Cacho de cultura: El Carnaval de Venecia y Vivaldi

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

Recorrer Venecia es transportarse al Duecento o al Trecento. A tiempos de disputa del Mediterráneo con Piri Reis, el gran navegante otomano. Sus calles guardan la memoria del medioevo renovada en las máscaras que cuelgan en los negocios, en las muñecas de metro y medio vestidas a la usanza antigua. Es romanticismo a la enésima potencia, un café en la Piazza San Marco, con la Basílica, el Campanile y el Palacio Ducal, mientras una orquesta ejecuta “El día que me quieras” y uno se parte al medio recordando “la patria lontana”.

Pero Venecia también es Carnaval, el más pintoresco y extraño del mundo, con sus disfraces lujosamente elaborados, las poses de los disfrazados, sus rostros impasibles, blancos, dorados o negros. Y nada como el tradicional Arlequín veneciano. El concierto nocturno frente a la Basílica de La Pietá, mientras discurren por el canal los lanchones, los colectivos y las góndolas.

Pero no se entiende Venecia sin la música de Antonio Vivaldi. No por capricho estético, sino por biografía: Vivaldi fue veneciano, cura, y su genio nació literalmente allí, entre canales, campanas y palacios que envejecen con elegancia.

Lo llamaban “Il Prete Rosso”, el Cura Rojo, por su cabellera encendida y su carácter volcánico. Enseñó y compuso para las jóvenes del Ospedale della Pietà, un instituto donde la música era disciplina y salvación. Y desde ese mundo cerrado y religioso, creó una obra que suena todo lo contrario: libertad, vértigo, seducción.

Escuchar “Invierno” de Las Cuatro Estaciones durante el Carnaval veneciano es entender que Venecia no baila: Venecia conspira. Bajo el antifaz, todo es fiesta… pero también destino.-

© – Ernesto Bisceglia