El Puente de Vaqueros y la opería política

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

En términos estrictamente científicos, el “opa” no constituye una patología ni un diagnóstico clínico. La medicina y la psiquiatría dejaron hace mucho de utilizar categorías como “tonto”, “idiota” u “opa” para definir capacidades intelectuales. Sin embargo, la sabiduría popular del Norte argentino construyó alrededor de esta palabra una categoría mucho más interesante: la del sujeto que no termina de comprender lo que sucede, que confunde la realidad con el relato que le cuentan y que, llegado el momento, puede convertirse en instrumento involuntario de quienes sí saben perfectamente lo que están haciendo.

Decía, en su filosa sabiduría popular el “Cuchi” Leguizamón, que “El día que los opas vuelen, en Salta se va a nublar”. El paso de los años no sólo certifica aquella frase sino que pareciera que el crecimiento de los opas se ha hecho exponencial. Sobre todo en la política.

Porque ahora tenemos una nueva especie: el opa político con teléfono celular, que habita en todos los espacios políticos. Es aquel que no aporta una idea, no explica un proyecto, no propone una política pública, no conoce demasiado de administración ni de infraestructura, pero descubre súbitamente que existe un puente.

Y si el puente está recién inaugurado, mejor todavía.

Entonces corre, se sube, mira a cámara, sonríe, levanta el pulgar y graba un video para las redes. Y como pertenece a La Libertad Avanza, alguien decidió bautizarlo -con esa prodigiosa capacidad de apropiación simbólica que suele tener la política argentina- como el “Puente de la Libertad”.

El problema es que los puentes no tienen ideología.Los puentes unen orillas. Las ideas, en cambio, deberían unir sociedades, resolver problemas y ofrecer un horizonte.

Y ahí comienza nuestra preocupación.

Porque una cosa es inaugurar un puente y otra muy distinta es tener una idea acerca de qué hacer con el territorio que ese puente comunica. Una cosa es sacarse una fotografía o filmar un video sobre una obra pública y otra es explicar qué modelo de desarrollo se pretende construir a partir de ella.

Los que usan el puente para “hacer política” -o creen que eso es la política- demuestran una carencia lacerante de sinapsis. Más todavía cuando estos pretenden ser gobierno. Es preocupante, decimos, porque el puente ya está inaugurado y los votos por venir serán el resultado del proyecto político que presenten para el 2027 en adelante. Hasta ahora, de eso, los salteños no vimos ni una miserable idea.

Hay una diferencia clara en la política: las figuras políticas y los figurones. Las primeras piensan, ejecutan, cometen errores también; ese es el costado humano de lo que se llama gobernar.

Otra cosa muy distinta es posar.

Y en este asunto de posar notamos el crecimiento de posteos de funcionarios y aspirantes a los cargos en el tono de: “Acompañé a fulano…”; “Asistí a…”; “Fui invitado a un te infantil”. Eso es mantenerse en el límite de lo elemental. Lo ideal sería que sus posteos consignaran “Propuse que…”; “Logramos que…”; “Por una iniciativa mía conseguimos…” La cosa cambia y mucho.

Y entre ambas categorías, la del posar y la de gobernar, existe una diferencia que no se resuelve con un teléfono celular.

Se llama pensamiento: PENSAR SALTA.-

© – Ernesto Bisceglia