Breve historia de la Corrupción en Argentina

ERNESTO BISCEGLIA.COM.AR – POR ERNESTO BISCEGLIA. – Dijo, José Gobello, fundador de la Academia del Lunfardo, que «La coima es parte del ser nacional. Nos define como país mucho más que el tango».

La corrupción política es un tema arraigado en la historia de Argentina, un mal estructural que afectó su desarrollo económico, social y político a lo largo de los años. Desde los primeros años de independencia hasta el presente, el país ha enfrentado desafíos persistentes relacionados con la corrupción que han socavado la confianza pública en las Instituciones gubernamentales y han obstaculizado el progreso hacia una sociedad más justa y equitativa.

Los Primeros Indicios de Corrupción

Tras decretar su Independencia de España en 1816, luego del Congreso de Tucumàn, Argentina comenzó a consolidar su gobierno y su burocracia gubernamental. Sin embargo, los primeros indicios de corrupción política no tardaron en aparecer.

Recordemos que el contrabando, por ejemplo, durante el periodo de los virreyes era una moneda común que contribuyó a enriquecer a no pocas de las que luego serían las poderosas familias del país. Lo mismo ocurrió con el reparto de los latifundios expulsando a sus propietarios originales en muchos casos.

Cuando los ingleses invadieron el Río de la Plata, conocido es el episodio de la huida del virrey Sobremonte con los caudales públicos que fueron finalmente confiscados por los británicos que se llevaron un millón de pesos oro al Banco de Londres. Al firmar la capitulación durante la Reconquista, los ingleses se comprometieron a devolver esos dineros cosa que jamás hicieron. Cuando asumió la presidencia, Bernardino Rivadavia, se resolvió la a construcción de un puerto y la instalación de una red de agua corriente en la ciudad de Buenos Aires, así como la fundación de tres ciudades en el interior de la provincia, obras consideradas de vital importancia para el desarrollo del programa; hacia falta dinero ¡Y se tomó un empréstito con la Baring Brothers por un millón de pesos!

Ninguna de las obras previstas se realizó con ese dinero, que fue entregado al Banco de Descuento para que diera créditos a sus clientes. El Estado argentino terminó de pagar la deuda en 1904.

Si la historia de la corrupción tiene una fecha oficial de inicio, podría ser con Rivadavia.

Durante el siglo XIX, el país experimentó un período de inestabilidad política caracterizado por golpes de estado, conflictos internos y un sistema político dominado por caudillos regionales que a menudo abusaban de su poder para beneficio personal, una práctica que sigue manteniéndose a menudo en la actualidad entre los intendentes y algunos gobernadores. Como diría Sarmiento en «Facundo»: ¡Cuidado, pues… ese mal lo traemos en la sangre!».

La Época de la Oligarquía y la Corrupción en el Siglo XX

Efectuando un salto de época, a finales del siglo XIX y principios del XX, Argentina experimentó un período de rápido crecimiento económico conocido como la «Belle Époque«. Sin embargo, este crecimiento estuvo acompañado de una profunda desigualdad social y una corrupción generalizada. Durante la llamada «Época de la Oligarquía», un pequeño grupo de élites terratenientes controlaba gran parte de la riqueza y el poder político del país, mientras que la mayoría de la población vivía en condiciones de pobreza.

La corrupción era endémica en este período, con prácticas como el fraude electoral («Fraude Patriótico»), el soborno y el nepotismo siendo moneda corriente. Los políticos y funcionarios gubernamentales se enriquecían a expensas del pueblo, mientras que las instituciones del Estado eran utilizadas para consolidar y mantener el poder de la oligarquía.

El peronismo y la continuación de la Corrupción

El ascenso del peronismo en la década de 1940 marcó un cambio significativo en la política argentina con el entonces coronel, Juan Domingo Perón, que llegó al poder en 1946. Si bien el peronismo introdujo importantes reformas sociales que beneficiaron a los trabajadores y las clases más desfavorecidas, también estuvo plagado de casos de corrupción.

Durante los gobiernos peronistas, se estableció un sistema de clientelismo político que otorgaba favores y beneficios a cambio de apoyo político, lo que facilitó la corrupción y el abuso de poder. De hecho, entre 1945 y 1954 el gasto público ascendió un 60% en moneda constante amparado por un eufemismo llamado «justicia social», que si bien necesaria, se malinterpretaría porque la justicia social no significa el reparto «a piacere» de recursos y bienes, sino de oportunidades para todos.

Decimos y sostenemos que la revolución social que significó el peronismo era necesaria para terminar con los abusos de la clase oligárquica gobernante, pero nunca avalamos los hombres y los métodos del peronismo porque fue pasar de la dictadura oligárquica a malinterpretar el sentido de la doctrina justicialista abriendo la puerta al totalitarismo populista.

