SALTA – POR ERNESTO BISCEGLIA. – En el día en que la Agrupación Tradicionalista Salta Gauchos de Güemes, cumple 78 años de vida, conviene referir algunos conceptos al protagonista esencial que diera vida a una de las Instituciones más representativas de la Provincia de Salta.
Pensamos y decimos, que son tiempos de balance, donde está en juego un modo de vida argentino. Por supuesto, que no se trata de abroquelarse en una mentalidad cerrada sino avanzar hacia un sincretismo donde la moderna tecnología no nos desdibuje como lo que somos: salteños, un pueblo basado en valores espirituales y patrióticos.
Precisamente, cuando observamos cómo esos valores patrióticos, cívicos y culturales parecen erosionarse frente a la globalización y la inmediatez, el Gauchaje de Salta emerge como un faro que sostiene la identidad y las raíces de una provincia profundamente ligada a su historia y tradiciones. Los gauchos, hombres y mujeres que, desde los alejados parajes de la Puna, el llano, y el agreste bosque chaqueño, siguen labrando la tierra con la misma tenacidad de sus ancestros, se constituyen como los guardianes del espíritu del General Martín Miguel de Güemes.
Es imposible hablar de la historia de Salta sin mencionar la figura de Güemes, líder indiscutible de una Región que fue clave en la defensa de la Patria durante la Guerras de la Independencia. En ese contexto, el Gaucho, tanto ayer como hoy, representa ese espíritu de lucha, sacrificio y compromiso con la tierra. No es sólo un símbolo folclórico; es el motor que ha sostenido las tradiciones y el arraigo cultural en una provincia cuya historia está indisolublemente ligada al patriotismo.
En las extensas tierras del norte argentino, la vida del Gaucho no ha cambiado mucho con el paso de los siglos. Siguen siendo hombres y mujeres trabajadores, orgullosos de su tierra, de su familia y de su papel en la construcción de una comunidad. Su labor en la ganadería, la agricultura y la conservación del medio ambiente no sólo es vital para la economía local, sino que también preserva formas de vida que honran el pasado y conectan con el futuro.
El Gaucho no es sólo aquel que cada 17 de Junio, en ocasión de la Fiesta del Perpetuo Socorro o en las Fiestas Patronales de los municipios se viste orgulloso con su traje de gala y desfila sobre su caballo que recibe a diario un trato de cuidado deferencial, sino que es todavía un defensor de la tierra y de esos valores cívicos que, hoy más que nunca, debemos recordar, sostener y profundizar.
El respeto a la palabra dada, la hospitalidad, el sentido de justicia y la solidaridad con el prójimo son principios que han sido transmitidos de generación en generación en las zonas rurales de Salta. Estos valores, muchas veces olvidados en las grandes urbes, son esenciales para la cohesión social y el fortalecimiento de la identidad nacional.
Por eso, reconocer en el Gaucho salteño a ese hombre y esa mujer que, con su trabajo silencioso pero constante, sostienen la identidad cultural de la provincia es más que un acto de justicia histórica. Es una necesidad en tiempos donde los valores tradicionales requieren ser revalorizados. El legado de Güemes, líder de una resistencia que aseguró la independencia de la Argentina en el norte, sigue vivo en cada Gaucho y en cada rincón de la tierra salteña.
El Gauchaje de Salta es el heredero directo de esa Gesta histórica. Es el rostro actual del coraje y la lealtad a una Patria que, para ser defendida, necesita hombres y mujeres comprometidos con el trabajo, con sus comunidades y con el futuro de la Nación. La figura del Gaucho no sólo nos recuerda de dónde venimos, sino que nos señala hacia dónde debemos ir: hacia una Argentina más unida, justa y fiel a sus raíces.
Paradójicamente, todavía hoy, Salta le adeuda al General Martín Miguel de Güemes y al Gauchaje, el reconocimiento de la cátedra incluida en la currícula escolar. Le debe todavía un ámbito de protección social y de promoción y fomento de toda la rica capacidad de trabajo que se resuelve en artesanos, en aquellos que cultivan la gastronomía regional, el cultivo ancestral, el cuidado y mejoramiento de los ganados y una larga lista más de actividades.
En cada rincón de Salta, desde la Puna hasta el Chaco, el espíritu de Güemes sigue vivo y el Gauchaje es, y seguirá siendo, el símbolo de una resistencia cultural que fortalece la identidad de un pueblo que no olvida su historia, pero que, sobre todo, sigue labrando el futuro de la Patria con manos firmes y corazones valientes. –