Llegó el fin del servicio doméstico: NEO, la mucama que no se embaraza del patrón (Mirá el VIDEO)

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

¡Ah, la Salta aldeana y provinciana, donde las inveteradas costumbres comienzan a caer por imperio de la tecnología! Aquellas viejas costumbres de tener personas al servicio de los menesteres del hogar pasarán a ser anécdotas. Las empleadas domésticas que nos traían los chismes del barrio luego de hacer las compras, que eran confidentes de la patrona, en fin… todo eso será reemplazado por NEO.

Porque hubo un tiempo —no tan remoto— en que el servicio doméstico no sólo limpiaba la casa: ordenaba la vida familiar, sostenía rutinas, criaba hijos ajenos y conocía secretos que ningún notario hubiera sabido archivar. La mucama era, según el caso, confidente, segunda madre, testigo silencioso y, en demasiadas historias no escritas, víctima estructural.

Ese mundo se termina. Llega NEO, el robot doméstico integral: no se enferma, no reclama aguinaldo, no pide aumento, no se sindicaliza, no tiene memoria ni rencor. Barre, lava, cocina, obedece. La mucama perfecta. El sueño húmedo del capitalismo tardío… perdón, del hogar inteligente.

Con NEO desaparece algo más que una relación laboral: se extingue una escena cultural. Aquella convivencia prolongada que hacía del servicio doméstico una figura casi familiar. “Está con nosotros desde hace veinte años”, se decía, como quien habla de un mueble antiguo con alma.

Pero una pregunta -entre otras pero que es incómoda, histórica, nada ingenua- nos corroe el yeyuno: ¿Qué haremos ahora con la versión local del derecho de pernada donde el señor o el hijo del patrón se acostaba con la mucama?

No es poca cosa, porque ahora:

NEO no seduce.

NEO no calla.

NEO no queda embarazada.

NEO no soporta abusos ni guarda silencios.

NEO no carga culpas ajenas.

Y lo más importante; NEO, no es peronista.

Con NEO se acaba también esa hipocresía doméstica tan latinoamericana: la moral en el comedor, la transgresión en la cocina. El robot limpia el piso, pero deja la conciencia sucia al descubierto.

Tal vez el progreso no sea sólo tecnológico. Tal vez, sin proponérselo, NEO venga a dejar sin coartada ciertas tradiciones vergonzantes. Y eso, más que miedo, debería darnos pudor.

Porque si el futuro nos quita incluso la posibilidad de repetir viejas miserias, quizá no sea tan distópico después de todo.