Si bien en ese periodo se fomentó la industria nacional, la siderurgia y es verdad que hubieron notorios avances sociales, el férreo control estatal de la economía permitió la proliferación de prácticas corruptas en el ámbito empresarial y sindical.

Dictaduras militares y corrupción sistémica

Las dictaduras militares que gobernaron Argentina en las décadas de 1960, 1970 y principios de 1980 también estuvieron marcadas por la corrupción y el abuso de poder. Durante estos períodos, los militares utilizaron el estado de emergencia para reprimir cualquier forma de oposición política y consolidar su control sobre el país. De hecho, la corrupción beneficiada desde el Estado tuvo un punto claro de arranque durante el gobierno de la autopercibida «Revolución Libertadora», cuando por primera vez se entregó el manejo del ministerio de economía a un hombre perteneciente al directorio de las multinacionales: Álvaro Alsogaray.

La corrupción se convirtió en un instrumento más de control con los militares utilizando su posición para enriquecerse a través del contrabando, la extorsión y hasta en algunos casos negociados con bienes y armas del Estado, todo eso sin contar con las inaceptables violaciones de los derechos humanos, incluyendo desapariciones forzadas y torturas, en nombre de la lucha contra la subversión en la década del setenta.

La corrupción en la democracia reciente

Desde el retorno a la democracia en 1983, Argentina continuó esa saga histórica de corrupción estatal en todos los niveles de gobierno. Ni siquiera un «gobierno decente» como lo definió el Dr. Raúl Ricardo Alfonsín salió indemne con los resonados casos como las cajas de alimentos del Programa Alimentario Nacional (PAN) y los famosos «Pollos de Mazzorin», un negociado de varias toneladas de pollos congelados.

Sin embargo, casos emblemáticos de corrupción siguieron surgiendo, involucrando a presidentes, funcionarios públicos, empresarios y miembros de la clase política. Durante la presidencia de Carlos Menem, la Argentina fue una fiesta de corrupción, llegándose al extremo de que el presidente de la Nación termine condenado por el contrabando de armas y el «explosivo» caso de la voladura del polvorín en la ciudad de Río Tercero para intentar ocultar los faltantes. Esto entre otros muchos casos notables.

El período de los Kirchner, que abarcó los gobiernos de Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), estuvo marcado por acusaciones de corrupción y abuso de poder. Sin duda, que de toda la historia caótica de saqueo al país, este periodo se lleva la palma por los niveles de robo sistemático y encubrimiento de negociados a través de una política de clientelismo que terminó hundiendo a casi la mitad de la población en la pobreza y la indigencia.

Casos como la «Ruta del dinero K» y el escándalo de corrupción conocido como «los cuadernos de las coimas» han sacudido la política argentina en los últimos años, evidenciando la persistencia de la corrupción en el país. Y hay mucho más, por supuesto.

Como se puede observar en este breve paneo, la historia de la corrupción en Argentina es larga y compleja, marcada por períodos de inestabilidad política, desigualdad económica y abuso de poder. Evidentemente que el lector podrá advertir que se trata nada más que de una pincelada porque tantos casos emblemáticos mas se pueden consignar.

Javier Milei y la esperanza perdida

Lamentablemente, los millones de argentinos que habíamos apostado a que la presidencia de Javier Milei, realmente marcara el inicio de un nuevo tiempo, nos vemos defraudados porque no sólo el ajuste económico inédito mantiene en sus privilegios a «la casta» que dijo venir a combatir sino que el costo social está siendo muy elevado hasta el momento, y lejos de regocijarnos con un gobierno que combatiera las prácticas corruptas, a poco de andar nos damos con el propio presidente de la Nación envuelto en un escándalo de estafa a nivel internacional.

El caso de la criptomoneda Libra, no sólo involucra al presidente Milei, a su hermana, Karina, a los más altos personajes de su gobierno, sino que es la primera vez en la historia argentina que el primer mandatario es denunciado ante la justicia de varios países del mundo señalado como estafador.

Como se ve, el problema de la corrupción en el país sigue siendo un desafío importante que requiere un compromiso continuo por parte de las autoridades y la sociedad en su conjunto, una ansiedad social que continúa en su tiempo de espera ya que no se observa que la Justicia esté muy preocupada por desmantelar las redes de corrupción que están armadas en todo el país.

Solo mediante una mayor transparencia, rendición de cuentas y fortalecimiento de las instituciones democráticas se podrá avanzar hacia un futuro más justo y equitativo para todos los argentinos.

¿Utopía? Es posible, pero aún en la política llega un tiempo final para todo, incluso para que los funcionarios dejen de robarle al pueblo. –

Nuestra Foto de Portada

La estatua, ubicada en el edificio del Ministerio de Desarrollo Social en Buenos Aires, representa a «La Mano de la Coima«. Es una escultura de una mano abierta recibiendo dinero, símbolo de la corrupción en la gestión pública. Fue instalada en 2002 por el artista Fernando Pugliese como una denuncia visual sobre los sobornos en la política argentina.