POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Vivimos el tiempo de la Gran Paradoja -con mayúsculas-; cuando como nunca en la historia de la humanidad el conocimiento y la cultura estuvieron al alcance de todos, es cuando más ignoramos casi todo; lo peor, no conocemos en profundidad ni siquiera lo nuestro, cuando la cultura marca el talante de un pueblo y consolidad su identidad.
Es el tiempo de poner en valor nuestro patrimonio intangible. ¿Qué ha sido de aquella provincia que dio al país y al mundo un firmamento de poetas, cantores, bailarines, músicos y escritores? ¿Se han terminado? ¡No! Simplemente, quizás hemos dejado de buscarlos, de promocionarlos, de comprenderlos como los embajadores sin cartera que son.
Mi derrotero por los senderos de la Cultura comenzó a los 17 años, cuando la gentileza de dos personas inolvidables, mi maestra, Raquel González de Peñalva y el inolvidable, José Mario Carrer, presidente y vicepresidente del Mozarteum Argentino Filial Salta -respectivamente-me encargaron la presidencia y la formación del sector de jóvenes del Mozarteum. Llegamos a contar con 500 socios adolescentes y jóvenes.
Entonces, uno puede decir que Cultura no es una oficina de espectáculos sino que debe convertirse una herramienta estratégica y política de supervivencia colectiva.
Repito siempre aquella máxima de Marco Tulio Cicerón: “La historia es maestra de la vida”. Y así como ocurrió en los años ‘40 del siglo pasado, cuando la Argentina tenía el problema de la incorporación de millones de trabajadores a la sociedad industrial y la herramienta fue aquella modesta Secretaría de Trabajo y Previsión, hoy, frente a los grandes desafíos que el cambio civilizatorio y cognitivo nos ofrece; es desde la Cultura el lugar donde hemos de consolidar nuestros valores y nuestra identidad para que Salta sea más que un territorio con habitantes encima, sino que sea una Comunidad Organizada.
Porque en este siglo XXI, el problema es otro. La inteligencia artificial, la automatización, la biotecnología, la concentración tecnológica y la globalización que están modificando no sólo los empleos, sino también la identidad de las comunidades.
Entonces la pregunta es:
Si el desafío de 1943 era integrar trabajadores a la industria, ¿cuál es la institución encargada de integrar a los ciudadanos al mundo que está naciendo?
Y allí aparece la Cultura.
Porque la cultura ya no es solamente folklore, museos o festivales. Cultura es el conjunto de relatos, símbolos, conocimientos, valores e identidades que permiten a una comunidad seguir siendo ella misma mientras cambia todo a su alrededor.
Hoy, tenemos que pensar que el principal problema laboral de los próximos veinte años no será la falta de trabajo, sino la pérdida de sentido. Millones de personas verán modificadas sus profesiones. Algunas desaparecerán. Otras serán absorbidas por sistemas inteligentes. Frente a eso, una provincia puede reaccionar de dos maneras: Esperar que el mercado resuelva todo al costo del sufrimiento y la incertidumbre de miles de comprovincianos, o, construir una identidad cultural fuerte capaz de generar cohesión social, turismo, industrias creativas, educación y pertenencia.
Porque, digámoslo con todas sus letras: cuando todo esto cambie antes de cinco años, la cultura y el turismo serán las actividades que darán trabajo a miles que lo pierdan en no mucho tiempo más.
En ese 1943, Juan Domingo Perón, comprendió que quien organizaba a los trabajadores organizaba el futuro. Hoy, debemos pensar que quien organice la Cultura organizará la adaptación de la sociedad al siglo XXI.
Y esto tiene una traducción concreta para Salta. La minería puede generar riqueza, la agroindustria puede generar divisas, la energía puede generar inversiones. Pero ninguna de ellas podrá responder a la una pregunta esencial de estos tiempos: ¿Quiénes somos?
Porque las sociedades que pierden la respuesta a esa pregunta terminan siendo territorios administrados por otros.
Como hombre con más de cuatro décadas trabajando por la Cultura, puedo afirmar que durante décadas se cometió un error conceptual, el pensar que la Cultura era un gasto, un lugar menor en el organigrama de un gobierno.
Hoy, la Cultura es una infraestructura estratégica. Porque en una biblioteca formamos capital humano; en un museo fortalecemos nuestra identidad. Un festival construye marca territorial y un circuito patrimonial genera empleo.
Vamos más todavía: un programa de historia local fortalece ciudadanía y una industria audiovisual crea riqueza. Por eso, todo esto es tan estratégico como una ruta o una línea eléctrica.
Si, pues; en 1943 Perón comprendió que el trabajador era el sujeto histórico que emergía. Hoy, en 2026 el sujeto histórico que emerge es una comunidad obligada a defender su identidad en medio de una transformación tecnológica sin precedentes.
Por eso la Secretaría de Cultura debe dejar de pensarse como una oficina de eventos y debe convertirse en la institución encargada de preservar aquello que ninguna inteligencia artificial podrá fabricar jamás: la memoria, la identidad y el alma de un Pueblo.
Los algoritmos intentan resolver problemas administrativos de una ciudad: calles, luminarias, viviendas, seguridad. Pronto regirán la educación y la salud pública. La seguridad ya es controlada por la Inteligencia Artificial. Todo esto es necesario si queremos ser una provincia moderna, pero las grandes transformaciones políticas suelen surgir cuando alguien identifica el problema histórico de su tiempo.
Entonces, ¿Cuál es el problema histórico que define el primer tercio del siglo XXI? El de cómo preservar nuestra identidad cuando TikTok atrapa a niños y jóvenes -también adultos- formateándoles el criterio con modelos foráneos.
Este es el gran desafío de la Cultura, el de generar sentido y producir desarrollo en medio de una revolución tecnológica, económica y cultural sin precedentes. Si aceptamos esta hipótesis, entonces Cultura deja de ser una dependencia para organizar festivales y pasa a ser el Ministerio encargado de la continuidad histórica de la comunidad. Es el área que responde quiénes somos mientras todo lo demás cambia. Casi nada…
Frente al cambio y la crisis social que ya comenzó, la Cultura es una de las herramientas fundamentales que nos garantiza que continuemos siendo una comunidad organizada en torno a los valores ancestrales e históricos que nos definen.
Para llevar adelante este proceso, hay que dividir a la provincia en Regiones Culturales, porque las comunidades del Bermejo no comprenden como cultura lo mismo que las del Chaco, de la Puna o de la Capital. Esa división impone trabajar con los actores locales lo que permitirá descubrir artesanos, maestros, artistas genuinos. Y el paso final, es convertir a la Casa de Salta en Buenos Aires en la Embajada Cultural de Salta. Dicho así, solamente en una pincelada, sabiendo que el desafío y el trabajo son mucho más profundos.
La Cultura es la nueva herramienta política que junto al Turismo, fortalecerán la identidad y la economía de las regiones culturales para que podamos responder a la gran pregunta de estos tiempos terminales: ¿Cómo sigue siendo esta provincia, Salta, en un mundo que está cambiando más rápido que nunca?
Esa última es una cuestión de gobierno, pero también y sobre todo una cuestión de civilización.
En el siglo XX el trabajo organizó a la sociedad. En el siglo XXI será la cultura la que le permita sobrevivir al cambio. –
