Análisis político: El desafío de Javier Milei de hacer coincidir el discurso con la realidad social

ERNESTOBISCEGLIA.COM.AR – POR ERNESTO BISCEGLIA. – El país transita horas álgidas donde la mayoría percibe que la cosa no está bien, pero no alcanza a darse cuenta cuánto está de mal. El presidente de la Nación se encuentra en un momento crítico de su mandato, donde las decisiones políticas no sólo impactan en la economía, sino también en su relación con diversos sectores de la sociedad y de su propio entorno.

Venimos sosteniendo que es hora de CONSENSOS, pero, sin embargo, la dialéctica presidencial y las de sus grupos de fanáticos trabaja sobre la violencia verbal y ahora avanza hacia la intolerancia fáctica cobrándose las cabezas de su propio entorno. Así es como en los últimos días hemos visto la inmisericorde destitución de figuras clave como el jefe de la Anses, Mariano de los Heros, y la embajadora ante la OEA, Sonia Cavallo, ha desatado una serie de reacciones y críticas que exponen las tensiones internas de su gobierno y la falta de coherencia en su discurso. Antes, Ramiro Marra, un escudero del gobierno, fue decapitado sin hesitar en la guillotina “De mi hermana” (Milei dixit).

Lo dice con orgullo, “Mi hermana tiene la guillotina”, lo cual en el metamensaje sugiere que la ex repostera y participante de concursos de TV, ahora es la monja roja de un gobierno que por este camino se dirige a convertirse en un régimen autoritario.

Por estas horas el principal cuestionamiento se refiere a la transformación de Javier Milei, quien en su discurso de campaña se mostró como un outsider de la política tradicional, presentándose como un abanderado de la renovación y la lucha contra «la casta política». Sin embargo, las recientes decisiones, como la de despedir a los mencionados funcionarios y su postura frente al contexto económico, parecen contradecir esa imagen de rebelde y anti-establishment. Su actitud hacia la política de alianzas y su trato con las figuras históricas de la economía nacional, como Domingo Cavallo, reflejan una suerte de acomodamiento dentro de las estructuras tradicionales, que dista mucho del discurso disruptivo que lo catapultó al poder.

Los analistas políticos y económicos han disparado en las últimas jornadas alarmas inquietantes respecto del porvenir de la gestión económica, advirtiendo que las medidas adoptadas por Milei, entre las cuales destaca la postergación de la devaluación y la manipulación del tipo de cambio, generan incertidumbre.

El propio presidente ha intentado justificar sus decisiones, presentándolas como parte de una «estabilización exitosa», pero la falta de explicaciones claras sobre el atraso cambiario y el impacto de sus medidas sobre los sectores más vulnerables genera dudas sobre la eficacia y la consistencia de su estrategia económica. Este «galimatías económico», como lo ha denominado la condenada ex presidente, CFK, sólo contribuye a aumentar la percepción de que el presidente, lejos de cumplir con sus promesas de cambio radical, está cayendo en prácticas conservadoras y de contención de los votos, especialmente en un año electoral.

La crítica a la gestión de la ANSES también es un claro ejemplo de esta contradicción. Aumentar la edad jubilatoria en un contexto electoral puede interpretarse como una medida arriesgada, que no solo perjudica a los trabajadores y jubilados, sino que también socava la credibilidad de un gobierno que llegó al poder prometiendo una renovación de las políticas públicas. En este sentido, el presidente se ve forzado a actuar con cautela, protegiendo su imagen y buscando un equilibrio que le permita mantener la gobernabilidad, aunque ello implique seguir las huellas de aquellos a quienes previamente había cuestionado.

El concepto de «la casta» política, eje central de su discurso preelectoral, se desdibuja cuando se observa cómo Milei adopta las mismas tácticas y discursos de sus predecesores. Sus decisiones parecen indicar una apuesta a la estabilidad política y económica a corto plazo, aun a costa de las promesas de cambio profundo que marcaron su campaña. De esta manera, el presidente se enfrenta a una paradoja: para consolidarse en el poder, debe convertirse en lo que criticaba, y eso genera un malestar tanto en sus seguidores como en aquellos que confiaron en su discurso de ruptura.

Las respuestas del presidente son contradictorias y cambiantes. Domingo Cavallo, pasó de ser el “mejor ministro de economía de la historia argentina”, a revistar en la categoría de crápula. Y de pronto afirmar que el salario en dólares está en arriba de “los mil dólares”, haría ver que Milei se detiene en los sueldos de los empleados de Puerto Madero.

La miseria en la Argentina ya es miserable. Está bien que recibió un país quebrado, pero las medidas sólo han profundizado la marginalidad a diario de miles de argentinos que no llegan a fin de mes.

El futuro de Javier Milei dependerá de su capacidad para gestionar este giro y encontrar una coherencia entre sus promesas y sus decisiones. De no lograrlo, la percepción de que se ha convertido en un «político más de la casta» podría socavar su apoyo popular y colocar en jaque su legitimidad como líder de un gobierno que se presentó como una alternativa a las viejas prácticas políticas.

En este contexto, la crítica que recae sobre su figura es un recordatorio de que el poder no siempre es sinónimo de cambio, y que la verdadera renovación política requiere no sólo de discursos, sino también de acciones coherentes y audaces.