Horas ominosas

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

El mundo atraviesa horas ominosas. No por un único hecho, no por un estallido espectacular que pueda fecharse con precisión en los manuales futuros, sino por una suma inquietante de tensiones que se superponen y se retroalimentan.

No se trata de ser fatalista ni mucho menos apocalíptico, ninguna guerra es “total”; antes de disparar el primer misil hay meses -años- de cálculos de todo tipo, porque las guerras nunca son para acabar con un enemigo sino para cambiar el sistema global.

Un dato es interesante de observar: Estados Unidos ha sentido el golpe económico y energético que significan los “Briks”, en un mundo multipolar, la antigua potencia mundial siente que le arrebataron una buena porción de poder y dominio.

El panorama se divide en dos: la antigua alianza anglosajona e Israel -que fue fruto de esa entente después de la Segunda Guerra Mundial- y el nuevo bloque donde forma Rusia, la potencia emergente -China- y aliados como Corea del Norte y algunos otros países como Brasil en Sudamérica.

No es casual que la primera medida de Donald Trump al asumir la presidencia haya sido imponer aranceles a todo el mundo, incluso a una isla donde sólo habitaban pingüinos. A la anexión encubierta de Venezuela para manejar el petróleo de la mayor reserva sudamericana, le faltaba controlar el petróleo y el gas del Golfo Pérsico, cuyo mayor demandande es, precisamente, China.  

Los conflictos regionales hasta aquí se podría decir que fueron experiencias para medir fuerzas. Era necesario anexar Gaza y Hamás resultó un buen argumento donde la sombra de Irán se proyectaba en el sostenimiento de los grupos terroristas. Europa se desgasta con la pulseada entre Ucrania y Rusia, mientras China intenta hacerse con Tawián. En ese escenario, la mayor potencia de occidente calculó costos y límites.

Nada de esto es nuevo. Lo nuevo es la simultaneidad. La sensación de que varias placas tectónicas se mueven al mismo tiempo, y que ese orden internacional nacido tras la Segunda Guerra Mundial cruje sin que aparezca todavía un reemplazo claro.

¿Qué podemos esperar en los próximos días? Más tensión. Más declaraciones altisonantes. Alguna escalada puntual y, luego, intentos diplomáticos por evitar lo irreversible. Las grandes potencias no desean -al menos por ahora-una guerra total. Pero tampoco parecen capaces de ofrecer una paz estable.

Las horas ominosas no siempre desembocan en catástrofes. A veces sólo inauguran épocas más ásperas. El problema es que las sociedades modernas, acostumbradas a la ilusión de estabilidad permanente, suelen confundir normalidad con garantía.

Y la historia -esa vieja maestra severa, como diría Cicerón- nunca otorgó garantías.

© – Ernesto Bisceglia

Ernesto Bisceglia es periodista, escritor y docente. Autor de una extensa producción ensayística y narrativa sobre historia argentina, pensamiento político y cultura cívica, cuenta con más de veinte obras reconocidas algunas con premios nacionales e internacionales. Como columnista y conferencista, aborda el presente desde una perspectiva histórica orientada a comprender las transformaciones del poder y la identidad argentina. Dirige www.ernestobisceglia.com.