POR: ERNESTO BISCEGLIA – www.ernestobisceglia.com.ar
Aquella madrugada del 2 de Abril de 1982, el destino me ubicó en un puesto de guardia en los “Cuarteles de piedra”, en Salta. Recién a la mañana, al ir a entregar la guardia tomamos conocimiento de lo que había ocurrido. El jefe de Unidad, dijo entonces una frase a la que recién años más tarde le tomaríamos el peso: “La guardia saliente se va a su casa, se despide la familia y a mediodía están aquí”…, Se “despiden de la familia”, no tomábamos el peso de lo que eso significaba.
Al regresar, el Regimiento era un hormiguero pateado. Llevo en la memoria el ruido sordo de los tanques saliendo de los galpones. Los vehículos ya formados en columna con los bolsos portaequipos listos desde la barrera de cada Unidad en fondo, porque estas tropas en Salta, en principio, irían a tomar posición en Olacapato y las cercanías en la frontera con Chile.
La fila en la sala de arma para recibir todos los pertrechos…, y la espera. Dormir en el piso durante toda la guerra porque no había lugar en las cuadras. Y la pregunta ansiosa de cada mañana ¿Ya nos vamos? Porque todos queríamos ir a las Islas. Tal vez, porque no tomábamos conciencia plena de lo que significaba, pero también -y sobre todo-, porque nuestra generación verdaderamente sentía la Patria.
Y la historia nos ponía en las manos la posibilidad de cumplir con ella haciendo realidad aquel juramento asumido en el Colegio Militar de la Nación: “¿Jurais a la Patria, seguir constantemente su Bandera y defenderla hasta perder la vida? No existe en la vida de un hombre mayor emoción que aquella del “¡Sí, juro!”. Lástima que los contemporáneos jamás vivirán ese momento.
La guerra desandó sus días, entre los titulares altisonantes de una prensa comprada que nos vendía “¡Estamos ganando!” o “¡Ya se rinden!”, mientras aquí en Salta, quien escribe estas líneas recibía a madres que venían a preguntar por los restos de sus hijos. O corríamos a la Mayoría con el radiomensaje preguntando por fulano o mengano que no aparecían en las Islas. Y también…
Mientras tanto, cada mañana, en mi oficina de Incorporación, columnas de civiles se formaban desde la puerta del cuartel hasta avanzada la Avenida Bolivia esperando ser anotados como voluntarios. Y la respuesta era siempre la misma: “Para lo que sea”. Si…, para lo que sea, porque no tenían ninguna instrucción militar pero todos también decían lo mismo: “Porque tengo que defender a mi Patria”.
Destaco a un gaucho, que se había venido desde no recuerdo qué serranía trayendo a su hijo, ataviado con un Poncho de Güemes, ya de unos treinta y pico de años. Y ese hombre cobrizo, de manos duras, ante la pregunta “¿Y para qué lo trae?”, respondía: “Porque no nos podemos quedar en el campo, la Patria nos reclama en el sur” O ese otro, un aborigen fornido, con brazos de hachero, osco, casi sin palabras, que mirando al piso (ellos no miran de frente), respondía con una convicción que sacudía el alma: “Vengo porque tengo que defender a mi Patria”. Ellos, a quienes los gobiernos le vivían arrebatando Patria, justamente. Y uno tenía que tragarse las lágrimas de la emoción.
Mujeres que llegaban para ofrecerse para cocinar, para tejer y también “para lo que sea útil”. mientras más allá, en las puertas del 141, hacían fila otros ciudadanos que venían a ofrecer sus vehículos, camionetas, camiones, algún tractor. No importa qué o para qué, todo servía “Para defender a la Patria”.
Sinceramente, hoy pienso, no sé si esas escenas como están las cosas hoy, con un presidente que hacer ejecutar en los actos el himno norteamericano, podrían volver a sucederse. Quizás sí, porque la Patria, al fin de cuentas, es un sentimiento que está impreso a fuego en el alma.
Lo demás, es historia conocida.
Nos quedan nuestros Veteranos de Guerra, que libraron el combate contra el pirata inglés, pero luego tuvieron que luchar la peor de las guerras, la de la indiferencia de sus conciudadanos y de los gobiernos que los trataron como parias. A ellos ¡Saludo Uno!
Para quienes vivimos esos días, aunque el destino nos dejara aquí en el norte, sentimos y lo decimos sin vergüenza alguna: Malvinas no fue un hecho histórico-político. Malvinas es una Causa que continúa.
Y que seguirá encendiendo nuestros espíritus hasta el día en que dejemos esta Bendita tierra Argentina. –
Ofrecemos hoy la versión de la Marcha de Malvinas, en la interpretación del tenor Darío Volonté, sobreviviente del hundimiento del Crucero ARA General Belgrano.
¡Viva la Patria!
