POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Como están las cosas planteadas, los salteños -al menos los que pensamos pensar-, tenemos que asumir un acto de honestidad brutal porque la coyuntura política se ha tensado a los límites del quiebre.
Para decirlo más claramente, aquellas elecciones 2027, que parecían algo todavía lejano están ahí, “a un tiro e’piedra”. Y resulta que el panorama político de Salta todavía es una tierra movediza.
Aquí nadie se va a engañar porque la aldea es pequeña y nos conocemos todos. Sabemos de dónde venimos, con quién estuvimos (los que estuvieron con alguien, claro). Son conocidos los que saltaron de los barcos y se subieron a otros, los que tienen como los jugadores, una colección de camisetas de todos los colores, y los que han hecho del latrocinio a la provincia y de la traición un “modus operandi”. ¡Ah! También conocemos a los oportunistas.
El problema para el electorado salteño es que las opciones se han acotado y muy al límite. ¿Quiénes quedan para oponerse a una re-reeleción de Gustavo Sáenz? Los libertarios que no pueden explicar los desajustes morales de sus funcionarios, la supina ignorancia en toda materia demostrada en los recintos, pero sobre todo la soberbia con que se manejan de no responder saludos o ignorar al periodismo. Eso no es “superioridad” de ningún tipo. Es soberbia y mala educación. Más allá de eso, a la fecha no hay programa tentativo de gobierno, ideas sustentables para un mundo de cambio, nada. La senadora nacional, Emilia Orozco, que pintaba como un buen prospecto dedica sus horas a defender funcionarios nacionales sospechados de corrupción como si se tratara de parientes. En fin…
Por el otro lado, un Juan Manuel Urtubey, que no merece mayores consideraciones, porque ahora se presenta como el “Restaurador de las leyes”, cuando debe explicaciones sobre el asalto a varias leyes durante su gobierno. Urtubey es un personaje acostumbrado a la usurpación de todo: lo hizo con los recursos de los salteños y ahora hasta el PJ de Salta se llevó. La claque que le sirve de lacayos y sicarios, la constituyen unos famélicos mentales que ya mostraron que no tienen nada que darle a la provincia. Por el contrario, vienen a sacarle.
En ese marco, persiste lo existente: un Gustavo Sáenz con probada capacidad para atravesar crisis, aunque condicionado por un equipo que no termina de estar a la altura de las exigencias del tiempo. Cualquier reforma -incluso la electoral- será apenas un recurso táctico si no viene acompañada de resultados palpables para la ciudadanía.
Es un tiempo -a nivel global- donde la dinámica y los cambios que están ocurriendo con un vértigo casi diario, exigen un equipo de funcionarios con mentalidad de acción transformadora, no mera gestión inercial.
El dato duro colisiona con las especulaciones. Hoy en Salta, no existe una oferta política superadora. Y ya no hay tiempo de formarla. Tal vez, la clave para leer el tiempo político inmediato que viene sea: ni volver al pasado con cleptómanos, ni arriesgar el futuro con improvisados.
El dilema no es si Sáenz puede reelegir, sino si Salta tiene hoy algo mejor para ofrecerse a sí misma.-
© Ernesto Bisceglia
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