POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
RESUMEN: La confrontación entre Trump y la figura del Papa no expresa un desvarío, sino una nueva lógica de poder basada en la provocación y el espectáculo.
No es totalitarismo clásico, sino una estrategia que necesita conflicto permanente para sostener identidad y liderazgo.
El verdadero riesgo no es el líder en sí, sino una sociedad que naturaliza la tensión constante como forma de convivencia.
En un rapto de lo que podemos llamar una megalomanía extrema ya, el propio Pentágono, llamó al representante del Vaticano en Estados Unidos, quien recibió una amenaza directa, calculada: “Tenemos el poder militar para hacer lo que queramos, y al Papa le conviene ponerse de nuestro lado”.
En rigor, no es un episodio aislado ni un exabrupto circunstancial. Es el síntoma de algo más profundo: la erosión de los lenguajes tradicionales de autoridad. Cuando el poder político deja de reconocer límites simbólicos, empieza a hablar en una lengua distinta, más cercana a la intemperie que a la institucionalidad.
Comparar esto con Adolf Hitler puede resultar tentador, pero también engañoso. Hitler no “se animó” a determinadas cosas no por escrúpulo moral, sino porque operaba en otro paradigma: el del poder absoluto que no necesita teatralizar su fuerza frente a instituciones espirituales, porque directamente las subsume o las elimina. Trump, en cambio, es hijo de la era del espectáculo político: necesita el conflicto visible, la tensión amplificada, la provocación constante. No busca suprimir al adversario simbólico, sino convertirlo en parte del show.
En ese sentido, el eventual choque con el Papa -sea León XIV u otro- tiene más que ver con la lógica del reality que con la del totalitarismo clásico. Es un poder que no se consolida en el silencio sino en el ruido. Y ese ruido, muchas veces, roza lo sacrílego no por convicción ideológica sino por cálculo de impacto.
¿Significa esto que “el régimen de Trump” está desvariando? Depende de cómo se entienda el verbo. Si por desvarío entendemos pérdida de racionalidad, probablemente no. Hay en estas conductas una racionalidad distinta: la del liderazgo que se alimenta de la polarización extrema, que necesita enemigos visibles -aunque sean simbólicos- para reafirmar identidad frente a su base. No es locura: es estrategia en clave emocional.
Ahora bien, otra cosa es el costo de esa estrategia. Porque cuando todo se convierte en disputa -la política, la fe, la moral-, el tejido común empieza a desgarrarse. Y ahí sí aparece el verdadero riesgo: no el desvarío del líder, sino la fatiga de la sociedad.
Respecto de si Trump podría tener un final como John F. Kennedy, conviene ser prudentes. La historia no se repite como un calco, y menos aún en sus tragedias. Aquello fue el resultado de un contexto geopolítico, institucional y cultural muy distinto. Introducir esa hipótesis, más que esclarecer, tiende a oscurecer el análisis y a deslizarlo hacia el terreno de la especulación.
Lo que sí puede decirse es que los liderazgos que tensan permanentemente los límites generan entornos más inestables. No porque el destino esté escrito, sino porque la política deja de ser un espacio de mediación y pasa a ser un campo de confrontación permanente.
En definitiva, no se trata de si “ni Hitler se animó a tanto”, sino de entender que estamos ante otra forma de poder: menos estructurada, más ruidosa, profundamente mediática y peligrosamente desinhibida. Un poder que no necesita campos de concentración para inquietar, pero sí una audiencia dispuesta a convertir cada gesto en espectáculo.
Y quizás allí radique lo más inquietante: no en lo que hace el líder, sino en lo que estamos dispuestos a tolerar -o incluso a celebrar- como sociedad.
© – Ernesto Bisceglia
Ernesto Bisceglia es periodista, escritor y docente. Autor de una extensa obra ensayística y narrativa sobre historia argentina, política, religión y cultura cívica, con más de treinta libros y ensayos con premios nacionales e internacionales. Columnista en diversos medios y conferencista, desarrolla una mirada crítica e histórica sobre el poder, la democracia y la identidad argentina. Dirige www.ernestobisceglia.com.
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