POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Una frase de espíritu socrático sostiene que “Cuando faltan los argumentos, aparecen los insultos. Y cuando tampoco alcanzan los insultos, algunos prefieren atacar aquello que no pueden refutar.” Otra vez, manos anónimas -el recurso de los cobardes- hackearon nuestro Sitio y quedó fuera de línea en el día de ayer.
Los lectores que habitualmente siguen nuestros contenidos saben que nuestra crítica no transita los andariveles de la política común, sino que denunciamos la mediocridad político-ambiental, la ausencia de ideas y la vergüenza ajena que nos provocan algunos discursos, especialmente los que pronuncian los elementos de La Libertad Avanza.
También hemos sido siempre muy críticos con el catolicismo, facción a la que atribuimos el atraso atávico, el temor al librepensamiento y la imposición de dogmas que en nuestro criterio colisionan con la Libertad -como don de Dios- y jibarizan las mentes y los espíritus.
Eventualmente, hemos sido severos en la denuncia del abandono de los estudios históricos sobre Salta, la Gesta Güemesiana y Belgraniana; y si, en ocasiones, hemos lanzado filípicas atronadoras sobre lo que llamamos “La Cofradía de los viudos de Güemes”.
Más allá de eso, nuestro trabajo ha transitado siempre en la siembra de IDEAS, de CULTURA, análisis de episodios históricos o meditaciones filosófico-teológicas.
De modo que resulta difícil comprender que alguien atente contra un Sitio que intenta sobre todo despertar mentes y conciencias.
En lo que va de este año hemos sufrido unos cuatro o cinco ataques de este tipo, por lo que debemos pensar que se trataría de sectores intolerantes, de concepción hipócritamente victoriana o simplemente menesterosos intelectuales que no pueden alcanzar nuestros niveles de razonamientos, aunque resulta inmodesto decirlo.
Debemos agradecer a la Consultora de Santiago del Estero que maneja nuestro emprendimiento por la rápida detección del problema y su pronta solución.
Nos queda decir que es lamentable comprobar que haya individuos tan míseros que cuando no pueden vencer al argumento, intentan destruir al que argumenta.
Nuestro país tiene dolorosas experiencias de lo que ocurre cuando alguien pretende imponer el pensamiento único. Antes fue la censura, hoy es el ataque cibernético, pero en el fondo la falla moral y mental es la misma.
Cuando el pensamiento no puede ser derrotado con razones, siempre queda el recurso de intentar silenciarlo. –