Duda existencial: ¿Ser peronista es una discapacidad?

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

Existen escritos que son sólo para los iniciados. Las mentes profanas se ovillan en la literalidad de una expresión y reaccionan acusando desde sus rincones más reducidos; realidad que nos obliga a dejar claro que hablamos de una incapacidad política inducida y no biológica. Pues, los pobres, los humildes, incluso los votantes-reflejo del peronismo hoy son víctimas de esa ilusión que todavía permanece en el ambiente flotando como un holograma.

De allí entonces que tal vez debamos ajustar la pregunta para aquellos menos agraciados a la hora de la medición del IQ, inquiriendo: ¿Cómo ser peronista cuando el peronismo ya no existe?

Porque, no advertir los signos de los tiempos históricos es una deficiencia que no resulta de una patología sino en la gran mayoría de la falta de conocimiento de la propia historia. Por supuesto, no hemos de incluir bajo este manto de piedad a los fanáticos, pues siempre, todo fanatismo (incluso el libertario), efectivamente constituye una patología.

Hemos de plantearnos esta cuestión porque frente a un gobierno conducido por un individuo que obra como el inquilino que termina echándonos de nuestra propia casa, levantamos la vista y no hallamos alternativa alguna.

Entre el vulgo se escucha afirmar: “Si no es Milei, es el peronismo”. Esto es una falacia porque el peronismo -lo mismo que el radicalismo- ya no existe; “los muchachos peronistas” navegan en una orfandad identitaria, un espacio ideológico vacío que ha sido ganado por el kirchnerismo que es un simulacro mal habido del peronismo. Esa misma historia que decimos nos ha demostrado que la esencia del kirchnerismo se asienta sobre dos pilares: la mendacidad y la cleptomanía organizadas. Ergo, eso no es peronismo.

El kirchnerismo obró como las termitas que carcomen la madera desde dentro hasta debilitar el mueble provocando que deba ser descartado porque no sirve más. Eso mismo hicieron con el peronismo. Y sabemos que a las termes, como todo bicho que camina, debe ser fumigado.

El peronismo como invalidez adquirida

Antes se nacía peronista, era una continuidad genética. Ahora ya no se nace peronista, se vuelve así. Pero aquello -el peronismo- que era algo visceral, místico y mítico, hoy no tiene liturgia, no tiene cánticos, no tiene misa popular ni líder. Luego, se extinguió. No existe.

Lo que trata de sobrevivir, como aquellos áspides a quienes se les inunda la madriguera y sacan la cabeza en desesperado intento por continuar arrastrándose, es el kirchnerismo. Lo hemos visto en Salta con el intento de un ex gobernador que se autopercibía peronista. Pero el kirchnerismo no es una continuidad del peronismo, sino su caricatura terminal.

Ese “peronismo kirchnerista”, para rotularlo de alguna manera, ya no produce peronistas sino sujetos políticamente incapacitados para pensar fuera del relato. Si hubiera existido el peronismo, Javier Milei, no sería el presidente.

A consecuencia de ese vaciamiento, es que apareció el “desquiciado” actual como reacción pendular. Luego, Milei no es la causa, es el síntoma.

“Vamo a volvé” o el peronismo como reflejo condicionado

Así tenemos este resultado. Porque el kirchnerismo no sólo empobreció materialmente a la Argentina con el saqueo más espectacular de la historia, sino que empobreció mentalmente al país y produjo una generación de peronistas políticamente discapacitados para reconocer la realidad. El kirchnerista no piensa, repite y ejecuta (convengamos que no pocos peronistas hacen lo mismo).  Y cuando una fuerza política deja de pensar, la historia le cobra el precio.

Quien escribe estas líneas se ha formado (o deformado) en la derecha nacionalista católica más recalcitrante, pero tuvo el don de pensar y darse cuenta de que esa derecha jamás fue nacionalista y mucho menos católica, pero digamos en beneficio del sector “Gorila”, que fue ilustrado y pensante. Hemos leído las obras completas de Juan Domingo Perón y rescatamos su pensamiento y su profundidad intelectual.

Ello nos permite la autoridad moral e intelectual de afirmar que reconocemos la importancia del peronismo histórico y ello nos permite afirmar que el kirchnerismo fue una mutación degenerada de aquel.

Por eso hoy, podemos decir que el peronista-masa, tiene una discapacidad cultural, política y simbólica, que fue inducida desde el poder.  No se trata de una discapacidad natural, sino de una invalidez política adquirida por años de obediencia, clientelismo y degradación del lenguaje.

Nadie nace peronista, como nadie nace incapacitado para pensar. A eso se llega. Y cuando se llega, casi siempre es porque alguien trabajó mucho para que así fuera. Tal vez la pregunta no sea si ser peronista es una discapacidad, sino cuándo dejamos que el peronismo se volviera incapaz de pensarse a sí mismo.

Porque el peronismo produjo militancia, el kirchnerismo engañó a todos llamando “la militancia” a un ejército de inválidos políticos privados de la capacidad para reconocer la realidad.

En definitiva, el drama no es que el peronismo haya perdido el poder. El drama es que perdió la capacidad de pensarse. Y cuando un movimiento político deja de pensarse, deja de existir, aunque conserve siglas, cánticos o recuerdos.

Hoy no asistimos a la disputa entre proyectos históricos, sino al espectáculo de una nación huérfana, gobernada por un síntoma y acosada por los restos de una identidad que ya no sabe quién fue.

Tal vez se trate de asumir que permitimos que una de las grandes tradiciones políticas del país fuera degradada hasta volverse irreconocible.

Y cuando eso ocurre, la historia no castiga: simplemente avanza, dejando atrás a quienes ya no pueden comprenderla.

Cuando la política se deja de pensar la historia no tiene piedad, tiene consecuencias. Y la consecuencia es esta rara avis llamada “libertarios”, que en un punto -o en muchos- son iguales a los kirchneristas: ninguno piensa, repiten lo que el perro “Conan” desde el más allá dicta que se diga. Y así estamos.

 © – Ernesto Bisceglia