos podido de esa dimensión política, militar y cultural del General Martín Miguel de Güemes, no podemos permanecer indiferentes ante esta decisión.
No porque pretendamos discutir el reconocimiento que pueda merecer Bernabé Aráoz, sino porque toda consagración histórica exige también preguntarnos qué lugar ocupan, en nuestra propia educación, aquellos hombres cuya memoria constituye nuestra identidad.
Tampoco en esta ocasión vemos pronunciamiento alguno de la logia de los “Viudos de Güemes”, ni de algunas de las instituciones donde quienes se proclaman custodios de su memoria se agrupan para el autoelogio y para obtener rédito social, político y hasta económico de la Gesta Güemesiana.
Y ni siquiera eso reclamamos.
Reclamamos algo mucho más sencillo: que quienes se presentan como estudiosos, custodios o continuadores de la memoria güemesiana produzcan alguna vez una acción pública sostenida para difundir los valores espirituales, morales, políticos y cívicos del General Martín Miguel de Güemes.
No cuestionamos que el Congreso reconozca a Bernabé Aráoz. Cuestionamos que nosotros todavía no hayamos decidido enseñar suficientemente a Güemes.
Y no deja de resultar paradójico que esa ignorancia generalizada que denunciamos entre los propios salteños acerca de nuestra historia pueda alcanzar también a quienes tienen la responsabilidad de representarnos en el Congreso de la Nación. Porque tampoco hemos visto de parte de nuestros senadores una acción sostenida en favor de la difusión popular del privilegio histórico que significó para Salta haber sido tierra de encuentro, pensamiento y acción de los tres grandes hombres que marcaron el destino de la Independencia: San Martín, Belgrano y Güemes.
Queda claro que esto no es una cuestión de partidos; ni de libertarios, peronistas, radicales o saencistas. Es una cuestión de memoria e identidad histórica.
Porque la historia no se defiende solamente votando declaraciones en el Congreso. Se defiende enseñándola. Se defiende estudiándola. Se defiende haciendo que un niño salteño pueda comprender por qué Güemes murió y por qué su muerte tuvo sentido dentro de una idea mucho más grande que su propia existencia.
Por eso, la pregunta final no está dirigida solamente a nuestros senadores nacionales, sino a toda la dirigencia salteña y a los “Viudos de Güemes”.
Si nuestros representantes nacionales -sean del signo que sean- coinciden en que Bernabé Aráoz merece el título de Héroe Nacional, ¿podremos conseguir alguna vez que nuestros representantes provinciales coincidan en algo mucho más elemental: que Güemes merece una cátedra permanente en las escuelas de Salta?
Porque quizás el verdadero problema no sea que el Senado haya declarado Héroe Nacional a Bernabé Aráoz. Quizás el verdadero problema sea que todavía no hemos aprendido a enseñar quién fue Güemes.
