POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Hay discusiones que parecen políticas, pero en realidad son discusiones sobre la dignidad. La cuestión Malvinas vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que Argentina arrastra desde hace demasiado tiempo: ¿queremos ser una nación que elige sus alianzas o un país que cambia de dueño según quién gobierne?
Como suele ocurrir en la Argentina, las cuestiones populares no generan debates constructivos sino que parten aguas y en el caso de las Islas Malvinas, la cuestión no pasa por una defensa automática del viejo nacionalismo ni una diatriba anti-Milei; necesitamos el ejercicio de una defensa de la autonomía intelectual y política argentina.
En las actuales circunstancias esto último es prácticamente imposible porque nuestro país está arrasado intelectualmente. Y lo peor es que ya no se trata de una lucha de signos políticos porque ya no existen sino de fanatismos -algunos irracionales- tanto de un lado como de otro.
No se trata de cambiar de correa, sino de dejar de ser perro
La frase de Arturo Jauretche, viene apropiada al momento. Un estudio de la historia y de las actuales condiciones geopolíticas internacionales propone que la pregunta no sea ¿Milei está defendiendo Malvinas?; para convertirse en: ¿Argentina está construyendo una política propia sobre Malvinas o está intentando aprovechar una disputa entre Washington y Londres para obtener un beneficio coyuntural?
A la vez, un análisis comparativo -salvando las considerables distancias, por supuesto- entre la situación en 1982 y ahora, nos entrega un panorama muy similar donde la Causa Malvinas se convierte en un argumento de doble funcionalidad política: distrae a la población alejando el debate sobre la fractura del modelo económico e intenta proponer un liderazgo político inexistente. Para comprenderlo más claramente, basta analizar al ex general Galtieri.
Es curioso el cambio repentino de actitud del gobierno de Milei, cuando hace un mes atrás el presidente insultó a los jugadores que desplegaron la bandera «Las Malvinas son argentinas» durante el Mundial de Fútbol. ¿Y ahora, cuando Estados Unidos utiliza ese argumento, si es una Causa Nacional?
La coyuntura internacional nos enseña claramente que Donald Trump intenta utilizar Malvinas para disciplinar al Reino Unido por su negativa a colaborar en la guerra con Irán, mientras Milei interpreta ese movimiento estadounidense como una oportunidad argentina. Reuters y otros medios están justamente señalando que el cambio de Washington está relacionado con las tensiones de Trump con Londres.
Entonces, aquí hallamos el argumento de fondo: cambiar de alineamiento no equivale a recuperar soberanía. Porque una nación soberana no es aquella que consigue que una potencia le cambie la correa por otra más elegante. Es aquella que adquiere la capacidad de caminar sin correa. –
