ERNESTOBISCEGLIA.COM.AR – POR ERNESTO BISCEGLIA. – La formación militar enseña que las órdenes superiores no se discuten. “El subordinado no piensa, ejecuta”, suele decirse. Porque para pensar “Está el superior”. Esto es un axioma básico en toda Fuerza Armada. Sin embargo, la teoría en la práctica no siempre es atendible. Y precisamente, el caso del General Manuel Belgrano, a la hora de resolver cómo operar en el terreno del norte, decidió desobedecer una orden superior -la del gobierno de Buenos Aires-, que como él mismo lo pensó, de ejecutarse: “Las provincias del norte se pederán”, como afirmó.
La historia militar está llena de casos en los que la desobediencia a órdenes superiores ha resultado ser la clave para la victoria. Precisamente, uno de los ejemplos más emblemáticos en la historia argentina es la Batalla de Salta, librada el 20 de febrero de 1813, donde Manuel Belgrano decidió ignorar la orden de Buenos Aires de replegarse hasta Córdoba y, en cambio, avanzó sobre el enemigo. Su decisión no sólo aseguró una victoria crucial, sino que también consolidó la presencia patriota en el norte.
El contexto estratégico
Para principios de 1813, el Ejército del Norte, bajo el mando de Belgrano, había obtenido un importante triunfo en la Batalla de Tucumán (24 de Setiembre de 1812), con el triunfo previo del Combate de Río Piedras (3 de Setiembre de aquel año), que había levantado la moral de la tropa. Sin embargo, desde Buenos Aires, el gobierno temía que una contraofensiva realista pudiera ser devastadora, por lo que le ordenó a Belgrano retroceder hasta Córdoba. Este movimiento significaba, en la práctica, el abandono del norte argentino, entregando el control de Salta y Jujuy a las fuerzas del brigadier realista Pío Tristán.
La orden respondía a intereses políticos y económicos de la dirigencia porteña, más preocupada por proteger su influencia que por sostener la lucha en la frontera norte. Pero Belgrano, consciente de que una retirada significaría la pérdida de apoyo en las provincias y un retroceso estratégico insalvable, decidió ignorarla.
La decisión de Belgrano
Conviene imaginar qué pensamientos habrán transitado por la cabeza del noble Belgrano ante esa encrucijada. Por un lado, tener que desobedecer una orden superior y por otro, saber que una derrota en los Campos de Castañares representaría la puerta abierta al paso irrestricto de los realistas.
Así, Belgrano, basado en la información de sus oficiales y en su propio juicio como jefe en campaña, optó por avanzar hacia Salta en lugar de replegarse, luego del triunfo en Tucumán. Su estrategia se basó en tres elementos clave:
El factor sorpresa: En lugar de ceder la iniciativa al enemigo, Belgrano decidió tomar la ofensiva y atacar antes de que los realistas pudieran reorganizarse.
El aprovechamiento del terreno: La batalla se libró en la periferia de Salta, en un campo que permitía una mejor maniobrabilidad de las tropas patriotas, tras trasponer por caminos inexistentes detrás de los cerros que rodeaban a la Ciudad de Salta. La columna patriota debió avanzar por el sector de La Lagunilla, batiendo montes y bajo una lluvia torrencial.
La moral de las tropas: El Ejército del Norte había sido reabastecido y motivado tras la victoria en Tucumán. Un repliegue podría haber mermado su moral y la confianza de los pobladores en la causa.
El desarrollo de la Batalla
Aquella mañana húmeda y calurosa del 20 de febrero de 1813, las fuerzas patriotas atacaron a las tropas de Tristán en las inmediaciones de Salta. La batalla se resolvió en pocas horas gracias a una hábil combinación de fuego de artillería y ataques de infantería bien coordinados. Los realistas, sorprendidos y superados en táctica, capitularon. Tristán, reconociendo la superioridad del enemigo y la imposibilidad de resistir, se rindió junto a sus tropas, permitiendo a Belgrano tomar la ciudad sin necesidad de un asedio prolongado.
La desobediencia que salvó el Norte
El caso de Belgrano demuestra que, en la guerra, la realidad del campo de batalla puede hacer que una orden política se vuelva inoperante. Su decisión de desobedecer al gobierno central no fue un acto de insubordinación irresponsable, sino una muestra de liderazgo y visión estratégica.
Si Belgrano hubiera cumplido la orden de retirarse a Córdoba, los realistas habrían consolidado su dominio sobre el noroeste argentino y la causa revolucionaria habría sufrido un golpe fatal. En cambio, su audaz maniobra permitió no sólo una victoria decisiva, sino también la reafirmación del control patriota en el norte.
Fue, precisamente, la jornada del 20 de Febrero de 1813, la que más tarde, cuando Belgrano regresara tras las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, y entregara el mando del Ejército del Norte, al General José de San Martín -en 1814-, quien venía acompañado de Martín Miguel de Güemes, permitiría al Prócer Gaucho, desplegar su estrategia de contención que repelió a todas la invasiones realistas posteriores. Sin el triunfo de Salta, la Causa de la Independencia, tal vez, habría sido un sueño postergado por largo tiempo más.
Este episodio nos deja una enseñanza fundamental en la historia militar: que la capacidad de un comandante para adaptarse a las circunstancias y actuar con autonomía es tan vital como la disciplina.
La Batalla de Salta fue un claro ejemplo de que, en ciertos momentos, la desobediencia puede ser el único camino hacia la victoria.-