Manuel Belgrano y la obra esotérica prohibida por la Iglesia de Manuel Lacunza

POR ERNESTO BISCEGLIA. – La historia argentina tiene todavía muchos detalles por profundizar y difundir. Lo que conocemos como “historia argentina”, acaso no sea más que un compendio concebido para dar una idea genérica de los orígenes de este país tan joven en términos históricos, tanto que ni siquiera los argentinos han podido consolidar ni un gobierno ni mucho menos un sistema de gobierno claro y decente.

En aquel contexto político y polémico de 1810, se halla el joven Manuel Belgrano, un niño bien, hijo de un acaudalado importador de aceite, educado en Europa y que obtuvo permiso del Papa Pío V para leer, nada menos, que los libros censurados por la Iglesia Católica. A su regreso de Europa pudo dedicarse a ser un “bon vivant” con la fortuna familiar y su puesto de Secretario vitalicio del Consulado. Pero se avivaba en Belgrano la idea de Patria, de Soberanía y de Libertad, de modo que aquello era más importante