Los políticos en Salta son invertidos

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

La cuestión planteada nos exige una necesaria exégesis sobre el significado del término acusatorio: Invertidos porque, tiendo a pensar que la poca o ninguna preparación cultural de no pocos hombres y mujeres públicos, los sitúen en un sitio primario de pensamiento y crean que uno se refiere a una cuestión de índole sexual. Entonces cabría aquí un viejo dicho: “Dime qué piensas y te diré qué pretendes ser”.

Para decepción de más de uno que ingresará a la nota pensando en hallar un catálogo de funcionarios de doble vida, diremos que iremos en busca de la etimología de “invertidos”, por ejemplo. Dícese, de tal, aquello que está  «puesto al revés», «alterado en su orden natural» o «vuelto hacia otro lado”; es decir, algo que está dado vuelta respecto de lo que se considera normal o esperado.

Hablo de una inversión más profunda y más peligrosa: La inversión del tiempo histórico.

En cualquier sociedad normal y con un pensamiento más desarrollado la política discute el futuro y utiliza el pasado como referencia. En Salta ocurre exactamente lo contrario: se discute el pasado y se utiliza el futuro apenas como decoración de campaña.

Mientras el mundo debate inteligencia artificial, biotecnología, automatización y concentración global del conocimiento, nuestra dirigencia sigue enfrascada en discusiones que para un joven de veinte años tienen la misma proximidad emocional que las guerras púnicas.

Los políticos -por así llamarlos- en Salta son invertidos porque miran hacia atrás en lugar de hacia adelante y dedican más tiempo a las discusiones fútiles que a los problemas presentes. Son invertidos porque hablan de dirigentes muertos mientras ignoran profesiones que están muriendo. Invertidos porque creen que la tecnología es un asunto secundario cuando probablemente determinará quién tendrá trabajo, riqueza y poder durante las próximas décadas.

El escenario es propiamente dantesco. En la Divina Comedia, Dante Alighieri, coloca a los adivinos, magos y profetas falsos en la cuarta bolgia (foso) del octavo círculo del Infierno (Malebolge), donde su castigo es justamente llevar la cabeza girada hacia atrás, de modo que avanzan mirando el pasado y no pueden ver lo que tienen delante. O sea, van invertidos.

Incapaces de mirar lo que viene, observan obsesivamente lo que fue. Mientras el mundo discute nuevas formas de poder, ellos siguen librando batallas por Perón, Alfonsín, Balbín o los fantasmas de los años setenta. Creen marchar hacia el futuro, pero en realidad sólo contemplan el pasado. Y nadie puede conducir a una sociedad hacia donde no se atreve a mirar.

La dirigencia salteña avanza cronológicamente hacia el futuro, pero intelectualmente mira hacia el pasado. El calendario marca 2026, pero buena parte de la conversación política todavía transcurre en 1970.

El panorama es desalentador y peligroso, porque tal vez el problema no sea que los jóvenes ya no conozcan a Perón. Tal vez el problema sea que muchos dirigentes todavía no conocen el siglo XXI.

© – Ernesto Bisceglia