Un Cacho de Cultura: El “Cascanueces” o la belleza en punta de pies

POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar

En esta nueva temporada de nuestro espacio “Un Cacho de Cultura”, en el inicio, la decisión de elegir el pas de deux de “El Cascanueces”, se debe a que ese fragmento representa una de las cumbres donde música, danza y poesía dejan de ser tres artes distintas para convertirse en una sola. Esta interpretación corresponde al Adagio del pas de deux del segundo acto de El Cascanueces, con Marianela Nuñez y Vadim Muntagirov, del The Royal Ballet.

Hay momentos en que el arte deja de ser entretenimiento y se convierte en una prueba de que el ser humano fue hecho para algo más alto.

Con la música de Piotr Ilich Chaikovski y llevado a la perfección coreográfica por Marius Petipa y Lev Ivanov -como siempre-, la danza parece desafiar una ley de la física: durante algunos minutos da la impresión de que el peso desaparece.

Sin embargo, hemos de pensar que cada movimiento exige años de disciplina, músculos entrenados hasta el límite y una precisión casi imposible. Pero el espectador no debe advertir ese esfuerzo. El arte verdadero consiste precisamente en ocultar el sacrificio.

Quizás por eso el ballet sea una metáfora de la vida.

Vivimos en una época que exhibe el esfuerzo, que convierte el dolor en espectáculo y la intimidad en mercancía. El ballet hace exactamente lo contrario: transforma el esfuerzo en gracia. Y la gracia siempre parece sencilla, no porque lo sea, sino porque ha vencido al esfuerzo.

Tal vez sea esa la diferencia entre la destreza y el arte. La destreza impresiona pero la belleza conmueve.

Y cuando una obra consigue que olvidemos la dificultad para contemplar únicamente la armonía, entonces estamos frente a algo que merece un nombre mucho más antiguo que «espectáculo».

Estamos, precisamente, frente a la belleza.

Ya Fiódor Dostoievski, decía que «la belleza salvará al mundo». Esa frase ha sido interpretada de muchas maneras, pero, al menos para mí, nunca quiso decir que la belleza resolviera los problemas materiales. Quiso decir que hay algo en la experiencia de lo bello que rescata al hombre de la vulgaridad, del cinismo y del olvido de sí mismo.

© – Ernesto Bisceglia