El Triángulo de Ladrillo: La Iniciación esotérica de los Tres Chanchitos

POR: ERNESTO BISCEGLIA  –  www.ernestobisceglia.com.ar

Pertenecemos a una generación que abrió los con una mamadera (de vidrio) en una mano y un libro de cuentos en la otra; si habré roto mamaderas… Memoro aquellos cumpleaños cuando las abuelas y las tías abuelas traían como obsequio ese paquete cuadrado, chato: “Un libro”, pensábamos… No era la pelota o el camión, o las pistolas que deseábamos, pero los dibujos a colores terminaban atrayendo nuestra atención.

Entre los que tuve de niño, el primero fue “El Quijote de la Mancha”. ¡Cómo olvidar a Hansel y Gretel y su reguero de migas! Todavía conservo uno “Fábulas de Iriarte”, donde había animales para todo gusto. Parecía cierto partido político de hoy… ¡Y por supuesto; “Los tres chanchitos”!

Eran libros con que las maestras incluso daban clases y enseñaban con los chanchitos sobre la pereza, la falta de previsión y el chanchito más vivo que levantó su casa de ladrillo y el lobo no pudo echarla abajo con sus soplidos.

Medio siglo después, uno viene a enterarse que en realidad –como fue el caso de Pinocho-, estábamos iniciándonos en el esoterismo masónico o el ocultismo más vernáculo.

Porque resulta que a menudo, las verdades más densas se ocultan a plena vista bajo el disfraz de la inocencia. Lo que la cultura popular ha catalogado como una simple fábula infantil de cautela, resultó siendo en realidad un tratado de arquitectura espiritual. El relato de los tres hermanos cerditos no es una advertencia contra la pereza, sino una profunda alegoría masónica sobre la evolución del alma y la transmutación del ser.

Las Tres Edades del Hombre

En la tradición iniciática, el número tres representa la totalidad y el equilibrio. Los hermanos no son personajes distintos, sino las tres etapas evolutivas de un mismo individuo, a saber:

El Primer Hermano (La Juventud): Representa al neófito o al hombre en su estado de inexperiencia. Vive en la inmediatez, dominado por los sentidos y la falta de visión a largo plazo. La vida es paja.

El Segundo Hermano (La Madurez): Simboliza la transición. Posee mayor fuerza que el joven, pero su estructura sigue siendo precaria porque aún busca atajos en su desarrollo moral. “Es de madera”, decimos hoy.

El Tercer Hermano (La Ancianidad y Maestría): Es la figura del Maestro. Aquel que ha comprendido que la construcción del Ser requiere tiempo, sacrificio y el uso de herramientas precisas. Él no edifica para el refugio temporal, sino para la Eternidad.

De la Piedra Bruta al Ladrillo Pulido

El material de construcción es la clave alquímica del relato. En el esoterismo, el trabajo del iniciado consiste en desbastar la «piedra bruta» para convertirla en una «piedra pulida» o sillar.

La Paja y la Madera: Simbolizan la materia densa, los vicios y la pereza. Son estructuras que carecen de cohesión interna. Representan al hombre profano que, al no haber trabajado su interior, es vulnerable a las inclemencias del destino.

El Ladrillo: Es el símbolo de la disciplina y la virtud. El tercer hermano utiliza el ladrillo -tierra cocida por el fuego de la voluntad- para levantar no una vivienda, sino su propio Templo Interior. Es una estructura hermética que ninguna fuerza oscura o terrenal puede vulnerar.

El Lobo: La Prueba del Aliento Divino

El Lobo, en realidad, no es el malo de la película (del cuento), no es un villano externo, sino sino que representa al Ego y las pasiones humanas. Representa el miedo, la ira y la concupiscencia que acechan la psique: «El Lobo sopla y derriba las estructuras débiles porque estas no tienen cimientos en la Verdad.»

Su «soplo» es la prueba de fuego de la vida. Aquello que está construido sobre la ilusión (paja y madera) se desvanece ante la primera crisis espiritual. Solo el iniciado que ha dominado sus pasiones puede ver al Lobo agotarse ante la solidez de su carácter.

En conclusión, nuestros “Tres Chanchitos”, son en realidad la alegoría de un Manual de Perfección.

Por eso, ser profano que estás leyendo estas líneas, te recomiendo volver a exhumar ese relato y leerlo nuevamente pero despojando tu mente de la narrativa infantil, de la figura de tu madre o tu maestra mostrándote los porcinitos a colores y toma conciencia de que estás iniciando la lectura del camino hacia la perfección espiritual. Es una advertencia para los que caminan dormidos y una hoja de ruta para quienes buscan la verdadera maestría.

En la arquitectura del alma, cada ladrillo cuenta. Si la estructura es débil, el aliento del tiempo la devorará. Y esto es el Efecto Paranormal.

Y pensar que nos pasamos la vida pensando en la inocencia de esos pobres tres chanchitos que querían ser devorados por el malvado lobo, cuando en realidad nos estaban advirtiendo, quizás, subliminalmente, aquella sentencia de Plauto “Homo, hominis lupus”. –

© – Ernesto Bisceglia

Ernesto Bisceglia es periodista, escritor y docente. Autor de una extensa producción ensayística y narrativa sobre historia argentina, pensamiento político y cultura cívica, cuenta con más de treinta obras reconocidas con premios nacionales e internacionales. Como columnista y conferencista, aborda el presente desde una perspectiva histórica orientada a comprender las transformaciones del poder y la identidad argentina. Dirige www.ernestobisceglia.com.

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