POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Conviene advertir que en este video lo mejor se encuentra en los últimos momentos, luego de una exhibición de arte y plasticidad que arrancan aplausos y emociones.
Porque en el inmenso repertorio del ballet clásico, pocos momentos alcanzan el brillo del Grand Pas de Deux de Don Quijote. Creado por Marius Petipa sobre la vibrante música de Ludwig Minkus, este fragmento es mucho más que una exhibición de virtuosismo: es la celebración de la alegría, el amor y la vitalidad.
Aunque el ballet se inspira en la novela de Cervantes, el centro de la escena no es el Caballero de la Triste Figura, sino la historia de amor entre Kitri y Basilio. En el gran pas de deux de la boda, ambos bailarines despliegan un extraordinario diálogo de equilibrio, fuerza, elegancia y precisión, culminando en una coda electrizante que exige lo máximo de los intérpretes.
Cada giro, cada salto y cada silencio parecen desafiar las leyes de la gravedad. Sin embargo, detrás de la dificultad técnica permanece intacta la esencia del arte: hacer que lo imposible parezca natural.
Quizás por eso esta obra continúa emocionando, siglo y medio después de su estreno. Porque, al igual que el propio Don Quijote, nos recuerda que la belleza siempre nace de una obstinación: la de seguir creyendo que el ser humano puede elevarse por encima de sus límites, aunque sea por unos minutos, sobre la punta de unos zapatos de ballet.
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