Milei y Malvinas: Bla, bla, bla, bla, bla…

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

Hay asuntos que merecen el mayor respeto. Malvinas es uno de ellos.

Por eso, mi primera impresión sobre la tan cacareada Cadena Nacional del presidente, Javier Milei, es que parece el título del bolero: “Sabor a poco”. La definiría con la palabra intrascendente. Más que un discurso de alcance diplomático y geopolítico fue una enumeración de expresiones de deseos.

Pero vamos a los datos concretos:  la cadena tuvo más densidad política que novedad diplomática. Pero veamos lo más sustancial -digámoslo así- de lo que anunció Milei:

Ratificó que las Malvinas son argentinas y que el reclamo es irrenunciable; anunció un proyecto para modificar la Ley 26.659, endureciendo sanciones contra empresas vinculadas con actividades económicas en las islas sin autorización argentina; anunció un Consejo de Seguridad Nacional y un régimen de protección de infraestructura crítica, además de capacidades aeroespaciales y marítimas; anticipó una mayor utilización de herramientas diplomáticas, judiciales y económicas; anunció recursos para Defensa y una base naval en Tierra del Fuego.

Es decir: no hubo ningún acuerdo, negociación abierta, mediación formal ni reconocimiento de derechos argentinos por parte de Londres o Washington.

Los analistas le bajaron bastante el entusiasmo al mensaje. Ezequiel Magnanies, un especialista en el tema Malvinas y Defensa con una producción académica bastante definida sobre Malvinas, advierte que Argentina no puede construir su estrategia Malvinas sobre Donald Trump y considera muy poco probable que Estados Unidos modifique en el corto plazo su posición estructural y sostiene que Washington sigue considerando al Reino Unido un actor estabilizador en el Atlántico Sur. Incluso plantea que pensar que Estados Unidos va a reemplazar al Reino Unido por Argentina sería “realismo mágico”, dada la actual asimetría de capacidades.

Otros tres analistas consultados por MercoPress son todavía más secos: Claudio Fantini señaló que “lo de Trump debe leerse como advertencia, no como anuncio.”.

Por su parte, Gabriel Puricelli, dijo que “Malvinas es, para Trump, el “pretexto más a mano” para presionar a Londres.”

También, Andrés Malamud, dijo sobre un cambio real de Washington es, básicamente, “lo mismo que con Groenlandia: nada”.

Y Diego Guelar agregó un dato institucional importante: una modificación estratégica de la posición estadounidense no depende simplemente de lo que diga Trump.

Entonces, ¿qué fue lo verdaderamente nuevo? Que Milei introdujo la cuestión Malvinas en una dimensión que excede la reivindicación territorial, porque al poner en el centro a Sea Lion, el petróleo, las empresas que operan en el área, la infraestructura marítima y la defensa de Tierra del Fuego, está intentando convertir Malvinas en una cuestión de soberanía económica y estratégica, no solamente territorial.

Porque el problema contemporáneo ya no es solamente quién tiene la bandera. Es quién controla los recursos, las rutas marítimas, la pesca, el petróleo, la logística y la posición geopolítica del Atlántico Sur. Y ahí aparece el verdadero asunto.

La expectativa creada por la Casa Rosada era muchísimo mayor que lo que finalmente se anunció. Durante 48 horas se instaló la idea de que podía haber algo extraordinario detrás del hermetismo. Incluso circularon versiones de sanciones de enorme alcance, negociación con Londres, intervención de Trump, petróleo, etc.

Pero al final hubo fundamentalmente endurecimiento legislativo y administrativo argentino, que a los fines de la “Causa Nacional”, que reconoció Milei, no representa ningún avance sobre la cuestión de la soberanía.

Después de escuchar al Presidente, la respuesta resulta bastante menos espectacular. Que las Malvinas son argentinas, sí, Presidente, lo sabemos desde antes de que usted naciera. Lo establece nuestra Constitución. Lo sostiene nuestra diplomacia. Lo enseñamos en las escuelas. Lo llevan escrito generaciones de argentinos en la memoria.

Aquí el verdadero problema no es repetir que las Malvinas son argentinas sino conseguir que algún día dejen de ser británicas.

El discurso de Milei, demostró que los “alineamientos estratégicos”, tal como están nos sirven para muy poca cosa, más allá de endeudarnos cada día más. Aquí hay que pensar la Argentina para que deje de ser que recuerda su soberanía y comience a comportarse como un país que tiene poder para defenderla.

Porque decir que las Malvinas son argentinas es una convicción y conseguir que algún día vuelvan a serlo es una política. Y entre una cosa y la otra hay, lamentablemente, mucho más que cinco palabras; hay décadas, hay estrategia y es necesario poder.

Por eso, por ahora, hay bastante bla, bla, bla, bla, bla. –

© – Ernesto Bisceglia