POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Mis “primeros pasos” por el ballet fueron aquellas puestas en tiempos en que el Mozarteum Argentino Filial Salta, traía las mejores obras y artistas a Salta, cuando vimos a Julio Boca, Maximiliano Guerra, Eleonora Casano, el Ballet del Teatro Colón, con puestas como El Corsario, Carmen, El Quijote o el Lago de los Cisnes. Al decir Ballet, inmediatamente nos vienen a la cabeza esas imágenes.
Sin embargo, los inicios del ballet fueron bastante más modestos cuando nació en Italia hasta convertirse en una disciplina artística en Francia.
En las cortes italianas del Renacimiento ya se organizaban grandes espectáculos donde se mezclaban danza, música, poesía, vestuario, escenografía y mitología. Pero aquello todavía no era ballet en el sentido que conocemos.
El salto decisivo se produce en 1581, en la corte francesa de Enrique III, con Le Ballet Comique de la Reine, considerado habitualmente el primer ballet cortesano completo. Fue una gigantesca representación de varias horas, con danza, música, canto, poesía y escenografía.
Luis XIV, el Rey Sol, construyó Versalles y convirtió la etiqueta cortesana en una maquinaria de poder también fue bailarín. En 1653, con apenas quince años, apareció caracterizado como el Sol en Le Ballet de la Nuit. Así, el ballet se convirtió en una herramienta política: el rey no solamente gobernaba; se representaba a sí mismo como centro del universo.
En 1661 Luis XIV creó la Académie Royale de Danse, que contribuyó a profesionalizar y codificar la disciplina. Su maestro y coreógrafo Pierre Beauchamp tuvo un papel fundamental en la sistematización de las posiciones básicas del ballet clásico. De ahí vienen las cinco posiciones de los pies que todavía hoy identificamos inmediatamente con el ballet.
Después podemos llegará Jean-Baptiste Lully, que une definitivamente música y danza en la Francia barroca. Y más adelante, cuando el ballet abandona progresivamente la corte y entra en los grandes teatros europeos, aparecen Tchaikovsky, Petipa, Ivanov…
Y así el ballet comenzó cuando los hombres descubrieron que también podían contar una historia sin pronunciar una palabra.
Tenemos a continuación, Sarabande pour deux hommes, coreografiada por Pécour para Alcide, una ópera de 1693.
Seguidamente, Entrée Espagnolle, de Pécour, de 1704.
