ERNESTOBISCEGLIA.COM.AR – POR ERNESTO BISCEGLIA. – Una coincidencia distante en casi cuatro décadas, hace del día 3 de Febrero, un día significativo para la historia argentina. El 3 de Febrero de 1813, se libra el Combate de San Lorenzo, primera acción de las armas patriotas y ese mismo día en 1852, se produce la Batalla de Caseros, que pone final al periodo del rosismo inaugurando la etapa constitucional del país.
El Combate de San Lorenzo, fue un enfrentamiento clave dentro del marco de la Guerra de Independencia Argentina. Habían transcurrido tres años desde el Movimiento de Mayo de 1819 y en Buenos Aires no se lograba consolidar un gobierno que tuviera el control de la situación y expulsara a los realistas que operaban desde Montevideo. El tránsito de la armada española por el Río Paraná significaba una seria amenaza para las aspiraciones independentistas criollas.
Un breve análisis estratégico del episodio nos permite señalar que aquél fue un combate breve pero de gran impacto. El enfrentamiento duró apenas 15 minutos, pero su planificación y ejecución demostraron la capacidad táctica de un San Martín recién llegado desde Europa y marcaron un precedente en la guerra.
El objetivo principal era impedir que las tropas realistas continuaran con sus incursiones costeras y debilitar el control naval español en el Paraná. Para ello, la clave era un ataque rápido y sorpresivo que minimizara la capacidad de respuesta enemiga. La acción desarrollada a campo abierto se abatió sobre el enemigo cuando todavía no estaban organizados en formación de combate.
La maniobra táctica de San Martín consistió en dividir a sus fuerzas en dos columnas que atacaron de forma sincronizada, envolviendo a los realistas y generando caos en sus filas. Esta táctica de doble envolvimiento fue efectiva para neutralizar a un enemigo numéricamente superior y mejor armado. Aquello tuvo un impacto moral, fue un golpe psicológico para los realistas que demostró que las fuerzas criollas podían vencer en combate a las tropas españolas y, más aún, consolidó la figura de San Martín como líder militar.
Las implicancias de aquella acción, fueron: En primer lugar, el control sobre el Río Paraná lo que impidió que Montevideo recibiera refuerzos y suministros desde España, lo que debilitó su resistencia ante el posterior sitio patriota.
Instaló en la región un modelo de guerra rápida, con movimientos y ataques sorpresivos que más tarde serían claves en el desarrollo de la guerra de la Independencia.
En suma, San Lorenzo, representó un punto de inflexión en el proceso independentista demostrando que la independencia no sólo dependía de la resistencia en el norte, sino también de acciones estratégicas clave en los ríos y costas del territorio.
La Batalla de Caseros: 3 de Febrero de 1852
La Batalla de Caseros fue el desenlace de un prolongado conflicto entre Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires y líder de la Confederación Argentina, y Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos y comandante del Ejército Grande. Desde el año 1835, Rosas, mantenía un poder hegemónico sobre la Confederación con sede en Buenos Aires, desde donde controlaba la situación utilizando tropas armadas para intervenir en las provincias y manejando los únicos ingresos de que disponía aquel país incipiente: la Aduana porteña.
Aunque, Justo José de Urquiza, fue un aliado incondicional de Juan Manuel de Rosas, sin embargo, la situación se fue tensando hasta que, en 1851, el caudillo entrerriano publicó un documento conocido como el “Pronunciamiento de Urquiza”, en el que desconocía la autoridad de Rosas y lo invitaba a renunciar. Inmediatamente reunió un ejército formado por tropas de Brasil y de Uruguay y marchó sobre Buenos Aires.
Las provincias ya hacían sentir su disconformidad con el monopolio de Buenos Aires y sostenían que impedía el desarrollo nacional.
Como es sabido, el “Ejército Grande” comandado por Urquiza, batió a Rosas en Caseros, quien firmó su renuncia y partió al exilio en Inglaterra, lo que marcó un giro fundamental en la historia argentina.
Terminó en Caseros la hegemonía rosista y esto permitió una reorganización institucional. Urquiza asumió la dirección de la Confederación y convocó a las provincias para la redacción de una Constitución Nacional, que se sancionaría en 1853 en Santa Fe.
Allí comenzaría otro problema que fue la segregación de Buenos Aires que rechazó la autoridad de Urquiza y se separó de la Confederación, iniciando un período de enfrentamientos entre Buenos Aires y el resto del país que culminaría en la reunificación de 1862 bajo la presidencia de Bartolomé Mitre.
De todas maneras, la Batalla de Caseros redefinió el mapa político argentino porque con la sanción de la Constitución de 1853 se establecieron las bases del federalismo en Argentina, promoviendo la descentralización del poder y garantizando la autonomía de las provincias.
El poder de Urquiza declinó y su ciclo terminó en la extraña Batalla de Pavón en 1861.
Para el país posterior, la salida de Juan Manuel de Rosas del poder significó la consolidación de un modelo liberal que permitió la apertura económica y la inserción de Argentina en el mercado internacional bajo un modelo de libre comercio. No obstante todo esto, todavía restarían décadas de luchas intestinas para una efectiva consolidación de la República Argentina.