POR: EVARISTO DEL CARRIL ANCHORENA UNZUÉ – (Jefe de Redacción – cuando lo dejan) – www.ernestobisceglia.com.ar

En verdad os digo, que la mejor experiencia sociológica que me ha ocurrido a lo largo de mi extensa trayectoria como investigador de los comportamientos humanos, ha sido venir a residir en Salta. Porque en este lugar es posible hallar ejemplos inusitados, incluso desproporcionados, de los alcances que pueden llegar a tener las desviaciones espirituales y mentales de algunos individuos.
En Salta, todo es aparente. Incluso la fe. He observado, por ejemplo, que sois muy dispuestos a reuniros en manifestaciones multitudinarias donde observo la paradoja de que forman cuadros de seguridad en rededor de los ídolos a los que rezan “sois nuestros y nosotros somos tuyos”, pero “los tuyos” quedan todos fuera de esos cordones y dentro es posible observar a ciertos ejemplares a quienes los uniformados que los rodean deberían aprovechar para capturarlos. No se comprende muy bien esto.
Sin duda, que el mayor problema de Salta es el catolicismo; bueno, o la interpretación que hacen allí de las Escrituras. Todo demuestra un apego vuestro al cultivo -o al culto, más bien- de la necrofilia política, porque asocian la realidad a eventos místicos. El culto a los muertos, por ejemplo, tan difundido entre las culturas ancestrales -y allí encuentro otro aspecto paradójico-, es un fenómeno muy presente, mientras que en latitudes más avanzadas está prohibido por la Iglesia Católica.
En Salta, no sólo es permitido, sino hasta fomentado por el gran mitrado, que también participa de esta condición metafísica de habitar entre vosotros siendo un cadáver. En este caso eclesiástico. Eso sí, hay que decirlo, es hombre muy apegado a los dictados del culto porque en eso de darle al pan (comida) y el vino, observando el “Haced esto en memoria mía”, es de cumplir a pie juntillas.
Especialmente lo del vino y luego darse a manejar. Como muerto que es, ni papeles lleva y es lógico que así sea porque en el Más Allá no se valen las ordenanzas públicas.
Pero donde esta cuestión de la necrofilia es más evidente, es en la política. Sobre todo, en esa favela que llaman PJ intervenido, donde hay más resurrecciones que en la tumba de Lázaro. Y nos enseña la Escritura que la tumba de Lázaro “hiede mal, porque ya hace cuatro días que está muerto”. Dicen quienes han pasado por la puerta que en verdad el olor que despide ese lugar es fétido; ahora no sabemos si se debe a que es una tumba colectiva o porque los “compañeros” no se bañan.
Ahora…, lo más interesante de estudiar es que -dicen- que recientemente en esa salamanca se ha celebrado un aquelarre donde han asistido faunos, sátiros y ninfas, dríades y oreades, que obviamente no eran “parejas” formales porque la mitología no es un registro civil, pero igual que en los bosques del Olimpo, se respira erotismo y misterio. Todo en estado salvaje, claro. Quienes han podido observar esta ceremonia pagana, más parecida a un convite diabólico -señalan-, habría sido presidido por un émulo de Pan, aquel con cuerpo semejante a un humano, pezuñas y lo más llamativo, cuernos en la cabeza.
Sabemos los que hemos estudiado la mitología, que Pan llevaba siempre una flauta en la mano. ¿Será que en el PJ intervenido la usan para encantar a las ratas y que los sigan?
Por fin, os diré, que lo más llamativo es que hayan celebrado esta noche de invocaciones y conjuros en las cercanías de la Pascua de Resurrección. Al consultar el “Pseudomonarchia Daemonum”, aquel famoso Códex que lista y jerarquiza demonios con instrucciones para evocarlos, concluimos que efectivamente se trató de un “misteriusus cum clavis”, celebrado para resucitar al ser de las pezuñas y los cuernos, a quien invistieron como presidente de ese autoproclamado “PJ intervenido”.
Lo que nos produce urticaria en el recto, es que tratándose de estudiar a estos seres del “PJ intervenido”, nos queda la duda si hemos de acudir a la ciencia de un exorcista, o bastará con buscar a un entomólogo.
Ahora, con la cosa más esclarecida, sabemos que los seres del inframundo y del más bajo astral, tienen como misión la de conspirar contra todo orden establecido por los humanos, que por ahí tampoco es tan ordenado, por supuesto. Pero cuentan las mentas que estos seres han vociferado que su misión será la de tirar abajo el gobierno del “Rabí” Javier Milei.
Y así las cosas, dejo asentada esta crónica como notitia criminis, no tanto para los tribunales de los salteños -ocupados como están en administrar sus propias ruinas y ruindades– sino para quien todavía lleve la contabilidad del ridículo en este valle de sombras.
Porque si en esa tumba pública de Lázaro se conspira “contra las autoridades legítimamente constituidas”, como diría Perón; si en esa salamanca partidaria se invoca lo que jamás debió volver a caminar, acaso no haga falta llamar a elecciones, sino a un sacristán con buen pulso que toque a rebato mientras arden las últimas certezas.
No sea cosa que, entre flautas de encantador, resurrecciones de utilería y aquelarres de comité, terminen creyéndose inmortales.
Y ya se sabe -aunque finjan ignorarlo- que todo lo que hiede no sólo se pudre: también estalla.
En cuanto a la supuesta tumba del gobierno de Javier Milei, convendría no exagerar: a veces los sepultureros, en su fervor, no entierran gobiernos… Se entierran a sí mismos, con una eficacia digna de estudio clínico. –
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