¡Han elegido a un asno!

ERNESTOBISCEGLIA.COM.AR – POR ERNESTO BISCEGLIA. – La historia está llena de ironías amargas, pero pocas tan simbólicas y apropiadas como la de Jacques Fournier, el inquisidor francés que justificó la tortura de herejes con un tratado sobre el Sermón de la Montaña. Al ser elegido Papa en 1334 bajo el nombre de Benedicto XII, reaccionó con brutal sinceridad: «Han elegido a un asno». Sabía que el poder implicaba una responsabilidad enorme, pero también la tentación de la infalibilidad y el exceso.

Hoy, la Argentina se estremece ante un escándalo de proporciones históricas que, más allá de su impacto político, pone en debate valores fundamentales que deberían ser dogmas cívicos inquebrantables. La República es, o debería ser, una deidad cívica ante la cual todos debemos inclinarnos. Sin embargo, el presidente Javier Milei ha cometido un acto inexcusable, que podría catalogarse de error, pero que en realidad es una afrenta a la confianza pública.

Aquella frase de Fournier resuena con inquietante actualidad. No porque Milei tenga la autoconciencia de aquel inquisidor medieval, sino porque su ascenso al poder ha estado marcado por una peligrosa autojustificación y una sensación de impunidad que deforman la realidad. Como en tiempos de la Inquisición, un discurso que debía ser de justicia y libertad se convierte en excusa para la persecución y la intolerancia.

Argentina no ha conocido antes una dialéctica presidencial tan violenta e injuriosa. Frases como “los iremos a buscar a donde sea” evocan un autoritarismo que creíamos superado. Frente al escándalo, la pregunta inevitable es: ¿El voluntarismo puede minimizar lo sucedido? ¿Puede un presidente incendiar su propia urbe como un moderno Nerón?

Milei intenta desdoblarse entre su figura presidencial y la del ciudadano Javier Milei. Argumenta que sus declaraciones en redes sociales son personales, pero lo cierto es que, durante cuatro años, es el presidente de la Nación. Y si, como economista, promueve una criptomoneda fraudulenta, incurre en una mala praxis inaceptable. ¿Será que el Premio Nobel de Economía, ahora, quedará vacante?

Las ideas de la Libertad y la “Batalla Cultural”

La Libertad Avanza enarbola dos consignas: «Las ideas de la Libertad» y la «batalla cultural». Pero ¿cuáles son esas ideas? Los radicales tuvieron el discurso de la cancha de pelota de Alem como síntesis de sus principios, el peronismo tuvo sus 20 Verdades. ¿Dónde está la síntesis ideológica de La Libertad Avanza? Hasta ahora, sólo repiten consignas vacías, sin definiciones claras. Como bien sentenció Madame Roland antes de ser guillotinada: «¡Oh, libertad! ¡Cuántos crímenes se cometen en tu nombre!».

Y sobre la cacareada «batalla cultural», la respuesta de sus seguidores suele reducirse a una sola frase: «Para que los kukas no vuelvan más». Pero la política es mucho más que un eslogan simplista. Al carecer de un ideario claro, La Libertad Avanza se apoya en la ignorancia política de gran parte de su militancia, incapaz de sostener un debate serio.

“Me equivoqué y qué…”

Tras el escándalo con la criptomoneda, Milei intenta autoabsolverse. Se presenta como un cruzado contra la casta, el socialismo y el Estado opresor, pero bajo esa retórica belicista se esconde otra realidad: un gobierno que justifica lo injustificable, manipula la verdad y pone a periodistas a sueldo para torcer la realidad según su conveniencia. ¿No es esto lo mismo que hizo Fournier cuando usó las palabras de Cristo para enviar a la hoguera a los herejes?

El problema no es solo Milei, sino el poder y sus efectos. Los líderes, una vez en el trono, se convencen de que su causa es sagrada, que sus excesos están justificados y que sus enemigos deben ser erradicados. Es la misma trampa en la que han caído tantos a lo largo de la historia: el poder absoluto genera la certeza absoluta de que todo está permitido.

Desde la Inquisición hasta hoy, la táctica ha sido la misma: reescribir la verdad para adaptarla a los intereses del poder. Fournier usó la religión para quemar herejes; La Libertad Avanza usa la libertad para justificar la persecución y la manipulación. Y, como en el siglo XIV, lo peor no es el cinismo del poder, sino la docilidad de quienes lo aceptan.

Tal vez Milei nunca diga en voz alta lo que dijo Fournier. Quizás ni siquiera tenga la lucidez de reconocer que el poder lo ha transformado en aquello que decía combatir. Pero la historia ya lo grita por él: ¡Han elegido a un asno!