Cuaresma “peronista”: Cenizas y resurrecciones

POR: EVARISTO DEL CARRIL ANCHORENA UNZUÉ – Jefe de Redacción – www.ernestobisceglia.com.ar

En verdad os digo, esta Salta es más fascinante que recorrer como Diógenes de Sinope los rincones en las mañanas con una lámpara buscando un hombre bueno. Uno se encuentra, lamentablemente, no con hombres buenos, pero sí con ejemplares que harían que Bela Lugosi formara mejor con Gaby, Fofó y Miliki, que encarnando a Drácula.

Porque si de vampiros y aparecidos hablamos, en Salta, no se privan de nada. Y si se trata de política ¡Menos todavía! Eso si, veo -como diría Pablo en Atenas- que “sois, salteños, muy religiosos”, porque el apego a las costumbres decimonónicas es irrestricto. Habéis dejado pasar el carnaval para resucitar muertos después del Miércoles de Cenizas.

La vuestra es una provincia, según parece, apta para las grandes realizaciones cinematográficas. Podría publicitarse, por ejemplo “De los creadores de “Taras Bulba”, ahora llega “El regreso de los muertos vivos”. Aunque en realidad los zombies de los que hablamos son una rara avis: son unos muertos, pero flor de vivos.

Indagando sobre este raro fenómeno escatológico, me informan que a reemplazar el tradicional “PJ” (alguna vez  Partido Justicialista), ha venido la “Agrupación Mausoleo”, liderada -por decirlo de alguna manera- por un ex gobernador, un tal, Juan Manuel Urtubey, del cual -dicen- no se llevó el Señor del Milagro a su casa porque el ex arzobispo (Cargnello) lo impidió ya que se habría quedado sin su medio de lucro.

Según las mentas que recojo, este dicho Urtubey, habría fogoneado la intervención del Partido Justicialista de Salta, cuyas siglas -PJ- a partir de ese momento han pasado a significar “Populismo Judicializado”. Qué lejos ha quedado aquella criatura anfibia que supo ser doctrina, liturgia y maquinaria electoral, ahora convertida en un expediente con sellos, una sucesión de cautelares y una anatomía bajo pericia. Lo que no llegamos a determinar es si se trata de pericia judicial o psiquiátrica.

La verdad, que es la única realidad, nos indica que cuando el Movimiento necesita intervención, deja de ser movimiento y pasa a ser trámite.

La cosa es que, han nombrado presidente a un exhumado de las cenizas, llamado, Pablo Kosiner; para los compañeros, según me informan, una marioneta de un solo hilo atado a su mano derecha, sólo para levantarle cuando su titiritero se lo ordenaba. Para otros, sería un traidor serial, pero en este asunto no he de suscribirme, porque a nuestro abolengo le basta que se diga peronista para que nos produzca escozor en las partes pudendas.

Pero he aquí la cuestión que me asalta cual funcionario manejando la caja pública: al parecer la entronización del Fénix doméstico de Kosiner, una verdadera criatura ignífuga, porque es un sobreviviente del propio incendio, se debería a una jugada para expulsar del dicho “Populismo Judicializado” (PJ) a los actuales diputados nacionales, Pablo Outes y otra mujer que al parecer también ocuparía una banca en ese carácter, llamada, Yolanda Vega. Decimos “ocuparía”, porque no tenemos antecedentes de actuación alguna suya, a excepción de faltar a una sesión clave porque la afectaba el aire acondicionado. No hay caso, eso pasa cuando los sacan de pueblos donde no existe ni el pavimento.

La expulsión, argumentan, sería por haber votado favorablemente la ley de reforma laboral, lo cual nos extraña sobremanera, porque para el caso, con todas las leyes que este Kosiner le votó al kirchnerismo en contra de Salta, ni dejarlo salir del mausoleo deberían haber dejado.

Pero la cosa, a nuestro leal saber y entender, y tratando de ser filosos jurídicamente es la siguiente: ¿Cómo se puede expulsar a alguien de un partido que no existe?

Porque el PJ, como cuerpo orgánico del peronismo salteño ya falleció. Esto se parece al dicho criollo “El muerto se asusta del degollado”.

Revisando papeles, hallo que esta Agrupación Mausoleo, en las pasadas elecciones rejuntó apenas un diez por ciento de los votos. Diez por ciento: ni milagro ni multitud; apenas una procesión breve con cirios apagados. Pero católicos como dicen ser, vienen de las cenizas y creen en la resurrección.

El problema es teológico antes que político: no todo lo que sale de las cenizas es Lázaro; a veces es sólo humo. Y no todo regreso es Pascua; muchos son simple combustión espontánea del ego.

Aquí no hay resurrección: hay taxidermia. No hay movimiento: hay espasmo. No hay doctrina: hay disputa de taitas midiendo cuchillos en un cementerio.

Si el viejo Partido Justicialista fue alguna vez cuerpo, hoy es apenas acta de defunción con membrete. Y los que se proclaman herederos no administran vida: velan restos.

En consecuencia, y para que conste en autos y en la memoria de los vivos: lo que yace aquí no espera Pascua. Se archiva y sin honores.

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