POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Sin dudas que el episodio más escabroso de la historia política contemporánea es el robo de las manos del general Juan Domingo Perón. El hecho, el botín obtenido, los mensajes encriptados, las misteriosas muertes posteriores y el enigmático “Hermes IAI y los 13”, constituyen facetas de un hecho que promete quedar como un misterio sin resolver.
La profanación de la tumba de Juan Domingo Perón fue descubierta oficialmente el 29 de junio de 1987, aunque los peritajes sostuvieron que el hecho pudo haberse producido algunos días antes. Los delincuentes ingresaron a la bóveda familiar del cementerio de Chacarita, mutilaron el cadáver y se llevaron las manos, además del sable, la gorra militar y otros objetos personales. Poco después llegó una carta reclamando ocho millones de dólares firmada por un nombre que parecía salido de una novela esotérica: “Hermes IAI y los 13”.
Esa carta le fue enviada a tres dirigentes peronistas: Carlos Grosso, Saúl Ubaldini y Vicente Leónidas Saadi. Estaba escrita a máquina y era una extorsión para devolver lo robado.

Ahora… ¿Quién era “Hermes”? Sabido es que Hermes era el dios griego de los secretos, una figura importante en el mundo del esoterismo y la masonería. ¿Fue entonces un robo de carácter político o vinculado al secreto mundo de las relaciones espirituales del bajo astral? O ambos. El poder, siempre ha convivido con lo esotérico se nutre de elementos que pertenecen a las Logias masónicas, algunas son meramente especulativas y otras que además de operativas abrevan en los límites del inframundo
La Logia italiana P2 y la figura de Licio Gelli “El Titiritero”
En nuestro último Libro “1976 – La verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad”, dedicamos un extenso parágrafo al análisis de las relaciones entre el “Venerable Licio Gelli” y Juan Domingo Perón. La Logia Propaganda Due (P2), se consideró como un desprendimiento de la masonería tradicional, tal vez, un intento a la italiana de competir con su logia madre británica. En los hechos, la P2, fue una estructura clandestina que funcionó como una suerte de Estado paralelo italiano y que manejaba servicios de inteligencia, militares, financistas, mafia, relaciones carnales con el Estado Vaticano. De orientación de extrema derecha tuvo que ver en operaciones internacionales durante la Guerra Fría.

Licio Gelli, presumía de haber iniciado a Perón en la masonería en junio de 1973, en su residencia de Puerta de Hierro, Madrid. Los contactos del italiano con la Iglesia Católica que más tarde terminarían en un escándalo internacional donde el presidente del Banco del Vaticano, el cardenal, Paul Marcinkus, no podría poner jamás un pie fuera del Vaticano porque tenía pedido de captura de Interpol, así como la caída del Banco Ambrosiano, sumado a la misteriosa muerte de alto prelado dentro del Palacio Apostólico, le servirían para lograr la restitución del cuerpo de Eva Perón, que se hallaba sepultado en el cementerio de Milán bajo el nombre de María Gorini y bajo custodia de la Iglesia.
Los buenos oficios de Gelli, permitieron la exhumación del cadáver de Eva Perón y su traslado discreto por vía automovilística desde Italia a España. También, Gelli, articuló los contactos internacionales que permitieron el retorno de Perón a la Argentina y operó como puente con sectores europeos durante el exilio madrileño.
Todos estos “favores”, le valieron a Licio Gelli, ser condecorado una semana después de asumir su tercera presidencia por Perón con la Gran Cruz de la Orden del Libertador San Martín, la más alta condecoración que otorga el país.

Los perturbadores ribetes esotéricos del robo de las manos de Perón
En este punto ingresamos en un terreno fascinante, donde la investigación criminal se mezcla con la simbología hermética, la masonería desviada, el ocultismo político y la teatralidad mafiosa. No como afirmación histórica comprobada, sino como atmósfera narrativa. Y en esa atmósfera, “Hermes IAI y los 13” parece deliberadamente diseñado para provocar escalofríos.
“Hermes”, desde luego, no es un nombre inocente. En la tradición griega, Hermes es el dios mensajero, el intermediario entre mundos: el de los vivos y los muertos, el cielo y el inframundo. Pero además, en el esoterismo occidental, Hermes Trismegisto es la figura mítica asociada al conocimiento secreto, la alquimia, las sociedades iniciáticas y la tradición hermética. La palabra “hermético” proviene justamente de allí: lo oculto, lo reservado a los iniciados.
Y entonces la firma del mensaje adquiere otro tono, no parece la rúbrica de delincuentes comunes, sino la escenografía de una cofradía que desea ser percibida como iniciática.
Eso vuelve inquietante la mutilación de las manos como “vehículo de poder”. Las manos firman, sellan, bendicen, saludan, ordenan. Son el instrumento visible de la voluntad política. En casi todas las tradiciones esotéricas, las manos representan acción y autoridad.
Perón mutilado deja entonces de ser solamente un cadáver profanado y se convierte en un rey simbólicamente despojado de su potestad.
Y luego aparece el número “13” que tiene un peso enorme en el imaginario ocultista porque en el tarot es el arcano de la Muerte; representa transformación y tránsito. Suele asociarse a ciclos que terminan violentamente y en muchas tradiciones masónicas desviadas o pseudoesotéricas aparece ligado al secreto y a los grupos cerrados.
La versión “política” de por qué robar las manos
Según distintas versiones periodísticas y testimoniales nunca plenamente corroboradas, Gelli le habría exigido a Perón -ya presidente- beneficios económicos y contratos para grupos empresarios vinculados a sus intereses. Y Perón le habría respondido:
“Antes de firmar algo que perjudique a mi patria, prefiero cortarme las manos.”
Décadas después, alguien le cortaría las manos al cadáver. En ese punto se completa el mito. No como prueba judicial, sino como símbolo mafioso. La vieja lógica siciliana de la advertencia ritual. La mutilación como mensaje póstumo. Un ajuste de cuentas ejecutado sobre el cuerpo convertido ya en emblema político.
Más allá del botín político, el hecho de que se llevaran específicamente las manos, el sable y parte del uniforme sugiere un metamensaje de desarticulación del poder. Algunos investigadores sugieren que fue una operación de la «mano de obra desocupada» de los servicios de inteligencia de la dictadura para desestabilizar el gobierno de Alfonsín.
La sucesión de muertes misteriosas
El caso, además, está salpicado por un reguero de cadáveres. El muerto más significativo es el Juez Jaime Far Suau, quien llevó la causa con determinación durante un año y medio y terminó falleciendo en un “accidente” luego de un extraño vuelco en una ruta de la Patagonia junto a su esposa. Tras su muerte, la investigación se paralizó.

Más tarde, Luis Paulino Lavagna, uno de los serenos del cementerio de la Chacarita, fue encontrado asesinado a golpes.
Alguien que tocaba tangencialmente al suceso, María del Carmen Melo, una mujer que visitaba diariamente la tumba de Perón, también fue asesinada violentamente.
Y el comisario Carlos Zunino, que investigaba el caso, sobrevivió milagrosamente a un disparo en la cabeza durante un presunto intento de robo
Así, entre logias, servicios secretos, cadáveres errantes, mensajes herméticos y muertos sospechosos, el robo de las manos de Perón terminó ingresando definitivamente en la mitología negra argentina.
Tal vez nunca sepamos quién ejecutó aquella profanación. Pero acaso lo verdaderamente inquietante sea otra cosa: comprobar hasta qué punto, en la Argentina, el poder sigue operando incluso después de muertos sus protagonistas.
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