ERNESTOBISCEGLIA.COM.AR – POR ERNESTO BISCEGLIA. – Vivimos en tiempos donde la repetición ha reemplazado al razonamiento y la obediencia ciega se disfraza de virtud. Hoy, unos cuantos diseñan el qué, el cómo, el para qué y sobre el quiénes, deben ser los actores de la política, por eso, los liderazgos naturales han fenecido.
Se nos impone un relato único, una verdad inapelable que no admite matices ni cuestionamientos. En la política, en los medios, en la sociedad, el pensar y el pensamiento se han convertido en un acto de riesgo, y quien se atreve a desafiar estos dogmas es señalado como un disidente, un hereje cívico de la posmodernidad.
También como un hereje religioso, porque los jerarcas religiosas luchan por mantener su cuota de incidencia en el poder, aunque la retirada de los fieles ya es una realidad inapelable. No admiten que el dogma está cediendo ante el avance de la espiritualidad.
Pero si la historia nos ha enseñado algo, es que toda verdad absoluta es, en realidad, una estructura de poder que se sostiene en la complacencia de quienes la aceptan sin preguntar. Las grandes transformaciones no vinieron de quienes siguieron el rebaño, sino de aquellos que, contra todo pronóstico, se atrevieron a pensar por sí mismos.
Hoy, el pensamiento crítico es el último bastión de resistencia frente a la domesticación de la conciencia. No se trata de ser opositores sistemáticos ni de rechazar por deporte, sino de cuestionar con inteligencia, de desarmar discursos, de mirar más allá de lo que se nos dice.
Cuando vemos “políticos” que usan las redes sociales sólo para agitar denuncias sin fundamento, expresar frases sin contenidos o realizar promesas imposibles, advertimos que la política está en terapia intensiva.
Porque el dogma no es sólo un problema de los autoritarismos explícitos. También se instala en las democracias cuando el miedo a la incomodidad, a la corrección política o al rechazo social impide decir lo que realmente se piensa. El resultado es una sociedad anestesiada, donde las ideas no circulan, sino que se repiten mecánicamente como consignas vacías.
Hoy, más que nunca, la herejía es necesaria. No la herejía del capricho ni del escándalo fácil, sino la del pensamiento genuino, la que se niega a aceptar sin entender, la que desafía con argumentos y no con eslóganes. Porque sólo quienes piensan, realmente cambian la historia.
Ernesto Bisceglia Consultores: Cuestionar para entender. Pensar para transformar.