El regreso de Angueto: Medio siglo después la gente pasea perros imaginarios (Mirá los Videos)

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

Era una tarde -recuerdo-, hace unas décadas, cuando llevé a mi nona a tomar el té al hotel Victoria Plaza, frente a la Plaza 9 de Julio. Serían las cinco de la tarde y cuando miro hacia el ingreso, veo a Carlitos Balá firmando su check out. El día anterior había actuado en Salta en el Estadio Delmi. Me acerco, lo saludo y le digo que la nona quería conocerlo. Inmediatamente se sentó a compartir el te con nosotros. En la mano llevaba la correa de Angueto, su perro imaginario con el que le hacía bromas a la nona.

Hoy resulta que aparecen modas que parecen escritas por un humorista del absurdo. Y, sin embargo, ocurren. La última -nacida en redes sociales y ya practicada en algunas ciudades europeas- consiste en pasear perros imaginarios: personas que salen a caminar con una correa vacía, hablan con un animal inexistente, le dan órdenes y hasta le contratan entrenador. Una performance entre terapéutica, artística y ligeramente delirante.

Nosotros ya tuvimos un pionero, y fue nada menos que Carlitos Balá. Porque mucho antes de que los algoritmos inventaran tendencias, Balá ya paseaba por la televisión a Angueto, su perro invisible.

El animal ladraba, no mordía, no ensuciaba la vereda. Pero obedecía. Y sobre todo, hacía reír.

La locura que asalta a miles hoy en día se llama en prolijo inglés “ghost dog walking” o también “imaginary dog walking”. Los que practican esta tendencia salen con una correa, un arnés vacío, una bolsita para residuos que obviamente jamás usan. Los más “avanzados” incluso simulan dar premios o retar al perro fantasma.

En el climax del absurdo, ya existen clubes para encuentros de perros fantasmas y hasta entrenadores que enseñan a representar mejor la escena. No hay caso, en este tiempo no trabaja el que no quiere.

 Una sátira de la cultura “pet friendly”

Pero si uno mira la historia cultural argentina, descubre que todo esto ya había ocurrido frente a millones de televisores. En los años sesenta y setenta, Carlitos Balá sacaba a escena a Angueto, el perro invisible que sólo él podía ver.

El humor estaba en la complicidad: los chicos sabían que el perro no estaba, pero jugaban a creer.

Balá hablaba con él, lo retaba, lo acariciaba en el aire. Sin saberlo, había inventado inventado el perro virtual, la mascota minimalista,  y, si se quiere exagerar un poco, el primer paseo de perro imaginario de la historia televisiva.

Ventajas del perro imaginario

Esta tendencia enumera beneficios que Angueto ya conocía. Por ejemplo, no necesitamos de un veterinario, no hay pelos en el sillón, no hay vecinos enojados y lo mejor, son baratos porque no necesitan alimento balanceado. ¡Ah! Lo más importante: no envejecen.

Y entonces uno recuerda aquella tarde en el Victoria Plaza. Mi nona riéndose con un hombre que hablaba con un perro que nadie veía. En su mano estaba la correa de Angueto y en la mesa había algo que hoy escasea más que nunca: ingenuidad.

Tal vez por eso, cuando ahora veo que en el mundo pasean perros imaginarios, no puedo evitar sonreír. No es una moda nueva. Es apenas el eco tardío de un viejo chiste argentino.

Porque hace medio siglo, cuando todavía no existían los algoritmos ni las tendencias virales, un hombre con flequillo ya caminaba por la televisión con su perro invisible y hacía reír a todo un país.

Y quién sabe.

Quizás Angueto nunca se fue. Quizás simplemente salió a dar “la vuelta del perro”. –

© – Ernesto Bisceglia

Ernesto Bisceglia es periodista, escritor y docente. Autor de una extensa producción ensayística y narrativa sobre historia argentina, pensamiento político y cultura cívica, cuenta con más de treinta obras reconocidas con premios nacionales e internacionales. Como columnista y conferencista, aborda el presente desde una perspectiva histórica orientada a comprender las transformaciones del poder y la identidad argentina. Dirige www.ernestobisceglia.com.