El suicidio como geopolítica: las decisiones estatales que cuestan vidas

POR: Lic. RODOLFO CEBALLOS – www.ernestobisceglia.com.ar

El suicidio a menudo se presenta como un problema único asociado con la depresión u otros trastornos mentales. Pero ese no es el único punto de vista, hay otro, más político y geográfico.

La geopolítica es crucial para conocer la naturaleza del suicidio en América Latina. Urge entender cómo actúa el poder en función del territorio, de las decisiones políticas y de las desigualdades internacionales. Por ejemplo, hay países que viven el ajuste perpetuo para pagar su deuda externa y reducen los fondos de la salud pública.

En la rutina del ejercicio del mando, los gobernantes olvidan que las personas dependen de las decisiones que el Estado hace impactar en sus vidas.
Como ha dicho la Organización Panamericana de la Salud (OPS), las Américas son la única región del mundo que han experimentado un aumento en la tasa de suicidios en los últimos años.

Argentina, como forma parte del bloque de Latinoamérica, le incumbe el alza en los suicidios y, por ende, también a Salta.
Hay evidencia de que el suicidio no puede reducirse a la voluntad individual de los ciudadanos: depende de las decisiones de salud de cada nación y de cómo se cuida la salud mental de los más frágiles.

La geopolítica moderna ofrece marcos referenciales útiles para la comprensión del fenómeno. Esta disciplina marca las prioridades estatales que dertminarán luego si la prevención del suicidio se convierte en política pública o queda relegada.

La prevención del suicidio puede relacionarse con la geopolítica ya que las decisiones sanitarias de cada Estado están condicionadas por su posición territorial, sus recursos y su modelo político. En otras palabras, la capacidad de un país para cuidar la salud mental de su población vulnerable depende de cómo distribuye poder y recursos en el mapa regional y global.

La perspectiva desde la concepción geopolítica del llamado “sistema-mundo” ilumina el por qué algunos países emergentes y periféricos con desigualdades estructurales no pueden superar sus problemas de salud mental.

La geopolítica crítica con su aporte, analiza cómo el discurso estatal y mediático invisibiliza o estigmatiza el suicidio. 

La geopolítica crítica no se limita a estudiar fronteras o recursos, sino que examina cómo el poder se ejerce a través de discursos y narrativas. En este caso, su aporte consiste en mostrar que el suicidio no solo se invisibiliza por tabú cultural, sino porque los Estados y los medios producen relatos que lo ocultan o lo estigmatizan, evitando que se convierta en prioridad política.

La Organización Mundial de la Salud lanzó su campaña de prevención con el lema «Cambiar la narrativa» e «Iniciar la conversación».

El patrón común es el estigma, el tabú y el sistema de creencias. Hay que  desterrar esa conducta social y llegar a la comprensión del fenómeno con sistemas de salud eficientes y eficaces.
La geopolítica de la salud recuerda que el problema del alza de las tasas del suicidio se debe a la distribución desigual de los recursos de la sanidad pública.

La pobreza, el desempleo, la violencia, la discriminación, la desigualdad educativa y el aislamiento psicológico en América Latina se combinan con crisis económicas, migración forzada y desastres ambientales para crear desarraigo, inseguridad y falta de solidaridad.

Un coctel explosivo para disparar las tasas de autolesiones.

La prevención del suicidio tiene asignaturas pendientes: tomarlo con una perspectiva geopolítica, así cada país en el interior de su territorio puede incluir en un plan de salud mental el cuidado profesional a las escuelas, crear comunidades seguras, erradicar el estigma y el tabú, recopilar datos y hacer intervenciones contra la violencia social y empujar el empleo a niveles óptimos.

La OPS sugiere políticas nacionales para coordinar el cuidado de la salud, la educación, el trabajo, la justicia y los medios de comunicación.

La geopolítica, además de ser una herramienta de guerra o frontera, puede también crear la oportunidad de una política para la vida saludable y más preventiva a la hora de actuar frente al suicidio en América Latina.
No se lo ha hecho aún. Lo que pasa es que las decisiones de atención en salud mental de muchos países latinoamericanos son concebidas sin pensar en el bien común. Las politcas sanitarias caen en respuestas tardías y no anticipatorias.

El suicidio en América Latina es tamibén un problema político, de la dirigencia que debe construir un modelo de salud pública a la altura de las circunstancias humanas y sociales de la comunidad que gobiernan.

No hay modelo sanitarista porque la ideología dominante de la dirigencia latinoamericana no concibe la salud mental como parte del proyecto nacional, sino como un tema marginal, simbólico o delegado.

Mientras la política se piense como administración económica o como un personalismo del dirigente, la salud mental seguirá sin ocupar un lugar central.

La salud en general depende de las políticas públicas asumidas, que muchas veces no mantienen el sistema funcionando para proteger a los vulnerables.

La geopolítica aporta al entendimiento del suicidio al menos en tres dimensiones: la territorial, cuando se toma en serio las desigualdades entre regiones. Hay países donde los recursos de sus provincias y servicios son asimétricos y la prevención no está disponible.
Políticamente, el abordaje del suicidio depende de la voluntad estatal y la lucidez de su dirigencia; ambas permiten la coordinación de estrategias y el mantenimiento de sistemas sanitarios a largo plazo y la coherencia de las políticas públicas.

Por último, la dimensión social. La pobreza, la violencia institucional y la exclusión dañan a las personas y erosionan las redes de apoyo al suicidio.

Estas dimensiones que contiene el análisis geopolítico nos ayudan a entender que el suicidio no es solo un problema individual, sino que también es el producto de decisiones estructurales y contextos colectivos que deben integrarse y, por lo tanto, combinarse.

El Estado que acierta en la geopolítica sostiene su gobernanza para gestionar la salud pública con costos menores y resultados mayores.